El Morro de La Habana era el antiguo nombre del muro de La Puntilla.
Aquel rincón, en un pasado no muy lejano, fue punto de encuentro para muchos isleños que, al caer la noche, aguardaban allí con sus pocas pertenencias junto a la orilla del mar, antes de embarcar rumbo a Cuba.
Desde ese lugar partían los botes de remo que los llevaban hasta los veleros fondeados al socaire de El Confital.
Todos ellos —hombres, mujeres y, a veces, niños— esperaban en la orilla de la marea, justo donde hoy se encuentra la hornacina de la Virgen del Carmen, a los botes que los trasladarían hacia embarcaciones que a menudo fondeaban en la bahía de El Confital de forma clandestina.

El topónimo “Morro de La Habana” nace precisamente de esa relación simbólica con el destino y el futuro. Al desembarcar en la Perla de las Antillas, muchos canarios lo hicieron en el auténtico Morro de La Habana, y percibieron un parecido entre la costa isleña y la fortaleza portuaria cubana.
La evocación del nombre del actual muro de La Puntilla se consolidó como reflejo del anhelo y la conexión directa con Cuba.

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