Sorpresa en Playa Chica, la mañana del 24 de mayo de 1994
Felipe Tomás García Medina, el “hombre de negocios” que aseguraba ser dueño de parte de Playa Chica, mostraba documentación acreditativa de que había ganado en subasta pública los terrenos que componen esa franja del litoral. Para más “recochineo”, Hacienda le reclamaba —según demostraba— doce millones de pesetas en concepto de impuestos por dicha propiedad.

El caballero llegó a colocar una fila de bloques para delimitar su “supuesta” propiedad antes de que llegara la autoridad.
El letrero con el texto “El Mayoral” hacía referencia al alcalde de entonces, el socialista Emilio Mayoral, quien, según García Medina, no le prestaba la menor atención. Todo este espectáculo no tenía otro propósito que ver si alguien le hacía caso en el ayuntamiento.
El asunto, por cierto, no era nuevo. No era la primera vez que el teórico propietario de la parcela en cuestión protagonizaba uno de sus ya habituales “numeritos”. En años anteriores ya había intentado amurallar la zona, sobre el paseo, en al menos un par de ocasiones.

Tal como se explicaba en el Diario de Las Palmas del 21 de octubre de 1991, el origen del problema se remonta a 1952, cuando el Ayuntamiento capitalino expropió los terrenos de Saturnino Báez González, situados entre las calles Torres Quevedo y Grau-Bassas, con el objetivo de urbanizar el sector y prolongar el Paseo de Las Canteras. Durante décadas, esos suelos colindantes fueron utilizados como espacio público.
Cuarenta años después, esas parcelas fueron subastadas, y fue García Medina quien las adquirió, sin ser consciente —según afirma— de que una parte de ese terreno formaba parte de la playa de Las Canteras.
“Cuando compré las propiedades, no tenía ni idea de que aquello era parte de la playa. Inmediatamente fui al Ayuntamiento. Cuando les dije que era el dueño, se echaron a reír. Tras más de un año intentando hablar con los responsables sin éxito, decidí amurallar lo que legalmente me pertenece”.
No sabemos en qué quedó este caso. Lo que sí se sabe es que el Ayuntamiento mantuvo un contencioso con este señor durante bastante tiempo, aunque no hemos podido averiguar cuál fue el desenlace final.
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