No hace muchos años, la playa de Las Canteras contaba con un numeroso grupo de policías turísticos (los llamados “Orcas”).
Funcionaban bien —a pesar de sus “desayunos”— y se podía contar con ellos. En determinadas épocas, el compromiso de sus oficiales con el cuidado de la playa, hizo que la policía turística funcionara como debía: vigilando a los malos, controlando a los furtivos, haciendo respetar las ordenanzas y, a veces —como parte de su misión—, evitando que los locales se extralimitaran con el mobiliario.
Pero desde hace algunos años, a los responsables de la sexta planta del “Metropole” se les metió entre ceja y ceja la idea de ir trasladando a otros puestos a los agentes que cuidaban y gestionaban la playa y sus calles adyacentes, desmantelar la Policía Turística, cerrar los cuartelillos del paseo y dejarnos abandonados a nuestra suerte.
Algunos agentes destinados en la playa se cansaron del abandono que sufría la unidad turística por parte de la jefatura, por lo que pidieron el traslado o se cambiaron a la Policía Canaria.
El resultado de esas malas decisiones, de políticos que no tienen ni idea de la idiosincrasia de Las Canteras (y El Confital) y que no valoran estos espacios como merecen, lo estamos pagando ahora.
Las Canteras vive actualmente en un desorden y una inseguridad injustificados.
La falta de agentes implicados en mantener el orden en Las Canteras está afectando a la gestión de la Concejalía de Ciudad de Mar, que ve impotente cómo las cosas no salen como intentan. Y es que, sin policía turística, falta una pieza vital para que todo funcione correctamente.
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