Verano de 1947. Periódico La Falange
“Sobre las once de la noche se ha producido un incendio en un depósito de pólvora en la Isleta, ardiendo espontáneamente, sin explosión de ninguna clase y sin desgracias personales. El depósito estaba completamente aislado.
Numerosa gente del Puerto de la Luz, con el nerviosismo natural ante los recientes sucesos de Cádiz, empezaron a abandonar sus hogares trasladándose con sus familiares a esta ciudad.
De esta falsa alarma fueron advertidos por las propias autoridades militares y por otras personas sensatas. Al lugar del incendio, que quedó extinguido a las dos horas aproximadamente, acudió el excelentísimo señor Gobernador Militar, general Rodríguez Fonseca con su Jefe de Estado Mayor teniente coronel García González y el coronel don Luis Conde Figueroa con jefes y oficiales.
También acudió a la Isleta imponiendo serenidad y cordura al pueblo para que no abandonara sus hogares el excelentísimo señor Gobernador civil don José de Olagüe-Arnedo.”

Esta reseña de prensa, como todos pueden imaginar, es la versión oficial del suceso. En los textos que siguen a continuación pueden leer observaciones y testimonios que se ajustan más a la realidad de lo que ocurrió en La Isleta y el Istmo cuando ardió el polvorín de La Isleta en aquel verano de 1947.
Uno de los sucesos históricos que más ha marcado a quienes lo vivieron fue el incendio del polvorín de La Isleta.
Ocurrió en un atardecer del verano de 1947. Una gigantesca llamarada roja puso en alerta a todos los vecinos de La Isleta, que, asustados, cogieron lo que pudieron y salieron huyendo Isleta abajo.
Muchos veraneantes y vecinos de Las Canteras también escaparon hacia Vegueta y Triana.
Hacía poco tiempo que en Cádiz había estallado un polvorín, causando una verdadera tragedia con cientos de víctimas. Los isleteros, con la imagen de la catástrofe de Cádiz aún en la memoria, pensaron que iba a estallar el polvorín de La Isleta. El pánico se apoderó de los vecinos y la riada de gente despavorida hacia el istmo de Santa Catalina fue de película.
Según la leyenda popular, fue tal el terror de la población que el primero en llegar al parque de Santa Catalina fue un cojo.
Esa noche de agosto, La Isleta se vació por completo; coches, taxis, bicicletas, triciclos, carretillas, tartanas, etcétera, se utilizaron para evacuar las casas. La gente durmió y descansó sus cuerpos asustados en la zona de Las Canteras y en el parque de Santa Catalina.
Al amanecer, al comprobar que el incendio estaba sofocado, los habitantes de La Isleta emprendieron el camino inverso; cansados y aún atemorizados, regresaron a sus hogares.
No hubo que lamentar ninguna víctima. Eso sí, el susto fue enorme.
El añorado cronista de la ciudad y vecino de la playa de Las Canteras, Luis García de Vegueta, lo cuenta así en varias crónicas periodísticas
…si, en La Isleta, había un polvorín y un día, estábamos paseando… me acuerdo que yo estuve hablando con uno que es médico… Francisco… bueno, de la época mía de Barcelona, Francisco Pérez Marrero y con el que era alcalde entonces, que era Franito Hernández, Francisco Hernández González. Y estuvimos aquí en la playa, y, de pronto, hay una deflagración que se ilumina el cielo, se queda como si fuera de día, pero en tono rojizo, y yo me acuerdo que vimos en La Barra unas cuantas personas mariscando allí. Estaban allí y se vio la iluminación… Yo me acordé que mi madre estaba en el Cine Millares y fui a ver… Bueno, ya digo, fue una cosa terrible…
…se organiza un verdadero alud de gente que venía de La Isleta… como si éramos… tú imagínate, diez o quince, veinte personas de fondo, pero en plan macizo, gente huyendo como cuando la guerra, que huyen de Bosnia o de un sitio cualquiera… huyendo porque va a estallar la guerra, eso, un montón de gente…
…sí. Y, entonces, vemos aquella riada humana, una verdadera riada… fíjate tú cómo sería que venía gente incluso con enseres de la casa para salvar algo, una mesita… o un objeto, una lámpara… pero lo grande fue que, después, entre ellos, venían unos que traían a una viejita en una silla agarrada por un lado, una anciana de 80 ó 90 años que la traían así. Bueno, aquí, en la calle Sagasta, era una avalancha terrible …











