¨Escucho las olas que golpean la orilla, y en su sonido encuentro paz¨- William Butler Yeats

1911: «El suceso del sábado», crónica de sucesos del periódico «La Provincia»

El suceso del sábado

Año 1911

Grave peligro: -Dos extranjeras casi asfixiadas – Heroísmo de un marinero – Remedio urgente que se necesita – Para el Señor Alcalde.

Una situación de grave peligro se presentó el sábado por la mañana. Dos turistas extranjeras estuvieron al borde de la asfixia mientras intentaban cruzar la calle, si es que se le puede llamar así, que desde la antigua estación del tranvía conduce a la hermosa playa de Las Canteras.

Recién desembarcadas del vapor «Reytemg», habían estado explorando la ciudad y, al regresar al puerto y enterarse de que el próximo vapor en el que viajaban tardaría un par de horas en partir, decidieron visitar la playa de Las Canteras, de la cual habían oído excelentes comentarios.

Tras solicitar indicaciones, se despidieron del intérprete que las acompañaba y, a partir de ese momento, comenzaron sus apuros. Tomadas del brazo para ayudarse mutuamente y con las faldas recogidas hasta las rodillas, lograron sortear, aunque con grandes dificultades, los montones de adoquines y los numerosos baches que obstruían la entrada de la calle.

Finalmente, llegaron a la única acera que existía en esa calle, y fue entonces cuando enfrentaron una situación caótica. Una multitud de niños harapientos, algunos vestidos apenas con lo necesario y otros prácticamente desnudos, yacían en la acera y se mezclaban con cabras, gallinas, cerdos, perros y gatos, bloqueando su paso. Esta escena, combinada con el insoportable hedor que emanaba de las viviendas antihigiénicas cercanas, las obligó a abandonar la acera y a aventurarse por el arroyo.

El polvo levantado por sus pasos les impedía ver y respirar adecuadamente, por lo que intentaron huir precipitadamente, lo que solo empeoró su situación. Tropezando aquí y allá, terminaron cayendo en un hoyo más profundo que los anteriores. Envueltas en una nube de polvo que las cegadas y casi asfixiadas, las dos mujeres perdieron fuerzas y apenas pudieron articular gritos pidiendo ayuda.

Los marineros del crucero alemán «Eber», que se dirigían a bañarse en la playa, escucharon los gritos de las extranjeras y se percataron del peligro. Aunque inicialmente dudaron en acercarse, uno de ellos, un joven robusto, rubio y colorado, valientemente se lanzó en su auxilio, seguido por el resto de la tripulación. Con esfuerzo, lograron llevarlas, ya desmayadas, hasta la orilla del mar, donde poco a poco recuperaron el conocimiento.

En reiteradas ocasiones, la prensa local ha llamado la atención del Ayuntamiento sobre este asunto, pero las quejas continuas de los vecinos del barrio más importante de Las Palmas no han sido escuchadas. Una vez más, hacemos eco de estas preocupaciones y esperamos que el honorable Alcalde de Las Palmas les preste atención.

Es absolutamente inaceptable que el abandono en el que se encuentra el barrio del Puerto continúe. Si por desgracia se desatara una epidemia, sería aterrador imaginar las consecuencias. Los vecinos están sufriendo un tormento comparable al de Tántalo: por un lado, en la bahía, el progreso y la riqueza representados por cientos de barcos; por otro lado, en tierra, la decadencia, la pobreza y el atraso.

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