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Plocan y la ULPGC emprenden una nueva investigación marina sobre el cambio climático en aguas al norte de Gran Canaria

Foto: el responsable del Observatorio de la Plataforma Oceánica de Canarias, Eric Delory, y los catedráticos Javier Arístegui y Melchor González del Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la ULPGC. / EFE / QUIQUE CURBELO 

La campaña científica oceánica busca datos para estudiar las temperaturas, la salinidad y las corrientes, que condicionan la circulación oceánica del centro-este del Atlántico Norte.

El cambio climático ha aumentado la temperatura global de los océanos en la superficie. Para monitorizar sus consecuencias, científicos de todo el mundo usan estaciones para que sean sus ojos y sus oídos en los fondos marinos oceánicos. Una de estas estructuras se ubica a 100 kilómetros al norte de Gran Canaria, en el denominado centro-este del Atlántico Norte; lleva 30 años recabando indicadores relacionados con el calentamiento global y este 14 de febrero inicia una nueva campaña de entre seis meses y un año de duración para mantener el registro de información de distintas variables y, como novedad, estudiará de forma más detallada las afecciones a las especies marinas, desde el plancton a los grandes cetáceos.

La investigación corre a cargo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan) a través de la denominada Estación Europea de Series Temporales Oceánicas de Canarias (ESTOC), con la que realizarán sondeos de hasta 3.670 metros de profundidad. Junto a la estación BATS, que se localiza cerca de las islas Bermudas, genera una sinergia que contribuye a precisar las observaciones temporales en el área subtropical del Atlántico Norte.

Esta zona ha sido de interés en el ámbito mundial para medir la circulación oceánica del Atlántico. Es importante para equilibrar el clima gracias a las corrientes y el transporte de las masas de agua que permite regular el clima”, detalla el responsable del Observatorio de la Plataforma Oceánica de Canarias, Eric Delory.

Tres elementos esenciales

Fundamentalmente, la ESTOC monitoriza tres elementos esenciales que permiten modelizar la circulación oceánica: la temperatura, la salinidad y la corriente. A través del estudio de la evolución de estos indicadores se puede comprobar la densidad del agua, la circulación oceánica y los procesos que permiten que regular el clima.

“Por ejemplo, si se ralentiza la corriente en niveles extremos, los mamíferos marinos podrían no encontrarse a gusto en estas aguas, porque dependen de las condiciones oceánicas donde viven para mantenerse. Entonces, existiría la probabilidad de que migrasen a otras zonas“, ilustra. Por ello, reivindica los beneficios para las Islas que pueden tener estas observaciones, pues permiten desarrollar modelos de predicción que posibilitan “tener mayor resolución y precisión, con menor incertidumbre”, en las mediciones el medio natural.

Biodiversidad

Hasta la fecha, las mediciones tenían más relación con la química y la física, pero con la nueva campaña se refuerza el componente biológico. “Seguimos con lo que se hacía anteriormente, porque lo que mayor valor tiene es su duración en el tiempo. No debemos romper la serie temporal. Continuamos con las mismas variables y añadimos lo que permite responder a nuevos retos, por ejemplo, el aspecto de biodiversidad“, especifica Delory.

Así, se incorporan mediciones de sonidos oceánicos para capturar la presencia de grandes cetáceos sus movimientos durante amplios periodos de tiempo, lo que permitirá a los científicos conocer como evoluciona su población y constatar si se está produciendo una reducción. También se añaden mejoras como la comunicación en tiempo real, con sensores en profundidad, utilizando también comunicación acústica.

Plancton

Y, además, se reponen las trampas de sedimentos que permiten medir la cadena trófica. “El plancton, que es la base de la cadena trófica o alimenticia, cuando muere, se cae en el fondo del océano y con trampas de sedimentos capturamos lo que son estas partículas, que nos permite medir la productividad del océano, que es importante para saber la salud del ecosistema; ya que nutre a otras especies más grandes” relata Delory.

Esta campaña retoma, mediante el proyecto FLUCARO de monitorización profunda de flujo de partículas y secuestro de carbono en el océano, una serie anterior de 1991 al 2007 emprendida por la Universidad de Bremen.

La acidificación aumenta

Una de las conclusiones más importantes a las que han llegado los investigadores durante los últimos 30 años es el aumento en un 13% de la acidificación de las aguas atlánticas superficiales, es decir, se ha reducido el pH debido al exceso de dióxido de carbono que absorbe de la atmósfera. De los 40.000 millones de toneladas de dióxido de carbono que se emiten en el ámbito mundial cada año, un 25 o 30% entra en los océanos.

“No son bajadas que se puedan considerar como grandes desde el punto de vista de la química pura y dura, es decir, son décimas de pH. Pero unas décimas ya implican que los organismos que necesitan desarrollar caparazones de carbono y calcio, tendrán más dificultades para ellos. Por ejemplo, puede pasar con el zooplancton, que está en la base de la cadena trófica y alimenticia del océano” pormenoriza Delory. Y una reducción del plancton, al ser la base de la cadena alimenticia, tiene consecuencias en toda la vida marina.

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