Cuento de verano «El terrario»

El terrario por Pino Lorenzo López

Discutían a menudo. El motivo podía ser una tontería. Cualquier excusa era un pretexto para discutir. No tenían hijos, y pensaba, que quizás aquello les hacía ocupar su tiempo. Las discusiones fueron convirtiéndose en rutina, y el efecto que dejaba en ellos era mínimo, al menos para Raúl. De Vanessa poco sabemos, ya que siempre fue una mujer reservada y misteriosa. 

Aquel día Raúl recibió un mensaje del banco informándole de la disposición en efectivo de 25.000 euros de su cuenta. Él no había hecho aquel movimiento, así que en quien primero pensó fue en su esposa, ya que ésta tenía acceso a todas sus cuentas, y, por algún motivo, no había querido decirle nada. Raúl llamó a la oficina del banco para preguntar los detalles de aquella operación, y le informaron de que se había realizado esa misma mañana, y que en concepto solo figuraba: “Por si acaso…”

Aquello le resultó enigmático e incluso divertido, y optó por hacerse el despistado cuando llegara su mujer. 

Cuando Vanesa llegó del trabajo, Raúl estaba en el gimnasio. Vanesa entró, hizo varias cosas, y volvió a salir. Cuando Raúl terminó sus ejercicios, ya no estaba. 

Al acercarse al salón se dio cuenta de que tampoco estaba el terrario con las tortugas que Vanesa tenía. 

Se extrañó y lo buscó por toda la casa. Aquel terrario no había salido de allí en los últimos tres años. Ya el juego no me parece tan divertido, pensó. 

Llamó a Vanessa al móvil para preguntarle a dónde había ido, pero el teléfono estaba apagado. 

Revisó la casa buscando pistas, pero todo estaba en orden, la ropa de Vanessa en su armario, los productos de higiene y cosmética, la bicicleta elíptica. 

Durante todo el día Vanessa no volvió a casa. Raúl la llamó en numerosas ocasiones, pero el teléfono seguía apagado. 

Después de toda la noche sin saber nada de ella, Raúl fue a la comisaría.

En la comisaria le dijeron que su esposa era una persona adulta y que podía haberse ido por su propia cuenta. Él les advirtió del movimiento extraño en el banco, y del terrario.

  • ¿Tortugas? – Preguntó interesado uno de los policías

  • Sí- contestó Raúl.

  • ¿Quién es el dueño de ellas?

  • Mi mujer- 

  • Ahhhh- y tomó nota. 

La policía dejó pasar varios días antes de empezar con la búsqueda de Vanesa. El lunes se tenía que incorporar al trabajo después del fin de semana, y Vanesa no apareció.

La policía se acercó por la agencia de viajes donde trabajaba, y preguntó a sus compañeros si habían notado algo raro en ella. 

Sí, dijo uno de ellos. El viernes, apareció por la oficina con su terrario. 

  • ¿Terrario?- preguntó el mismo policía que se había interesado por las tortugas. 

  • Sí- le dijeron- nos comentó que tenía que dejarlas en casa de sus padres, porque pasarían unos días fuera.

Los policías fueron a casa de sus padres y, efectivamente, confirmaron que allí estaba el terrario. Su madre, además, les confesó que Vanesa había sido una amante de las tortugas desde niña. 

Los agentes sospecharon que podía ser una desaparición voluntaria, y le dijeron a Raúl que les avisase si tenía noticias de ella. 

Raúl quiso saber del interés del policía por el terrario y las tortugas. Las mascotas, comentó, dicen mucho de sus dueños. Los propietarios de tortugas suelen ser personas independientes, que no toman decisiones precipitadas, sino, por el contrario, suelen planear bien sus movimientos, y tomarse su tiempo. 

La investigación policial condujo al descubrimiento de que Vanesa había acumulado, durante años, cientos y miles de puntos de viajes de sus clientes, habiendo alcanzado tal cantidad que le habrían permitido dar la vuelta al mundo si quisiese. Y con esta información cerraron la investigación. 

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