El crimen del Trocadero

Uno de los episodios más violentos que se recuerdan en el entorno de la playa de Las Canteras fue el asesinato a tiros de Graciliano Salvador Ensell Gónzalez, jefe de recepción de hotel Trocadero, ocurrido en la madrugada del 20 al 21 de octubre de 1970. 

El asesinato marcó la vida del barrio durante mucho tiempo

Hasta un año y medio más tarde no se pudo desvelar cómo fue el horrible crimen; el señor Ensell fue abatido a tiros cuando intentó hacerle frente a los atracadores en defensa de los intereses de los clientes y de la empresa. 

 

Recorte del Diario de Las Palmas. Mayo de 1972 

En un principio la causa por el asesinato del recepcionista Ensell González fue sobreseída por falta de indicios sobre los culpables, pero el suceso pudo ser reconstruido gracias a confidencias carcelarias que permitieron descubrir a los tres culpables.

 

Recorte del Diario de Las Palmas. Junio de 1972

 

 

 

 

 

En el momento de cometer los hechos los encartados tenían edades comprendidas entre los 18 y los 22 años. El menor de los tres, Félix Pérez Montañés fue declarado oligofrénico, en un grado que disminuye notoriamente su voluntad y su responsabilidad criminal.

 

Recorte del Diario de Las Palmas. Mayo de 1974

 

Años más tarde, el desaparecido rotativo “El Eco de Canarias” saca en su página de sucesos una entrevista, sin citarlo, a uno de los asesinos del señor Salvador Ensell.

«íbamos por Las Canteras en dirección a Guanarteme y no llevábamos un céntimo en el bolsillo porque lo habíamos gastado en unas copas y se nos ocurrió al pasar frente al citado establecimiento, que allí habla «perras», que la liquidación tenía que ser buena en la caja. Lo planeamos perfectamente, pero el recepcionista no cayó en la trampa. Estaba despierto y nos descubrió. Cogimos miedo, mucho miedo y abrimos fuego de pistola para asustado. Así lo veíamos en cines, en películas».

«Nunca más volveré a tomar tanto alcohol. No gobernaba el cerebro y todavía me remuerde la conciencia al quitaría la vida a un hombre honrado que defendió valerosamente su oficio. Peo no lo hice por premeditación. Hubo mala suerte. Se resistió a que se le llevara un dinero que francamente no era suyo. Los años me han dado la razón»

Eco de Canarias. Septiembre de 1980

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