La Poesía salva el Mar (VII)

(VII)

En el Taller de Escritura Poética titulado <<Poesía: sentido y profundidad>>, impartido por la escritora Teresa Iturriaga Osa -durante los meses de marzo y abril de 2019- en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Las Palmas de Gran Canaria, se realizó un ejercicio de análisis interpretativo de varias imágenes fotográficas relacionadas con la contaminación del medio marino a causa de los vertidos de plástico.

Una música de olas acompañó la creación poética. Como resultado de las asociaciones emocionales de cada uno de los miembros del taller, nacieron unos textos poéticos que iremos publicando en esta web paulatinamente hasta el día 21 de junio (20.00 h.), fecha en que serán leídos por sus autores en la playa de Las Canteras (zona La Puntilla) para concienciar a la sociedad de la urgencia de proteger la Naturaleza en grave peligro de destrucción.

 

Tristeza de Josefa Rodríguez González 

Por el egoísmo del hombre vi tres imágenes que hirieron mi alma.

Un delfín herido de dolor y atrapado sin defensa.

Una tortuga envuelta en una red con los ojos abiertos sin entender nada.

Una playa de rocas tranquilas que la mano del hombre trata de destruir con tanto plástico, tanta basura…a cambio de qué.

¿Qué estamos haciendo con el medio ambiente? ¿Estamos locos? ¿Estamos ausentes?

¿Qué pasa con la humanidad? ¿Qué pasa con la gente de esta generación?

Cuando yo nací encontré un cielo luminoso. Un mar en calma.

Ahora a mis años siento pena en el alma al dejar tanta destrucción

 


 

Tierra de José Rafael Montilla Caballero

Está agotada. Demasiado agotada. Un sentimiento de hartazgo invade su degradada fisonomía, por la manipulación y el continuo atropello al que está sometida, bajo el absolutismo de quién cree ser el único protagonista del cuento. Un autoproclamado príncipe de la vida, de quien depende la voluntad de otorgarla con un simple beso.

No es consciente de que su egoísmo se somatiza en los latidos de otros corazones. Que la arrogancia de sus actos corroe la esencia de la vida, llegando a socavar los pilares que sostienen un futuro que no le pertenece. 

El desastre ha comenzado. El sol no encuentra frontera que le impida esparcir, por doquier, su agobiante y densa atmósfera, convirtiendo al planeta en un inmenso erial. 

El canto de la ballena se apaga entre las llamas de la desidia.

Mudo queda el vuelo de la gaviota por el graznido de la materia manufacturada.

Quebrada el alma de la tortuga en nuestras miradas, ajenas a su voluntad.

Y a pesar de tamaña catástrofe, es incapaz de entender que su reino no tendrá la menor posibilidad de escapar de las afiladas garras del apocalíptico devenir.

Decidida a poner fin, al delirante dominio del dictador, convoca a los habitantes del bosque y del océano que, por unanimidad, acuerdan poner todas sus esperanzas en el viejo árbol. Confiados en la magnificencia de sus poderes le nombran heraldo de buena voluntad. A ciencia cierta saben que es su sombra la que anhela y sus carnosos frutos los que demanda, tan magno comensal, para deleite de su turbia conciencia.

Seguramente me asaltaran las dudas si en el retablo de la vida me topo con él. Y no sé si será mayor el vértigo que me produzca mirar hacia el fondo del abismo, que puedan crear sus palabras en el remordimiento de mi pasividad, o los pavorosos acontecimientos venideros que vaticina. Pero sí sé que si no aporto mi granito de arena, no habrá playa donde mi nieto pueda construir su efímero castillo. 

 


 

El mar de Miriam Martín Torres

El arrullo de las olas serena a los Canarios. 

El agua cristalina y los reflejos del sol. 

Ahora, los reflejos están en la arena, 

en esos pequeños cristales, 

redondeados por el ir y venir de las olas. 

¿Por qué no se fueron con sus dueños? 

¿Por qué los dejaron a la deriva? 

Que no se siga repitiendo. Los recogeremos entre todos para que 

los reflejos vuelvan a ser los del sol en el agua. 

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