Corría la primavera de 1979.
El tronco mayor, de unos siete metros de largo y alrededor de un metro veinte de diámetro, debía pesar unas veinte o veinticinco toneladas. El otro sería aproximadamente la mitad, poco más o menos.
Tras diversas averiguaciones se supo que habían caído al mar desde un barco maderero procedente de África que navegaba en las proximidades de las Islas Canarias.
Después de aparecer en la bahía de El Confital, fueron remolcados hasta la orilla de la playa de Las Canteras por la autoridad de Marina.
Allí permanecieron varios meses, arrimados al muro, hasta que finalmente fueron cortados y su madera extraída de la playa. Su destino final sigue siendo incierto…

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