“En el mar no hay pasado, presente o futuro, sólo paz”. Jacques Cousteau

Calor. Calma. Algo calimoso

“Felices Fiestas de la Naval y que la Virgen de las Luz nos ilumine y nos guíe” Pregón de José Miguel Bravo de Laguna por la Fiestas de La Naval

Queridos amigos:

Constituye para mí, sin duda, un gran honor que la Comisión de Fiestas de la Naval me propusiese y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria me designase pregonero de estas fiestas, en 2013.

Es obvio que después de una dilatada carrera política, como Diputado a Cortes, Subsecretario de Presupuestos, Vicepresidente del Congreso, Presidente del Parlamento de Canarias, me han propuesto en numerosas ocasiones para los pregones en diversas islas y festividades. No siempre he podido aceptar, pero en otras ocasiones sí, y he sido pregonero en las fiestas del Cristo de La Laguna, la Virgen de la Peña en Fuerteventura, o en localidades grandes o pequeñas, aquí en Gran Canaria, como Firgas, Teror, La Vega de San José, Caideros de Gáldar y un largo etc.

En esta ocasión, y además de tratarse de una de las principales fiestas de la ciudad que me vio nacer en el ya lejano 1944, me he inclinado a aceptar por el hecho de que se cumplen 100 años en este 2013 del nacimiento de los Cabildos.

Cien años de la recreación de los Cabildos como gobierno de la isla. Sin duda un acontecimiento legal, que marcó un antes y un después en la historia de Canarias, desde luego de esta isla.

Todos estos factores me conducen hoy aquí, ante uds. para pregonar, anunciar la fiesta, y lo hago con mis inseparables, desde hace tres semanas, par de muletas.

Pero volvamos al pregón. Normalmente en un pregón se mencionan o tratan, con una u otra extensión, cuatro ideas fundamentales:

1º La conmemoración religiosa de que se trata, en este caso, la virgen de La Luz.

2º El lugar de la celebración, sus vecinos, sus costumbres y tradiciones. La importancia del sitio.

3º La rememoración histórica de su celebración y de ese lugar, y

4º Referencia al futuro desarrollo de la zona, de su presente, pero sobretodo, eso, de su futuro.

Podemos decir, siguiendo a Felipe Bermúdez en su obra “Fiesta Canaria, una interpretación teológica” (por cierto, antiguo sacerdote, primo hermano mío, hoy afincado en Tiscamanita, Fuerteventura).

“No hay prácticamente pueblo ni barrio de las Islas Canarias que no tenga su propia fiesta. Podemos considerar legítimamente todo el Archipiélago como espacio de la fiesta canaria”.

El espacio de la vida cotidiana, de los trabajos y sudores, de las alegrías y las penas cotidianas, se transforma una vez al año: se convierte en un espacio festivo.

A través de sus fiestas el canario vive una relación estrecha con la naturaleza, con el paisaje, con el entorno ecológico. La fiesta canaria es así un elemento de comunión, de reconciliación del hombre con la naturaleza.

Asistiendo a fiestas como La Rama, El Cedro, el recorrido del Almendro en flor… imposible no recordar aquellas expresiones de Nietzsche donde el filósofo define su concepción de lo festivo, en relación con ese estado de embriaguez y de estremecimiento ante la Naturaleza que él llama “estado dionisíaco”:

La Fiesta de la Naval es una de las fiestas más populares y tradicionales de la isla de Gran Canaria, en la que celebramos, a la vez que primero rendimos honor, a nuestra querida Virgen, la más querida en la Isla me atrevería a decir junto a Ntra. Sra. del Pino (la de Teror), Ntra. Queridísima Sra. de La Luz (la de nuestra capital, Las Palmas de Gran Canaria, y la de su Isleta), a quien invoco como Pregonero Mayor este año de 2013, y me pongo humildemente bajo su precioso manto protector, en la suerte de aplicarme de la mejor manera posible, en esta tarea encomendada anteriormente a –nada más y nada menos- que 54 pregoneros, mejores que yo, sin duda, cuyos pregones he repasado y en los que en buena parte me he inspirado.

Venerable tradición marinera, la de su Puerto. Venerable y popularísima tradición, la de su barrio. Venerable tradición Mayor, la de la capital de su Isla. Y Venerable, Magnífica Gran Tradición, la de la tan bien llamada, Gran Canaria.

Encargada en 1796 por su mayordomo, el capitán D. José de Arboniés y Muñíz, llama la atención la embelesada mirada de la Madre hacia el Hijo.

A ella es aplicable unos populares versos, del padre Agustín Yánez, que dicen:

Ya repican las campanas

su canto de tradiciones:

atención, que sale Ella,

En los hombros de sus hijos

Se mece la Virgen bella

No en vano, la evidente devoción mariana plasmada con brillantez en la mayor parte de las iconografías de su insigne e imaginero escultor, a quien tanto debe Gran Canaria, José Luján Pérez (Santa María de Guía, 1756-1815) representa en esta ocasión –me atrevo a confesar- casi como si hubiese sido tocado por el aliento divino, a María sobre un basamento de nubes y ángeles de aspecto barroquizante, en sí; y de un solo flash, les aseguro que ya enamora.

Así es –en este asunto material tan concreto- la bella, maternal e hipnotizante imagen de María, Nuestra Señora de La Luz, venerada en el Sagrado Templo de quien toma su mismo nombre, erigido inicialmente bajo la advocación de Ntra. Sra. del Rosario patrona de La Naval (a quien también dedicamos en la Ciudad los inicios del mes de octubre) y, posteriormente, tras – según cuenta la leyenda misteriosa y solemne – y en palabras del propio Sargento Llagas, en ésa época alcalde de mar, ya reivindicando su propio protagonismo:

“Hace unos años que aparece todas las noches una Luz misteriosa que recorre estas playas. Esta luz sale a primera hora de la noche desde el castillejo del Risco de Guanarteme; baja de allí casi a media altura de un hombre; llega al Castillo de Santa Catalina; sigue la orilla del mar hasta la ermita de la Virgen donde se posa majestuosamente en la torre; allí se detiene algunos instantes y, tomando la falda de La Isleta, llega a la punta del Arrecife y desaparece en el mar”.

Tan poderosa, tan fuerte desplegó su fama e influencia, que el misterio de la enigmática Luz cambiaría para toda la vida no sólo el nombre de su advocación y el de su sagrado cobijo, sino también el de la Bahía de Las Isletas y su fortificado Castillo, divino cobijo también para sus embarcaciones e inexpugnable defensa -en definitiva- del entonces Real de Las Palmas.

Y es aquí donde se une también el carácter conmemorativo de la fiesta, con la celebración de otro suceso histórico y naval que no por acontecer unos cuantos años antes, dejó de ser atribuido con más fuerza e intensidad si cabe, por la entonces recién creada (1605) Cofradía del Convento de Santo Domingo, a la Virgen de La Luz: la contundente victoria de la Ciudad, en 1595, sobre el pirata y saqueador inglés, Sir Francis Drake – almirante, para los ingleses. Y aquí es donde radica -en realidad- el origen de las Fiestas de La Naval, denominadas como “La Naval Canaria”, para diferenciarla de la otra gran batalla contemporánea y casi paralela a ésta, ganada entonces al enemigo turco, “La Naval de Lepanto”.

Ya hemos visto el tema de la virgen. Sigamos hablando del Sitio.

“En la Dragotea, el verso de Lope de Vega lo cuenta así:

“Corre el inglés de su rosada aurora

Hasta Canarias por probar su espada

Como si fuera gente que pudiera

Huir el rostro a su arrogancia fiera”

Mas no había aquí una presa fácil, como recuerda Cairasco, recogiendo emociones directamente experimentadas:

“En el año que de noventa y cinco se contaba

Y de octubre los seis de aquel día

La valerosa gente Canaria

Mostró el gallardo brío de su pecho”

… Y el inglés, “volvió la espada e hízose a la vela, que allí no le valió fuerza o cautela”, concluye Lope de Vega”

Estamos, pues, ante una fiesta muy añeja, eminentemente histórica.

La Ciudad Real de Las Palmas era entonces la cabeza del “reyno de Canaria”. Se estima que tenía unas 800 casas, correspondientes a unos 3.000 habitantes. Su catedral era la única de Canarias (lo que implicaba que el dinero de los diezmos de todas las islas se administraba desde Las Palmas). (¡¡No como ahora!!) También albergaba la Real Audiencia, el tribunal de segunda instancia de Canarias.

La ciudad era, lógicamente, muchísimo menor que ahora y ocupaba sólo los actuales barrios de Vegueta y Triana, que estaban separados por el río Guiniguada. El puerto se encontraba “a tres millas”, rodeado de colinas arenosas (de aspecto nada prometedor para la gente de la época).

En la catedral de Santa Ana se componían y tocaban piezas de música corales y de órgano y Bartolomé Cairasco de Figueroa, poeta y músico de renombre, organizaba en su casa tertulias dedicadas al dios de las artes, Apolo.

La ciudad tenía dos murallas, una al norte y otra al sur, y dos fuertes: Santa Ana y Santa Isabel. El puerto lo protegía el castillo de La Luz. Estas fortificaciones –como se sabe- estaban dedicadas a proteger a la ciudad de los ataques de piratas y similares, más que de una guerra convencional.

Y ahora quisiera hacer un pequeño parón, un punto y aparte para recordar un suceso mucho más reciente en el tiempo, pero que, por ser inédito en la historia, se dio -por primera vez- en el año 2000. Me refiero a la histórica Bajada de la Virgen del Pino que se produjo desde Teror (a quien me referí también y no casualmente como se verá a continuación, en los inicios de este pregón) –junto a la del venerado Cristo desde Telde- a Las Palmas de Gran Canaria. Sabemos –porque así nos lo ha anunciado recientemente en el transcurso de la santa Misa del pasado Día del Pino, nuestro Vicario de la Diócesis, D. Hipólito Cabrera- que Nuestra Señora la Virgen del Pino bajará de nuevo a la capital, Las Palmas de Gran Canaria, el próximo mes de mayo de 2014. Dado que a éste humilde pregonero le ha tocado ahora en suerte ser el último de estas Fiestas, antes de revivir ése nuevo y feliz momento, pido también humildemente a la Madre protectora de nuestra querida Isla que –de nuevo- y tal y como procesionó entonces desde la Catedral de Santa Ana hasta la Iglesia de La Luz, lo haga de nuevo en 2014, en su segunda bajada, para alegría, satisfacción y orgullo de todos los isleteros, vecinos del barrio, y –por ende- de todos los grancanarios.

Y ahora mis reflexiones finales sobre el futuro. Partiendo de nuevo con palabras de Felipe Bermúdez:

“Lo que, en principio, está claro es que el tiempo festivo es un tiempo especial, con unas características propias, que se han de respetar. A veces, un celo excesivo en algunos impide la constitución de ese tiempo festivo y se convierten en aguafiestas. Para que haya fiesta se requiere un cierto clima, un ambiente. Eso supone, la mayoría de las veces, una especie de pacto social, que consiente en la existencia de la fiesta, una voluntad de distensión y de reconciliación.

Hace falta, para decirlo con palabras de los antropólogos, una voluntad de olvidar lo cotidiano y el trajín de la vida diaria. Es preciso abandonarse, entregarse temporalmente a la actitud lúdico-festiva.

Este aspecto catártico, liberador, es reconocido por todos como necesario en la vida de los individuos y de los pueblos. Sin ese tiempo especial, de vez en cuando, nuestra vida se desquiciaría, nuestra personalidad –individual y colectiva- se resentiría”.

En ese clima festivo y en este pregón cabe, sin duda, la siguiente reflexión. Desde el Cabildo de Gran Canaria ¿Cómo se observa el futuro del puerto? Yo afirmo que con esperanza, realismo y preocupación.

Como ya han dicho otros pregoneros en años anteriores – y yo quiero hacer especial mención al de Alberto Trujillo de (2004) – el puerto es el elemento básico, dinamizador de esta zona, pero también de esta gran ciudad y por ende de toda la isla de Gran Canaria. Con independencia de su valor cuantitativo (11% del PIB de la isla), cualitativamente es el pulmón de Gran Canaria, gracias al cual, en gran medida hemos respirado en esta isla. Durante muchos años ha sido el granero efectivo de esta isla.

El puerto ha sido el hacedor de la isla, su impulso, su pulmón, su oxígeno. Hoy sigue siéndolo en gran parte. Pero permítame la siguiente reflexión: hoy – y desde hace unos años – el resto de Gran Canaria devuelve, en parte, a este puerto y a esta ciudad, lo que con gran generosidad para el conjunto de los grancanarios ha significado este puerto. Y por ello el turismo, esencialmente radicado en el Sur, Mogán, San Bartolomé de Tirajana, el aeropuerto, entre Telde e Ingenio, el polígono industrial del Sur, la energía eólica, pero también el desarrollo aún insuficiente del Norte y de las Medianías, toda Gran Canaria, en suma, aporta, equilibrio, compensa en gran parte lo que antes era solo aportación de este puerto.

Dicho de otra manera, hoy nos interesa a todos realzar el conjunto de Gran Canaria, como isla capaz de tirar de sí misma y quizás en parte del resto del archipiélago, si no nos ponen cortapisas innecesarias e injustas desde otras instancias.

Toda Gran Canaria tiene que ser catapultada a metas de desarrollo, de protagonismo inequívoco.

Como siempre con este puerto como punta de lanza, o mejor como proa de un navío. Un navío –plataforma de solidaridad, de tráfico, de trasiego de mercancías (Cruz Roja, Programa Mundial de Alimentos, USAID…) de cruceros, de oferta urbana atractiva, cultural, deportiva, gastronómica, comercial (no nos olvidemos de nuestra ventaja fiscal – VAT FREE). No ha IVA en Canarias y debemos recuperar nuestro esplendor como zona de comercio más barato.

Es verdad que frente a noticias positivas sobre el puerto (nº de cruceristas, reparaciones navales, suministro de combustible, plataforma de solidaridad) no faltan otras más preocupantes (pesca, contenedores, competencia de otros puertos del archipiélago, de Marruecos u otros países de Africa).

Con todo hay que suponer que Africa, como continente emergente sea capaz de generar actividad y movimiento que nos siga situando en posición preeminente, y naturalmente como puente entre continentes – Europa, América, y Africa –

Para ello hará falta que todos juntos cooperemos, porque JUNTOS PODEMOS. Las Administraciones, Ayuntamiento esencialmente, la propia Autoridad Portuaria, pero otras también – Estado, CCAA – contribuyan. La Universidad, los sectores empresariales y sociales. Todos.

Puedo seguir diciendo que mientras sea Presidente del Cabildo, éste es un objetivo prioritario de nuestra política, la defensa de la ISLA. Porque esta es Gran Canaria, esta es mi isla, esta es nuestra isla.

Para terminar y como Presidente del Cabildo, del gobierno de la isla, siempre se espera de aquel un gesto de generosidad con este lugar. Y por ello anuncio nuestra contribución a la reposición del suelo de nuestra iglesia, tal y como se nos ha pedido y que acepto como acto de solidaridad obligado, para realzar su belleza.

Felices Fiestas de la Naval y que la Virgen de las Luz nos ilumine y nos guíe.

 

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