Tiene el instinto de la pintura elevado a la mayor altura y posee una fuerza irresistible de la delicadeza. De su pintura saltan flechas de oro, más penetrantes que las del hierro. Apasionado a favor de o en contra, no se olvida nunca de sí mismo, porque sabe quien es como todo artista verdadero. En la ausencia es cuando él está presente, el espacio para él no es infinito. Si su cuerpo se distancia su alieno lo llena todo, todo lo rebasa.
La acción del artista es invisible y sólo ella triunfa y se propaga,. El hombre, por más que lo programen o lo “maquinicen” nunca será una máquina sino un organismo vivo, y quien dice vida dice espíritu creador, amanado de un más allá no por desconocido menos deseable. JOSÉ LUIS SANTOS camina poniendo los ojos en el infinito, en las áureas incitaciones del naciente. Si se pusiera otro destino se detendría. El hombre aun cuando es joven es siempre un viejo enamorado de su infancia original. ¿qué otra cosa nos dice, con su obra José Luis SANTOS? ¿No es su pintura una rememoración de aquél mar de su niñez? ¿No es de la mía también? El mar de la memoria y la memoria del mar, ¿no están cantando constantemente para nosotros?











