“Cuando dos caminos se separan… toma aquel que se dirija a la playa”. Hannah McKinnon

Domingo de ambiente primaveral: intervalos nubosos

Recuerdos de El Sensat por Emilio Delisau

De los recuerdos que yo tengo de ese barco, el “Sensat”, yo, en esa época, tendría más o menos… nueve años, diez años… porque yo nací en 1919, y eso fue más o menos entre finales de los años 20 y principios de los años 30. Recuerdo que estaba ese barco allí, decían que era una sociedad, pero yo no sé si era sociedad o eran cuatro amigos que se unieron. Sé que iban muchachas y muchachos muy bien vestidos, muy bien arreglados, me acuerdo de verlos con unas playeras, pero no estos zapatos que se ven ahora tan bonitos y tal, sino sus playeras blancas y sus calcetines blancos, con sus faldas plisadas, de tablas, y ahí iban para bañarse y estar allí, porque tenía su restaurante o café. Me acuerdo siempre de los trajes de baño “Jantzen”, que se llamaban así en aquella época, y para mí que… eran tanto de mujer como de hombre… porque eran iguales, con el peto aquí. Me acuerdo de cuando nosotros, los chiquillos, íbamos nadando y todo aquello era una selva de sebas, porque aquello eran sebadales allí, lleno, pero lleno el fondo, era así… enorme. Y estábamos acechando siempre al guardián que estaba allí, el marinero que tenían bien arregladito al estilo marino. Y si iba para un lado, entonces, nos metíamos nosotros dentro y corríamos, y el marinero corría detrás de nosotros y nos tirábamos al agua. Siempre ese marinero estaba allí para llevar una barca que iba al muellillo que estaba en la orilla y allí recogía a la gente y se la llevaba para el “Sensat”.

Yo creo que en el “Sensat” había un bar, un restaurante, porque allí estaban sentados con sombrillas y todo. Yo no recuerdo si estaban en cubierta cogiendo sol, porque yo era un chiquillo de nueve o diez años. Ni me acuerdo tampoco de verlo cuando dicen que se lo llevó el temporal, yo sólo me acuerdo de ver un barco grande tirado en la playa, y el muellillo también. Bueno, el muellillo… yo no sé a qué ingeniero se le ocurrió poner un muelle en la arena… porque, nada más que con mojarse… se sale todo. Porque ahí tenía un muelle, con una galeriita así… con su barandal… un embarcadero. Y eso estaba 20 metros más allá de la Casetilla de Galán, que yo no sé porqué le llamaban casetilla, porque era un caserón enorme, pero… siempre se decían aquí las cosas en menor. Y allí, toda la vida lo conocí yo aquello. No tengo ni idea de a quién pertenecía, pero la Caseta de Galán, hacia en el año 35, en diciembre del 35, no se sabe si la quemaron o no la quemaron, o se quemó sola. Pero aquello era curioso allí porque estaba subida sobre pilotes de madera, con los pisos todos de madera, y la gente que iba a bañarse allí tenía sus espacios para guardar las ropas y esas cosas. Y también daban de comer, hacían buenas comidas, paella y todo. Los chiquillos, entonces, nos metíamos por debajo para ver cuando estaban las mujeres por allí… como todo el piso era de madera y había rendijas… y siempre encontrábamos dinero, perras de cobre, perras chicas, perras grandes… aquello era una mina, porque como era de madera todo, se quitaban los pantalones y, claro, todo lo que se caía, se caía abajo. También me acuerdo de ver allí a la entrada… tenía como un recipiente así, grande de agua, que tenía una tortuga que se quemó con la Caseta, la pobre…

Emilio Delisau y Esther Suárez en el 46

Y volviendo al “Sensat”, yo no sé decir si aquellos muchachos y muchachas eran turistas o si eran de aquí o… A lo mejor, había de estos niños bonitos de aquí que estaban allí, pero yo, ni idea… Yo sé que llegaban allí con los pantalones blancos, el sombrero de paja, y todos vestidos de blanco, parece que iban a jugar tenis…

Recuerdo que, con la marea vacía, lo que había era siempre un paseo por la playa, pero vestidos, eso era vestidos como saliendo de misa, por la orilla caminando. Eso, eso era un paseo enorme. Salía, más o menos, de allí, de La Puntilla, hasta el Muro Marrero, porque después, para allá, no se podía pasar. La Playa Chica era un promontorio que había allí con una casa grande, preciosa, muy bonita, que era de Saturnino Báez, que era un médico de estos que él mismo recetaba las medicinas, ahora me parece que le llaman “naturalista”. Lo que es playa, con la marea llena, no se podía pasar, sólo se podía pasar con marea vacía. Y hasta ahora mismo, con marea llena, no puedes pasar.

Verano o invierno, cuando estaba el tiempo bueno en Las Canteras, nos traía mi madre y ella se sentaba en unos sillones de mimbre en la Casetilla de Galán. Yo me crié así en la playa, desde la Casetilla de Galán hasta La Puntilla, que era donde unos artesanos hacían las sogas y las redes.

www.miplayadelascanteras.com

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