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Canarias en la obra de Agatha Christie (I) por Carlos Platero Fernández

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Es sabido que la novelista inglesa Agatha Christie (1890-1976) no sólo estuvo en su andariega vida por las Islas Canarias, de lo que dejó constancia en sus notas autobiográficas, sino que también escribió alguna de sus obras en Canarias y aún localizó aquí uno de sus sabrosos relatos cortos.

Parece ser que fue aquí, en las Canarias y, muy de suponer, alojada en el Hotel Metropole precisamente por el año de 1924, en donde terminó el original de su séptima u octava novela, comenzada ya en 1925, que tituló El misterio del tren azul y se publicó por primera vez en 1928 y en español en 1935 y cuya trama, naturalmente, nada tenía que ver con el mundo canario.

Huella más directa de aquella corta estancia, quedó reflejada por entonces en uno de sus primeros relatos cortos, protagonizado por uno de sus personajes de ficción favoritos, la Srta. Jane Marple, reunidos en el volumen que tituló Srta. Marple y 13 problemas y que, según opinó la misma autora, contienen la auténtica esencia de la señorita Marple para aquellos que gustan de ella.

El que interesa destacar es el que hace en el libro el número ocho, titulado La señorita de compañía puesto que su acción se desarrolla en gran parte aquí, o sea que “sucedió en la isla de Gran Canaria, no en Tenerife”, aclara el médico inglés que hace el relato; y prosigue… “de ello hace ahora muchos años. Mi salud no era muy buena y me vi obligado a dejar Inglaterra y marchar al extranjero. Estuve ejerciendo en Las Palmas, que es la capital de Gran Canaria. Allí disfruté mucho. El clima es suave y soleado, excelente playa –y yo soy un bañista entusiasta- y la vida del puerto me atraía sobremanera. Barcos de todo el mundo atracaban por el muelle cada mañana, lo que me tenía más interesado que cualquier miembro del sexo femenino, que pasase por una calle de tiendas de sombreros”.

Como les decía, barcos procedentes de todas las partes del mundo atracaban en Las Palmas. Algunas veces hacían escala unas horas y otras un día o dos. En el hotel principal, el –Metropol-, podían verse gentes de todas razas y nacionalidades… aves de paso. Incluso los que se dirigían a Tenerife se quedaban unos días antes de pasar a la otra isla.

Mi historia comienza allí, en el hotel –Metropol-, un jueves por la noche, el mes de enero. Se celebraba un baile y yo contemplaba la escena sentado en una mesa con un amigo mío. Había algunos ingleses y gentes de otras nacionalidades, pero la mayoría de los que bailaban eran españoles; y cuando la orquesta inició los compases de un tango solo media docena de parejas de esta nacionalidad permanecieron en la pista. Todos bailaban admirablemente mientras nosotros los admirábamos. Una mujer en particular excitó vivamente nuestra admiración. Alta, delgada, hermosa e insinuante se movía con la gracia de una pantera. Había algo de peligroso en ella. Y prosigue a este tenor la introducción al tema del cuento o problema, volviendo a detallar la autora, en boca del relatante:

Al día siguiente había planeado ir de excursión con unos amigos. Teníamos que atravesar la isla en automóvil, llevándonos la comida, hasta un lugar llamado… apenas lo recuerdo…¡Ha pasado tanto tiempo! Las Nieves, una bahía resguardada donde podíamos bañarnos si éste era nuestro deseo. Este programa se llevó a cabo casi por completo, con la excepción de que salimos más tarde de lo previsto y nos detuvimos en el camino para comer, yendo a Las Nieves después, para bañarnos antes de la hora del té..

Al aproximarnos a la playa percibimos en seguida una gran conmoción. Todos los habitantes del pequeño pueblecito parecían haberse reunido allí y en cuanto nos vieron corrieron hacia el automóvil y empezaron a explicarnos lo ocurrido con gran excitación. Nuestro español no era demasiado bueno y me costó bastante entenderles, pero al fin lo logré.

Para quienes aún no hayan leído este relato de Agatha Christie, no se va aquí a detallar la historia ni a revelar el enigma surgido y que ocasiona el problema para la Srta. Marple.

Esto en cuanto a “La señorita de compañía” que con los doce restantes relatos fue publicado en Inglaterra en 1932 y traducido al español en 1956.

Carlos Platero Fernández

Canarias en la obra de Agatha Christie (II) 

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