Amado Rodríguez Viera (1946-1965): la historia de un héroe olvidado

El 1 de enero de 1965, Amado Rodríguez Viera, de tan solo 19 años, entregó su vida al intentar rescatar a un matrimonio sueco y a su hijo en la peligrosa playa de La Cícer. Su heroico gesto ayudó a salvar vidas, pero él murió ahogado tras luchar durante más de una hora contra el mar, sin que existieran medios de salvamento capaces de auxiliarle. Esta es la historia de un joven cuyo sacrificio merece permanecer para siempre en la memoria de Las Canteras.
Amado Rodriguez (Colección familiar)

El sacrificio de Amado Rodríguez Viera

El 1 de enero de 1965, sobre las 13:30 horas, la playa de Las Canteras lucía espléndida. Miles de personas, en su mayoría turistas, disfrutaban del primer día del año. Sin embargo, más allá de la Barra el mar presentaba un fuerte reboso y la zona de La Cícer era extremadamente peligrosa para el baño.

En el entorno de Punta Brava, tres jóvenes –José Ibáñez, «el Coreano»; Pepe Luis, «el Malayo»; y Amado Rodríguez Viera, «Amadito»- jugaban al clavo sin imaginar que, en cuestión de minutos, sus vidas darían un giro dramático.

De pronto, un grito rompió la tranquilidad. Un matrimonio sueco y su hijo habían sido arrastrados por el fuerte oleaje y luchaban desesperadamente por mantenerse a flote.

Según relataron las crónicas periodísticas de la época, un joven isleño, utilizando un bote de goma, consiguió rescatar al niño, que tuvo que ser atendido en la Casa de Socorro del Puerto y reanimado mediante respiración artificial.

Amadito, el Coreano y el Malayo se lanzaron al agua para intentar salvar al matrimonio.

Los dos turistas y Pepe Luis consiguieron salir de la rompiente y fueron finalmente rescatados por un barquillo tripulado con enorme valentía por unos jóvenes «hermanos Momo», que lograron embarcarlos detrás de la Barra.

Sin embargo, el Coreano y Amadito quedaron atrapados en un mar embravecido, donde las olas y la fuerte corriente no daban tregua. La fortuna acompañó a José Ibáñez, que fue arrastrado por una ola hasta las proximidades de la orilla y consiguió salir completamente exhausto. Amadito no tuvo la misma suerte.

Como relató El Eco de Canarias:

«Amado Rodríguez luchó por ganar tierra, mientras la corriente submarina le arrastraba hacia afuera. Fue una lucha de casi hora y media por salir indemne, manteniéndose sobre la superficie del agua de diversas maneras: ora de espaldas; ora nadando fuertemente; ora con marcada lentitud. Por lo visto, su resistencia física se fue minando y desapareció bajo las aguas ante la angustia y el dolor de los que presenciaron desde tierra tan trágico espectáculo.»

El propio periódico describía a Amado como:

«Amado Rodríguez Viera, de 19 años, soltero, pintor de profesión, con domicilio en Santa Luisa de Marillac, 17, que si en otras ocasiones consiguió arrebatar vidas al mar, en la presente fue su víctima.»

«La vida de Amadito se truncó cuando, sin pensárselo dos veces, se lanzó a un mar embravecido para intentar salvar a un matrimonio sueco y a su hijo, que se encontraban en serios apuros en la playa de La Cícer. Era el 1 de enero de 1965. Amado tenía tan solo 19 años.»

«La paradoja más dolorosa fue que el matrimonio sueco y su hijo – la familia Efaalfoon- lograron ser rescatados, pero él murió ahogado tras luchar durante más de una hora contra la fuerte corriente y el intenso oleaje. Nadie pudo salvarlo porque, en aquella época, la playa carecía de los medios de salvamento necesarios.» Escribió el Diario de Las Palmas

Durante más de una hora luchó contra la corriente, el fuerte oleaje y el agotamiento, intentando mantenerse a flote o alcanzar la orilla. Finalmente, el mar pudo más. En aquella época, la playa carecía de un servicio de salvamento organizado y de medios adecuados para afrontar una emergencia de estas características.

La movilización fue inmediata. La Policía Municipal dio aviso a las autoridades de Marina y al Centro de Coordinación y Salvamento, solicitando la intervención de un helicóptero de la Zona Aérea de Canarias. La aeronave sobrevoló durante largo tiempo la zona del accidente sin obtener resultados. También participó en la búsqueda una avioneta del Aero Club, que realizó varias pasadas a baja altura sobre el mar, pero el cuerpo de Amado ya había desaparecido bajo las aguas.

Seis días después, el mar devolvió su cuerpo a la orilla de La Cícer. Su familia, que había permanecido durante días esperando noticias junto al mar, pudo finalmente darle sepultura.

Por su heroico gesto, Amado Rodríguez Viera, que tenía tan solo 19 años, fue condecorado por la Federación Nacional de Salvamento y Socorrismo y por el entonces gobernador civil de Las Palmas, Antonio Avendaño Porrúa, quien anunció la colocación de un busto en su memoria en la playa de Las Canteras. Aquella promesa, sin embargo, nunca llegó a cumplirse.

La historia de Amadito es la de un joven que no dudó en arriesgar su vida para salvar la de unos desconocidos. Su sacrificio constituye uno de los mayores actos de heroísmo vividos en la playa de Las Canteras y su memoria permanece unida para siempre a la historia de nuestro bahía.

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Artículos de prensa sobre el suceso
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