En 1932, en el marco de las políticas educativas impulsadas por la Segunda República, las autoridades decidieron introducir una innovación significativa en el funcionamiento de las colonias escolares que, hasta entonces, se venían celebrando principalmente en pueblos del interior de Gran Canaria. Por primera vez, se incorporó como destino veraniego «la magnífica playa de Las Canteras», un espacio natural que encajaba plenamente con los ideales higienistas y pedagógicos de la época, que defendían el contacto directo con el mar, el sol y el aire libre como elementos esenciales para la formación física y moral de la infancia.
Contexto histórico
La iniciativa no surgía de la improvisación ni del entusiasmo aislado de un municipio. Formaba parte de un movimiento internacional que, desde finales del siglo XIX, había redefinido la relación entre educación, salud y naturaleza. Su punto de partida suele situarse en 1876, cuando el pastor suizo Walter Bion organizó en Zúrich una experiencia pionera: trasladó durante varias semanas a niños de familias humildes a zonas de montaña, donde recibieron alimentación adecuada, aire puro y cuidados básicos. Aquella experiencia, inicialmente asistencial, pronto se convirtió en un modelo pedagógico de alcance europeo.
En España, la primera experiencia se vincula precisamente a Cossío, que en 1887 organizó una colonia en San Vicente de la Barquera con niños de escuelas públicas madrileñas. A partir de ahí, el modelo se expandió de forma irregular, dependiendo en gran medida de la iniciativa privada, sociedades filantrópicas y apoyos locales. No sería hasta el primer tercio del siglo XX cuando el Estado comenzó a asumir un papel más activo en su financiación y organización.
En Canarias, este proceso llega con cierto retraso, pero con una intensidad notable en los años de la Segunda República. Las condiciones educativas del archipiélago eran entonces precarias: altos índices de absentismo escolar, escasez de infraestructuras y amplios sectores de la población infantil sin acceso regular a la escuela. En este contexto, las colonias escolares se convirtieron en una respuesta doble: pedagógica e higiénica.



