El Confital, como aula de la naturaleza, es irrepetible: un espacio de aprendizaje etnográfico, arqueológico, paleontológico, etc, difícil de superar. Como lugar de disfrute, es un pulmón, un rincón donde recargarse de energía, donde la brisa llena los pulmones de vida mientras se contempla una bahía única: la bahía de El Confital.
Sin embargo, llevamos décadas maltratándolo y, a pesar de ello, sigue manteniendo su magnetismo y sus posibilidades de convertirse en el mejor lugar —si no lo es ya— de la ciudad.

La mezcolanza de instituciones involucradas en su gestión —tengo entendido que parte de su territorio sigue en manos privadas— hace que no se avance en un modelo de gestión global. Cada institución lo interviene a ramalazos, sin una visión común. Lo político y sus intereses partidistas hacen que poco fluya y que nada resulte fácil.
En El Confital siempre ha existido el riesgo de que se convierta en un lugar marginal. Una auténtica contradicción frente a todos sus valores.
El Confital no pertenece únicamente a los vecinos de los barrios cercanos. El Confital —al igual que ocurre con Las Canteras— es un espacio que debe ser orgullo de todos los canarios; y todos tenemos derecho a disfrutarlo, cuidándolo plenamente.
Es increíble comprobar cómo, cada vez más, los vecinos y el turismo se acercan a disfrutarlo. Da gusto ver, cualquier tarde, cómo se recorren sus senderos y se celebran sus atardeceres.
El Confital necesita gestión, vigilancia y el cumplimiento de las ordenanzas. Su margen de mejora es aún infinito.
El Confital es una utopía para Las Palmas de Gran Canaria, un sueño al alcance de la mano. Hagámoslo realidad.
T/A



Descubre más desde www.miplayadelascanteras.com
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


