Estudio de valores y mapa del deporte en España
Como deporte aeróbico, alarga la vida, como así lo demuestra un estudio que concluye que su práctica merma significativamente el riesgo de fallecimiento por dolencias generales (28%) y reduce la mortalidad por problemas cardiovasculares (41%).
Nadar desde la infancia
Entre los beneficios potenciales de la natación infantil se pueden concretar:
-
mejora del funcionamiento cognitivo,
-
reducción del riesgo de ahogamiento,
-
mejora de la confianza,
-
aumento del tiempo de calidad,
-
construcción del músculo,
-
mejora de la coordinación,
-
mejora del sueño y
-
mejora del apetito, entre otros.
Por todo ello, la práctica de las actividades acuáticas desde que uno es bebé se puede convertir en una experiencia única, creando su práctica miles de millones de neuronas nuevas a medida que nos deslizamos, pataleamos o golpeamos el agua. Cuanto antes se puedan adquirir estas experiencias, mucho mejor.
Ahogamiento
Los niños que no experimentan estas prácticas desde pequeños tienden a tener más miedo y ser más negativos sobre la natación. Incluso en algunos casos, por la falta de competencia acuática, aparece el ahogamiento.
La prevención de los ahogamientos entre los niños menores de 6 años implica, entre otras cosas, programas educativos hacia la competencia acuática. Sin embargo, es habitual encontrar propuestas o métodos “novedosos” que muestran progresiones para evitar que los bebés/niños se ahoguen en el agua. Estos modelos se centran en enseñar desde muy pequeños a flotar en el agua, y
a darse media vuelta si se caen boca abajo y necesitan salir a flote.
Son métodos que pretenden crear conciencia sobre la prevención de ahogamientos y mantienen la certeza de que se podrían evitar casi todos ellos con enseñanza y sensibilización. Estas técnicas tan populares presentan un rápido interés para las familias por los resultados tan efectivos que parecen mostrar.
Pero, en muchos casos, para llegar a este dominio de técnica, el bebé/niño pasa por una serie de experiencias que suponen momentos angustiosos, llegando a experimentar la sensación de ahogo durante unos segundos. Esto puede dar lugar a la aparición de miedo en el aprendiz, y enseñar a nadar desde el miedo es como empujar a los niños a que se caigan al enseñarlos a caminar.
De esta forma, la utilización de algunas técnicas de autosalvamento en el medio acuático hacen pasar al bebé/niño, en algunas ocasiones, por situaciones traumáticas sin ni siquiera prepararlo para ello. Casi la totalidad de estos programas no presentan evidencias científicas del efecto de los mismos en la disminución del ahogamiento.



