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Breve reseña histórica del callejero del entorno de Las Canteras: “Calle Los Martínez de Escobar”

Calle Los Martínez de Escobar



Una vía rotulada «Los Martínez de Escobar» atraviesa el istmo de Guanarteme desde la calle León y Castillo, a la altura de la Casa del Marino, hasta el paseo de Las Canteras. El médico Carlos Navarro Ruiz (1860-1947), en su indispensable Nomenclátor de calles y plazas de Las Palmas, que redactó en su condición de cronista oficial de la capital insular, nos indica que el nombre de esa calle situada en el Puerto de La Luz se refiere a los hermanos Teófilo y Amaranto Martínez de Escobar y Luján, que desempeñaron respectivamente los cargos de presidente y secretario de la Sociedad Científica El Museo Canario.

En su momento los hermanos Martínez de Escobar figuraron en primera línea entre las personalidades de nuestra isla; sus méritos eran conocidos y apreciados por todos. Actualmente su recuerdo se mantiene fundamentalmente por la denominación de la calle, pero su huella permanece en la historia de la ciudad y, muy especialmente, en la de la Sociedad Científica El Museo Canario.

Ambos personajes disfrutaron de un amplio y rico recorrido vital. Eran vástagos del abogado y poeta Bartolomé Martínez de Escobar Domínguez y de doña Francisca Luján, hija del gran escultor José Luján Pérez.

Don Teófilo Martínez de Escobar y Luján había nacido en Las Palmas el 26 de octubre de 1833, fue ordenado sacerdote en 19 de abril de 1857 y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Sevilla. En su periodo de joven profesor en el colegio de San Agustín de Las Palmas tuvo como alumno a Benito Pérez Galdós. Posteriormente coincidieron en el viaje a Madrid del futuro novelista y proyectaron realizar una obra conjunta, Un viaje de impresiones, cuyo manuscrito donó don Teófilo a El Museo Canario en 1904.

Don Teófilo desarrolló una importante labor docente en la isla de Cuba, en la que se había establecido en 1874, fue nombrado catedrático de Metafísica y Estética en la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Habana y en esta ciudad ejerció como director del colegio de San Carlos y fundó en 1879 el colegio de primera y segunda enseñanza La Gran Antilla. Regresó a nuestras islas en 1890, fue elegido presidente de la Sociedad Científica El Museo Canario en 1896, al fallecimiento del primer titular, el prestigioso médico Domingo J. Navarro, y desempeñó el cargo hasta 1907. Donó su importante biblioteca a esa sociedad. Sus libros, con las iniciales «TM de M» doradas, figuran en los anaqueles de la actual sala de investigadores. Falleció el 21 de febrero de 1912 en el domicilio familiar de la calle López Botas, muy próximo a El Museo Canario.

Don Amaranto Martínez de Escobar y Luján nació también en Las Palmas, el 23 de abril de 1835, realizó estudios en la Universidad de Salamanca y obtuvo la licenciatura en Derecho Civil y Canónico en la de La Laguna. Ejerció la abogacía con notable éxito y colaboró estrechamente con su gran amigo el doctor Chil en sus Estudios históricos. Fue fundador y director del periódico El país y redactor de otros de Las Palmas y de Cuba, donde publicó gran parte de su abundante obra poética. Figuró entre los fundadores de El Museo Canario, entidad que lo nombró su secretario perpetuo. Implicado en numerosas iniciativas ciudadanas, ejerció además de director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de su ciudad natal. No tuvo descendencia de su matrimonio con doña Eugenia Morello y Colonna, natural de Santa Cruz de Tenerife.

Durante los muchos años en que se desempeñó como secretario, su vinculación con El Museo Canario fue muy estrecha. Carlos Navarro Ruiz refiere que la primera reunión para constituir El Museo Canario se celebró en su despacho y que fue nombrado su secretario inamovible. Como tal redactó los libros de actas de las juntas directivas, las memorias reglamentarias y los obituarios. Participó también con numerosos artículos y poesías en las páginas de la revista El Museo Canario.

Aparte de su desempeño como abogado y de sus laboriosas tareas en la Sociedad Científica, don Amaranto cultivó la pintura, una de sus grandes aficiones. Realizó, entre otros, un retrato al óleo del doctor Chil que donó a El Museo Canario para que presidiera su biblioteca.

Con el fin de que se cumpliera el acuerdo de formar una galería con los retratos de los socios que habían ejercido los cargos de presidente y de director y de los primeros fundadores del centro científico, don Amaranto ofreció un retrato fotográfico suyo, enmarcado y con una dedicatoria de su puño y letra.

Otros aspectos de sus variadas ocupaciones merecen destacarse: su ya mencionado gusto por la poesía y la pasión que desarrolló por la playa de Las Canteras. «Qué hermoso es este mar de las Canteras», escribió. En ese entorno, alejado de la ciudad y sin edificios cercanos, levantó una pequeña villa, rodeada de un cuidado jardín, en la que pasaba largas temporadas. La casa se conserva, no ya en medio de la arena, sino rodeada de construcciones que casi la ocultan, muy cerca de donde desemboca en el paseo de la playa la calle que lo recuerda.

 

Don Amaranto

 

Don Amaranto falleció en 22 de junio de 1912. El disgusto por la muerte de su hermano Teófilo en febrero del mismo año fue considerado el principio de su declive vital. Legó su biblioteca a El Museo Canario, institución a la que había dedicado sus mejores afanes.

El libro de actas, en el que hasta sus últimos momentos como secretario había reflejado el desarrollo de la histórica sociedad científica, se abrió por otras manos para recoger el pesar de los directivos ante su fallecimiento: «… una inmensa pérdida para esta sociedad, a la que con un celo, actividad y cariño imponderables consagró afanes y esfuerzos valiosísimos, que le hacen acreedor a recuerdo y gratitud perpetua». Se acordó también colocar en El Museo Canario el retrato del que fue su secretario general y dar expresivamente el pésame a su señora viuda, en nombre de la Sociedad.

JUAN R. GÓMEZ-PAMO GUERRA DEL RÍO

La Provincia el 7 de febrero de 2021.



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