“Guanarteme, la oportunidad perdida” por Aridane Avila

Hace unos cuantos días escuché algo sobre la inauguración del nuevo parque de Tamaraceite. A priori una buena noticia, un espacio de reciente creación para el disfrute de los vecinos de Las Palmas de Gran Canaria en general, y del barrio en particular. Pero más allá de eso, nuestro sistema tiene trampas verdaderamente destacadas. Ya antes de que en 2014 se inaugurará a escasos metros del nuevo parque la primera gran superficie dedicada a la venta de artículos relacionados con el bricolaje y la construcción, la zona ha seguido un trayecto curioso.

Es una estrategia muy habilidosa intentar convencer que un nuevo parque es una buena noticia. Otra cosa es que lo sea. Toda la extensión donde hoy se juntan centros comerciales, importantes extensiones de asfalto que hacen las veces de parking, gasolineras, carreteras, etc..ya eran espacios de naturaleza.

El círculo tiene un trayecto claro. Cogemos un espacio, lo urbanizamos, desarrollamos espacios de consumo gigantes, construimos casas cerca para poder darles aún más valor, y lo que por ejemplo antes era un 100% de espacio natural, hoy es solo un 10%, primando más el cemento que lo verde. ¿Es una buena noticia la inauguración del parque? Es sin duda una buena estrategia política para quien la compre, claro. Pero realmente el verdadero parque se ha reducido, y mucho.

Porque más allá de esta situación, el modelo importado también conlleva la presión de tráfico en la zona, o el problema que supone para el comercio de proximidad no poder competir con las grandes superficies implantadas a escasos metros.

No obstante, si las zonas de nueva construcción caen presas de los imparables golpes del sistema, aún más fuertes son esos mismos golpes en los barrios con más antigüedad de la misma ciudad, y en especial en uno.

Guanarteme

Seguramente el sueño de cualquier urbanista es tener la oportunidad de diseñar un territorio en un momento de cambio. Con respeto al pasado, pero con voluntad de que la vida en el futuro de ese territorio sea agradable. Parece que en Guanarteme, la vida buena será la de los empresarios que construyen sin cesar en el barrio.

En 2009 Las Palmas de Gran Canaria era la ciudad con menos zonas verdes del estado español con 1’6 metros cuadrados de zona verde por habitante. La Organización Mundial de la Salud recomienda de 10 a 15 metros por individuo. Con contadas excepciones, la situación no ha mejorado mucho en esta última década. La ciudad ha construido parques en zonas donde la densidad de población no es la más fuerte, lejos de los núcleos donde más población vive.

Guanarteme es un buen ejemplo. La transformación del barrio que antes poblaban naves industriales, solares vacíos o casas terreras, se hace a velocidad de ladrillo y no de persona. Las famosas operaciones de esponjamiento basadas en la ley de directrices son perversas desde su nacimiento. Construir en altura dejando un espacio mínimo destinado a uso del barrio con dudoso objetivo, difícilmente beneficia al que vive en el barrio. Y así en ese trayecto, entre otros problemas, aparece la gentrificación con los más débiles como objetivo.

El precio del metro cuadrado aumenta, la gente que vive de manera habitual se ve expulsada y el tejido asociativo y comercial del barrio se ve claramente alterado. Un círculo de difícil salida.

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La importancia de hacer las cosas bien

Pero tampoco querría que estas líneas sirvieran para parecer que todo progreso es malo (si es que esto es progreso). No es así. Pero si hay otra manera alternativa de hacer las cosas. Leía no hace mucho un artículo de la profesora Layla Mccay de la Universidad de Georgetown, en la que trabajaba a partir de un concepto llamado “Ciudades conscientes”. Consiste en analizar datos, y hacer una lectura científica de manera multidisciplinar con arquitectos/as, médicos, sociólogos/as, y otros expertos buscando el bienestar de las personas y una mayor calidad de vida. Ese concepto, ha sido pasado por alto de manera flagrante en el costero barrio capitalino.

Construir con calidad no es solo hacer edificios más o menos altos. ¿Se está intentando hacer un Guanarteme de la gente y de calidad? ¿Cómo es posible que una zona tan cercana a la playa tenga calles estrechas que apenas dejen entrar la luz? Todos estos conceptos se revisan desde la psicología ambiental y el concepto de ciudades conscientes, y recogen la importancia de que la luz o los espacios verdes estén presentes en las construcciones modernas. La propia pandemia nos está enseñando también, la necesidad de lugares más amplios, con balcones o terrazas, elementos prácticamente desaparecidos en las nuevas promociones que se construyen en el barrio.

Los urbanistas tenían un trabajo a hacer como ciudad, que ya no tiene marcha atrás. Ya no habrá posibilidad de ampliar las calles, ya no habrá espacios para zonas verdes (Guanarteme no tiene ni un solo parque), y la movilidad seguirá estando marcada y exponencialmente aumentada, por el uso del coche particular con la diaria escena de vehículos aparcados sobre las aceras, y la habitual permisividad policial que se remonta a aquel famoso “multazo masivo” del año 2013.

Las Palmas de Gran Canaria ha perdido una gran oportunidad. Otra más en su historia. La perdió con las construcciones del Cono Sur, la perdió con la creación de nuevos barrios en las décadas de los 90 y los 00, y la ha vuelto a perder en Guanarteme. Se ha pensado más en el enriquecimiento rápido de unos pocos, que en crear una herencia saludable en forma de ciudad para las futuras generaciones. Pero lo peor de todo esto, es que más allá de las siglas políticas, desgraciadamente ya no hay marcha atrás.

Una playa, por maravillosa que sea, no sustituye por completo a un espacio verde. Una plaza con árboles, no es un parque. Y un barrio sin buenas condiciones para las personas que viven en él, deja de ser un barrio para convertirse en una colmena.

Aridane Ávila es Educador Social, Máster en Intervención Social y Comunitaria con especialización en Psicología Social. También acumula más de 15 años de presencia en medios de comunicación.

5 Comments

  1. Laura
    31 agosto, 2020 at 10:22 AM

    Las asociaciones de vecinos y las organizaciones sociales han perdido (y les han hecho perder) tanta fuerza, que no tienen capacidad para frenar el atropello. La ciudad donde vivimos deberíamos decidirla nosotras y no los intereses de los empresarios de la construcción. ¿Es mejor esta Las Palmas de Gran Canaria que la del PP? No, en todo caso peor por la expectativa generada. Mucho me temo…que llegamos tarde a tener un barrio sano y agradable.

  2. Jesus
    31 agosto, 2020 at 7:11 PM

    Y que me dicen del parque de las Rehoyas, que le están quitando un buen trozo al parque para construir casas, como si no hubieras sitio en las Palmas de Gran Canaria donde hacer esas casas, señor alcalde por favor no engañe al pueblo, que habrá más elecciones y ya sabrás lo que pasará

  3. Carmen
    31 agosto, 2020 at 8:43 PM

    Estoy muy de acuerdo con la ideas de tu artículo. Ciudades como Londres tienen en el mismo centro parques enormes tales como Hyde Park, Green Park, Regents Park entre otros, auténticos pulmones para una ciudad tan masificada.
    Es una pena que para disfrutar de verdad de un espacio verde tengamos que irnos a los alrededores ( ojo que adoro Los Tilos o Azuaje jejeje) pero en el día a día se echa en falta ese verde y esa luz tan importantes para la segregación de dopamina, serotonina entre otros químicos taaaaan importantes para nuestra salud mental. Cada vez estamos rodeados de más cemento… Sin embargo quiero hacer una lectura positiva y es que espero y creo que las futuras generaciones van a impulsar y exigir el cuidado, respeto por la naturaleza.

  4. Pech
    31 agosto, 2020 at 8:51 PM

    Gran artículo. Enhorabuena.

  5. Carlos Santana
    31 agosto, 2020 at 10:32 PM

    Gracias por el análisis tan acertado que haces. Un razonamiento exacto dónde se refleja la desdicha del residente de segunda generación, que es mi caso, ya que mi madre vino con mis abuelos procedentes de Teror hace 70 años y he visto cómo ha ido creciendo hasta la extenuación esta parte de la ciudad donde debido a las plazas y parques con aparcamiento subterráneo no permiten vegetación porque no pueden enraizar debido al cemento

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