Durante muchos años, en el límite de la calle Ferreras con el paseo de Las Canteras, a ambos lados de la escalera de acceso a la avenida, se encontraban dos populares quioscos que formaban parte del paisaje cotidiano de la playa.
Eran un auténtico punto de encuentro para vecinos, playeros y turistas. En ellos se vendía prácticamente de todo: polos y helados para combatir el calor, chucherías, periódicos y revistas, postales para enviar un recuerdo de Gran Canaria e incluso bebidas frías.
Era habitual acercarse a tomar un botellín bien fresco acompañado de un huevo duro, un sencillo tentempié que hoy resulta casi inimaginable, pero que durante décadas fue una estampa habitual de Las Canteras.
La imagen también nos recuerda cómo era aquella zona antes de su transformación urbana. En aquellos años, la calle Ferreras permanecía abierta al tráfico y los vehículos circulaban por una calzada paralela al paseo para incorporarse posteriormente a la calle Prudencio Morales. El ambiente era muy diferente al que conocemos hoy, con coches compartiendo espacio con los peatones a escasos metros de la arena.
La gran remodelación y peatonalización del entorno, llevada a cabo durante la década de los ochenta, cambió para siempre la fisonomía de este rincón de Las Canteras. La circulación desapareció, se ganó espacio para el paseo y los dos emblemáticos quioscos fueron retirados. Con ellos se fue también una pequeña parte de la memoria sentimental de la playa, aunque muchos vecinos, los más mayores, aún recuerdan aquellas paradas donde era posible comprar desde un periódico hasta un refresco mientras se disfrutaba de un día junto a Las Canteras.

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