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Fallece Pacuco Jorge, un mito de Las Canteras y del Real Club Victoria

Nació en 1920 en la calle Sagasta del Puerto de La Luz, muy cerca del Mercado del Puerto y de la playa de Las Canteras

Pacuco Jorge, leyenda del fútbol grancanario y en especial del Real Club Victoria ha fallecido este jueves, 12 de octubre, a los 97 años de edad.

La capilla ardiente está instalada en el Tanatorio de San Miguel de la capital grancanaria y el entierro tendrá lugar a las 12.00 horas de este viernes, 13 de octubre. en el cementerio de San Lázaro.

Fallece Pacuco Jorge, un mito del Real Club Victoria y de Las Canteras. Su impecable imagen con su puro sentado a la fresca en la puerta del club de sus amores parecía que sería eterna. Fue protagonista de nuestro libro “Mi Playa de Las Canteras” y de nuestro documental “Mi playa del Arrecife”

Reproducimos una entrevista suya efectuada hace algunos años para está web por Teresa Iturriaga

Recuerdos playeros de Pacuco Jorge: “La guerra me saco de la playa”

Teníamos nosotros una sociedad aquí al lado, que fue el Victoria también, se llamaba “La juventud porteña”, y estábamos todo el día en la playa, de mañana a tarde. Éramos tres amigos íntimos: Domingo Rodríguez, que trabajó en la construcción, Pepe Guevara, que era motorista de los barcos y yo. Y en esa esquina estábamos todos los días. Ahí mismo donde están las barquillas, pero antes estaba mucho más lleno, porque la gente de La Puntilla vivía de la pesca. Y, claro, todo el día en la Playa de Las Canteras, fíjate tú, la zona mía de Las Canteras es de aquí hasta donde estaba el Hospital Inglés, donde está el Cristina. Todo esto, desde aquí hasta allí. La playa antes vaciaba una barbaridad, una cosa tremenda, y vaciaba tanto que se hacían grupos de muchachos jugando al fútbol, cinco a cinco, seis a seis… Cogíamos dos pelotas de arena y hacíamos grandes partidos allí. Por eso salieron tan grandes futbolistas, ¿no? Muchos, muchos futbolistas. Más tarde, estuvo el Palace también allí. Aquí también se formó una cosa de waterpolo que jugábamos aquí con el Club Náutico, con Las Alcaravaneras… con equipos de aquí y también contra el Palace.

Aquí, todos los días, para formar el campo, era un trabajo tremendo, porque teníamos que poner unos sacos de arena en los extremos y había que margullar allí y poner los sacos. ¡Todo eso antes de jugar! ¡Todo ese esfuerzo era antes de jugar! Y claro, todo el día cogíamos las puertas, nadábamos y después entrenábamos, tirábamos a puerta. Toda esa historia. Así que yo fui primero waterpolista que futbolista, sí, porque yo me hice futbolista después de la guerra. Porque yo, cuando estuve en la guerra, estuve de permiso, estuve en Coruña… Hilario Marrero, el gran futbolista, no me conocía a mí, me conocía de la playa, pero no me conocía como futbolista. Hoy son profesionales de mucho dinero, pero también éramos profesionales antes, también, aunque ganáramos 500 pesetas. También éramos profesionales del fútbol. Pero, entonces, Hilario me vio en La Coruña y yo tenía un tío que era odontólogo, un hermano de mi madre, y… cuando iba a La Coruña, pues me iba allí a la casa de ellos. Hilario me vio por allí y me dice: “¿Qué haces aquí?”; yo le dije: “Pues estoy en la guerra, estoy en el cuartel, pero estoy con permiso…”. Y así jugué en el Coruña un par de partidos, no como equipo de liga, porque en esa época no había liga, eran equipos regionales. Jugué con Acuña, el célebre portero internacional, jugué con Hilario, jugué con Antón… Estaba en la guerra y no podía quedarme allí… me quedé dos o tres meses nada más.

Y de los recuerdos que tengo de aquí, de la playa, te voy a contar algo sobre el Sensat. El Sensat era un barco de pesca de esos grandes que se fondeó ahí fuera y tenía sus trampolines y todo. Era una cosa que estaba muy bien, además, tenía hasta una sala de baile. Y se hizo aquí un muelle pequeño para que la gente se embarcara en botes hasta el barco. Pero desde donde estamos ahora, en el Club Victoria, hasta allí, se hizo un pasadizo que era digno de ver… todo el público y las damas… Oye, paseando todo el mundo hasta el muelle. Allí había una escalerita y una barca que los llevaba hasta el Sensat. Bailes y todo, ¡cuántas veces me subí al Sensat yo! Y me tiraba de arriba, de los trampolines. La gente que iba allí era gente del Club Náutico, de perras.

Nosotros también íbamos a La Barra, pero ya La Barra no es lo que era. ¿Tú sabes lo que era La Barra con aquellos erizos preciosos? Los colores de los erizos… aquello era precioso… hoy nada, hoy no hay más que arena. ¿Tu ves La Peña del Pastel? Bueno, ésa está un poco fuera, pero La Peña del Pico, ésta que está un poco aquí, frente al hospital, a la comandancia… ¡eso nada! Con toda la arena sólo se ve un poco de roca y antes era una roca preciosa, un marisco bonito.

Esta playa era nuestra. Allí enfrente, donde está el Club de Vela del Victoria, estaba doña Librada, la profesora, y otras familias, y siempre uno estaba medio enamorando y tal… y yo, de aquí, iba nadando allí abajo, siempre, cuando las veía asomarse a la ventana. Para charlar, ¿no?, para charlar… Desde que veía, estando con los tres amigos, veía a la muchacha asomarse al balcón, ¡buh! Y allí estábamos, sentados en los mariscos, hablando, en fin…

Otra cosa. También tuvo la playa esta, no como atractivo, sino como un negocio, los del Alcorde, los Medina Vega… que era la cordelería. Había una piña de madera con tres estrías de ésas que se pasaban y se unían en un cabo solo. Cosas de pesca. Allí estaban las máquinas y, fíjate tú, que nosotros, cuando estábamos corriendo, haciendo perrerías y tal, pasábamos por allí, y no teníamos la precaución muchas veces de pasar por debajo de eso y oye… teníamos que avisar a aquella gente que pararan la máquina porque se llevaba la cabellera. Cosas de chiquillos. Recuerdo un artículo de Martín Moreno que decía que la playa era tan grande que los perros podían correr y jugar y todas esas cosas… Claro, la playa vaciaba mucho. Donde está ahora la Comandancia de Marina, era el Hotel Tower, donde venía Zamora, el del Barcelona. Nosotros jugábamos por allí, al lado, debajo de la Caseta de Galán… Y también decía Martín Moreno, muchas veces en sus charlas, que Zamora decía: “Coño, el chiquillo ese… pues tiene condiciones…”; normal, todos estábamos por allí jugando y un chiquillo que destaca, pues…

Y, luego, también recuerdo que venían ingleses a la Caseta de Galán, una caseta grandísima que se prendió fuego o le pegaron fuego… yo no sé. Eran turistas, porque esta isla era inglesa, por todos los negocios del carbón, etc. Recuerdo los Yeoward, los barcos ingleses esos famosos que todas las semanas venían por aquí. Había unas casetas inglesas por donde están ahora las casetas de las hamacas, un poco más adentro, hacia el mar… eran casetas de gente inglesa de aquí, de Las Palmas, que venían y tenían como un corredorcito con cuatro escalones para bajar a la playa. Allí se cambiaban. Y yo me acuerdo en la Caseta de Galán, que claro, tenían así, en los cuartos de baño, unas rendijas que… nosotros, para ver a las “chonas”, desnudas, así, pues… estábamos siempre mirando. Ellas nos veían y nos tiraban agua. Sí, sí, sí. Por cierto, hubo una vez aquí un lío… un guardia tiró un tiro y le dio a un muchacho sin querer, porque esto era un escándalo. Allí dormía gente, se metían los mendigos debajo a dormir a la Caseta de Galán… pero bueno, era bonito.

Para mí, jugar en el Victoria… en fin, mi padre fundador del Victoria, porque él fue defensa del Victoria. Y yo nací en el Victoria, porque hay mucha gente que desconoce el inicio de la cosa esta. Yo de dos años ya estoy retratado con Gonçalvez encima del balón… de dos años. Me cogían en las guaguas que sabes que se vestían aquí y nos íbamos para el Campo España. Claro, y yo era la mascota. Yo me acuerdo con dos años, perfectamente, con Pepe Álamo: “Dame el chiquillo p’acá, dame el chiquillo… dame el chiquillo a mí…”. Coño, ¿no va a ser futbolista del Victoria? ¡Si nací aquí! Pero fue la playa, la playa fue en donde yo cogí el toque ese de la pelota, coger el balón y dejarlo parado en el aire… Todo eso es la playa, aquí, es fenómeno. Mira, yo me levanto todos los días y me voy para la playa de Las Canteras y parece que es la primera vez que yo veo la playa. Oye, una cosa… un cariño a esa playa… Esto es una maravilla: ¿cómo es posible que la naturaleza haya hecho eso?, ¿cómo es posible que la cosa volcánica haya hecho esa barra ahí? Ya te digo, la Playa de Las Canteras… eso es lo más grande, es difícil que haya otra como ésta.

Teresa Iturriaga Osa

 DEP Pacuco Jorge

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