El Día de Dahira por Teresa Iturriaga Osa.

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Arde la mañana como una hoguera en mi cocina y a lo lejos veo sombras de caminantes, sus cabellos ruedan por la arena. Mecen el paso sobre barcas que descargan anhelos, arco iris de pensamientos por la orilla de Las Canteras. En la calle se abre el portal de mi amiga Fatou y la saludo con la mano desde la ventana. Ella me sonríe mientras arrastra su cara de pantera silenciosa por los cristales de la panadería… Ahora teje sus tules en penumbra, sueña con su tierra natal y los dientes se le afilan al paso de una guagua que rasga descaradamente su túnica de colores preferida. Es el Día de Dahira y le quiebra un aroma de nostalgia. La observo a través del humo cuando se acerca a la playa. La espuma no distingue entre siluetas, no hace retratos de huellas, allí se desvanecen toubabs y modous. Se arregla el collar y el tocado, se sube su propia cabeza del regazo hasta las nubes. Convoca al corro de mujeres, juntas entonan canciones fértiles, unen sus manos y se escapan, despegando hacia Djolof.

Texto: Teresa Iturriaga Osa

Foto: Tino Armas

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