“Cuando dos caminos se separan… toma aquel que se dirija a la playa”. Hannah McKinnon

Viernes: con la brisa del norte llegan las nubes

Hibernando en la playa

Las estaciones y sus cambios no sólo atienden a la meteorología, sino a estados de ánimo que se producen por un cambio en las costumbres habituales. El invierno es sinónimo de recogimiento, y refugio pero no sólo en las regiones árticas o templadas. La playa también es un lugar del cual se hiberna, y los habituales coros de gentes variopintas que se lanzan a la compañía del mar, el sol y la arena, en esta época se retiran. La playa con su serpiente amarilla yace bajo los tenues rayos como un animal indómito. Los más playeros siguen en el mismo trasiego de paseos y miradas lánguidas al horizonte de la barra y más allá. Pero en los días que el alisio ulula con más fuerza es difícil regodearse en el salitre. El alisio lanza su ventolera sobre las olas, y ya digo, la playa se expone a la intemperie de la tormenta más que nunca. Sólo un hay rincones azocados en los que podemos disfrutar de esa visión salvaje; el cielo tormentoso, el alisio casi antártico, el mar verde casi como de río, y la arena más fría que nunca (el muro Marrero es un buen lugar para avistar las tormentas).

Aunque en la hibernación vuelven las visiones idílicas del paraíso. Quizás a los osos polares les suceda lo mismo con el Ártico. La hibernación es un estado letárgico en el que muchos animales de sangre caliente pasan el invierno, sobre todo en regiones templadas y árticas. Se puede decir que cualquier mamífero que permanece inactivo durante muchas semanas con una temperatura corporal inferior a la normal está en hibernación.

En el caso de los playeros el letargo tan sólo ocurre porque se reduce el trasiego. No podemos comparar a un playero con una ardilla de la tundra obviamente. Pero sí decir que está en letargo frente a la actividad que desarrolla en verano sobre los lisos, la barra o la marea.

Un animal muy adaptado que hiberna, como una ardilla de tierra, se retirará a su refugio bajo el suelo en la estación apropiada. En pocas horas reduce su temperatura corporal de forma drástica y entra en letargo, aunque la temperatura exterior pueda sobrepasar el punto de congelación, y emerge con rapidez de la hibernación, en un espacio de tiempo igual de breve, cuando se origina una explosión de energía metabólica que calienta el cuerpo hasta alcanzar un nivel adecuado de actividad. Durante la hibernación la tasa metabólica de la ardilla puede ser un 10% inferior a la normal, su corazón puede latir sólo de diez a veinte veces por minuto, en lugar de 200 a 300, y puede llegar a respirar sólo cuatro veces por minuto, en vez de 100 a 200.

El letargo playero no produce cambios tan drásticos, pero sí incrementa el disfrute de una playa de inverno que parece otra, muy distinta a la que se exhibe en verano…..Así que la hibernación playera es una suerte de sueño lento y placentero que ofrece otras variaciones sobre el mismo tema.

Montse Fillol

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