“Cuando dos caminos se separan… toma aquel que se dirija a la playa”. Hannah McKinnon

Intervalos nubosos, posibilidad de algún garujón por la mañana

El pintor Fernando Álamo y su visión estética para Las Canteras

T.- Fernando, vamos a hablar un poco de la estética del paseo, recuerdo que una vez dijiste que no te gustaba la uniformidad…

F. Á.- Vamos a plantearlo de otra forma, si te

parece, porque yo creo que la playa hay que considerarla como un conjunto de cosas, no sólo lo que es el tramo ése, la hilera de arena y el trozo de mar, sino, además, todo lo que está detrás, todo lo que rodea ese istmo, ese paseo. Pensar que ese solo elemento natural -tan bonito, tan defendible, siempre tan halagado- se mantiene por sí solo, me parece un tremendo error. Y no sólo por la conservación y las medidas que habría que tomar, ya sea el hecho de poner, quitar arena, trasladar arena –que reconozco que todo ese tipo de cosas es importante-, sino también por la limpieza del paseo y de las calles aledañas, además de todo el tema de restauración, inseguridad de la zona, etc. Todo eso entraría dentro del elemento de la Playa de Las Canteras y me parece mucho más interesante que no sólo hablar de si ponemos o quitamos cuatro sombrillas.

T.- Bien.

F. Á.- El aspecto general que a mí me da la playa es el de una especie de campo de concentración. Y hablo así de claro. En primer lugar, producido por equis elementos como son esas farolas gigantescas o el exceso de verborrea por esos altavoces que nos están dando la murga todo el santo día. Ya sabemos los usuarios de la playa y los vecinos de la zona lo que significan las banderas, y que lo repitan de vez en cuando me parece normal, pero que, fijo, estén dando consignas de que no se pueden hacer juegos de pelota, ni usar radios, ni molestar a los demás… al final, están produciendo el efecto contrario, porque lo que nos está molestando es eso precisamente. En ese sentido, me estoy refiriendo a un campo de concentración figurado, porque da la sensación de que te tienes que dirigir por una serie de pautas así. ¿Y si yo quiero estar tranquilo sin que nadie me moleste lo más mínimo? En segundo lugar, por la luz. Es decir, en un paseo como ése, es increíble que a las nueve o las diez de la noche tú no le veas la cara a la persona que te viene de frente. No se ve. Es un error grave. Vamos a hablar también del pavimento, que considero un tema importante. Además, estoy de acuerdo con lo que leí en la entrevista de José Antonio García Álvarez, donde decía que subían los grados del paseo; el otro día lo consulté con un ingeniero y me dijo que, por el tipo de material y por el color, retiene una cantidad de calor que revierte en la subida -como mínimo- de un par de grados de temperatura. Pero no sólo eso, sino que me parece un pavimento que está haciendo las delicias de los zapateros por la cantidad de tacones rotos que se ven todos los días en el paseo. Ayer, en concreto, yo estaba asomado en el balcón a las once o las doce de la noche…

T.- Tú vives en el mismo paseo, ¿no?

F. Á.- Sí… Bueno, veo cinco señoras muertas de risa con los zapatos en las manos porque se les enganchaban en el pavimento. Es decir, que no es una cuestión que te pasa a ti puntualmente, sino que es fija, además de los problemas de limpieza que todos sabemos que ocasiona. Y volviendo al tema de la uniformidad, yo llevo años oyendo hablar de uniformar de criterios en cuanto al color, estética… en fin, pamplinas. Y si es cierto que hay una ordenanza municipal que contemple desde el número de mesas hasta la calidad de los muebles que se ponen en la avenida, pienso que: o no existe o, simplemente, no la aplican. O… el concejal de playas debe de ser que jamás ha paseado por la Playa de Las Canteras. No. Las cosas como son: ¿por qué no decirlas? Yo soy partidario de una uniformidad centrada en la calidad del mobiliario que se instale en Las Canteras, no insistir tanto en el color y los materiales, sino moverse dentro de unos parámetros de calidad. Estamos asistiendo todos los días a un espectáculo, una multitud de mesas y sombrillas, como una especie de plaga que se ha ido extendiendo. Tú pasas un día por aquí y antes había tres mesas, pero ahora hay dieciséis, unas sombrillas y una estética de locales que no se cambian desde hace veintiocho mil años… Hombre, claro… Además, no sólo eso, sino que ya se han permitido el lujo de colocar hasta bambalinas en algún sitio… que nos da la sensación de un atrezzo de una opereta o de zarzuela mala… que si floritas y el balcón con cosas colgando y no sé qué historias… Vamos, yo… francamente, no entiendo cómo se permiten. Incluso, se dificulta el acceso a los bancos públicos, hay una ocupación de ese espacio por parte de restaurantes donde se han dedicado a poner la mesa al lado del único banco público de su zona. Eso me parece una dejación de la autoridad. Y, ahora, como se ha puesto de moda lo de las casas comerciales -que están regalando esa especie de caballetes en los que se lee el menú-, un restaurante ya no sólo pone uno, sino tres. Después llegará todo lo que estos años hemos defenestrado del turismo de masas, desde anunciar el “happy hour” hasta las rebajas con el menú del día y lo que se les ocurra. Al final, se está haciendo un conjunto estético de toda esa zona de la playa que me parece heterodoxo, completamente. Ahí tendríamos que tener mano dura, habría que exigir un comportamiento mínimo, un número de mesas determinado y punto. No creo que eso sea tan difícil aplicarlo, vaya.

T.- ¿No crees que hay zonas en las que se estrangula el paseo?

F. Á.- Sí, entre otras cosas. Y no sólo se estrangula, sino que además nos ocultan la playa.

T.- Explícanos eso.

F. Á.- Hombre, claro. Si tú vas caminando, te encuentras sombrillas atadas con cuerda a la barandilla… es como una especie de muro provisional que montan todos los días por la mañana. Eso te va haciendo la visión incómoda y no se da la imagen de Las Canteras que se debería dar.

T.- ¿Y qué opinas de la calidad de la restauración?

F. Á.- De eso quería hablarte, porque, salvo excepciones -que las hay, no muchas-, no hay ni una comida popular que más o menos esté bien. Lo más que te puedes encontrar es un sitio donde te pongan unas papas hechas tres días antes y recalentadas en un microondas con un mojo que no se sabe qué día está hecho y con unos precios… Eso habría que mejorarlo ahora que los comerciantes se quejan tanto de que la gente no va. Pues que se miren ellos mismos y sepan también porqué no vamos, vaya. Y, después, la proliferación de buffets, restaurantes seudocanarios, que huelen a aceite viejo, en fin…

T.- Sí, tienes razón, como proyección turística… un cero.

F. Á.- Mira, yo pienso que en Las Canteras, el turismo como tal, ese turismo que existía hace veinte o treinta años, ya no existe. Yo, en veintitantos años que llevo viviendo en la playa, cada vez veo menos turistas de una forma estable. Sí, ves grupos de turistas que llevan a dos sitios puntuales en una guagua, los recogen y se vuelven a ir.

T.- En Las Canteras se realizan festivales de cine o de música con una proyección internacional, ¿cómo puede compaginarse eso con la baja calidad de los servicios turísticos?

F. Á.- Efectivamente, ahí estamos viendo las contradicciones. Es una pena que la zona se vaya deteriorando tanto estéticamente. Y en el orden social, yo no sé qué habría que hacer: servicios sociales, policía… Hablamos de prostitución, de drogadicción, de todo ese mundo que se ve a cualquier hora del día. Es hora ya de marcar otra vez una pauta, y, a partir de ahí, desarrollarla y dentro de unos años, revisarla de nuevo. Ésa me parece la fórmula.

Teresa Iturriaga Osa.

Hemeroteca/miplayadelascanteras.com

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