“Cuando dos caminos se separan… toma aquel que se dirija a la playa”. Hannah McKinnon

Ambiente primaveral. Llegan nubes tras un mediodía despejado

La pequeña sirena.

Alina es una linda sirenita que vive en las limpias aguas de la playa de Las Canteras.

En dicha playa hay una roca grande a la que llaman la Peña de la Vieja, desde allí Alina no deja de mirar a los niños que juegan en la arena, ella quisiera tener dos piernas para poder acercarse a jugar con ellos.

Es una sirenita preciosa de piel muy blanca, cabellos rubios, casi blancos y unos ojos de un verde profundo que recuerdan más a un lago que al mar azul donde nació.

Desde hace un par de años que se asomó por primera vez tan cerca de la playa, no puede separarse de ese lugar. Desde allí ve la arena y el paseo y mira con desconsuelo a los niños de su edad jugar y divertirse, tanto en el mar como en la arena. Ella ya no juega con sus amigas, solo piensa en caminar, ese deseo es cada vez es mas fuerte y como sabe que no podrá conseguirlo, cada día esta mas triste, sus familiares ya no saben que hacer, pero si la retienen en el fondo del mar, Alina aun se pone peor, asi que prefieren dejarla que pase todo el tiempo medio escondida en esa roca.

Un día por los fondos marinos apareció Marcelino, un cangrejo con mucha fama de hacer grandes hechizos. Todos corrieron a contarle el caso de Alina y el cangrejo decidió hablar con la sirenita.

Se acercó a la Peña y allí la encontró, ya era muy tarde y Alina con los bracitos apoyados en la roca miraba como todos se marchaban de la playa. Marcelino se dispuso a preguntarle un par de cosas y mientras ella le contestaba, notó la inmensa tristeza que había en su voz.

El señor cangrejo se dio cuenta que el deseo de la sirenita era muy firme, asi que decidió ayudarla, le dijo que él le podría dar unas piernas, pero le borraría la memoria, ya no recordaría que había sido sirena, además le haría algunos cambios en su físico. Alina aceptó encantada todo lo que le decía Marcelino, este le dijo que esperase, que tenia que buscar una cosa, desapareció bajo las aguas, para volver rápidamente con una copa,

que le rogó a la sirenita que se bebiera. Al momento una especie de niebla empezó a rodearla y Alina cayó en un profundo sueño.

Cuando se despertó estaba en una patera que dando tumbos se acercaba a la orilla. No recordaba nada y no conocía a nadie, tampoco entendía lo que le decían, alguien la abrigó con una manta y la acariciaron, caminaba muy mal, todos decían que era debido al frió que había pasado en alta mar.

Pasaron los días y una familia adoptó a la niña, le pusieron de nombre Verónica, y poco a poco le enseñan su nuevo idioma, están locos con ella, es una niña preciosa de piel muy oscura y cabello negro de suaves rizos, sus ojos son los que llaman la atención, son de un verde profundo que si los miras fijamente crees ver en ellos el movimiento del mar. La niña aprende muy rápido y lo más que desea es que la lleven a la playa, allí corre y salta sin parar. Ya tiene muchos amigos.

A sus padres solo les preocupa una cosa, y es el porqué Verónica se mira tanto sus piernas.

Para mi nieta Verónica deseando que ame tanto el mar como su abuela Pepi.

Pepi Núñez

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