“Hombre libre, siempre querrás al mar”. Charles Baudelaire

Don Miguel, el barquillero

Desde que empezó el verano le he buscado cada mañana. Los domingos esperaba verle aparecer con su andar pausado y su traje de blancura inmaculada, pero no venia, empezaba a estar preocupada. Uno de estos domingos pasados me fui a dar una vuelta al Rastro, cuando me subí a la guagua, en la estación detrás del Parque de san Telmo, vi a un señor que me recordó a él, estaba sentado junto a una chica joven. No pude remediarlo y me acerqué y le pregunté – ¿No es usted el señor que vende los barquillos en la playa de Las Canteras? – Miguel para servirle – me contestó, me llevé una alegría enorme, le dije – ¿No me recuerda? – Me miró fijamente y me dijo – Si, claro que si, usted me compra siempre barquillos – le comenté que el pasado año le había dicho que quería sacarme una foto con él, pero ese día no tenia la cámara. Su hija me dijo que él lo había comentado en su casa. Despues del día que le dije eso, el tiempo cambió y ya no volví a verle. Este año él quiere ir a vender barquillos, pero su familia no quiere, ya pasa de los 80 años, de todas formas me dijo que tal vez vaya alguna mañana de este mes de Agosto, si es así yo estaré esperándole. Para mi Don Miguel es el barquillero más antiguo que conozco, bueno en realidad yo ya comía sus barquillos cuando los vendía su padre, yo era muy chica y el padre de él llevaba la barquillera, una caja cilíndrica, cuya tapa tiene una especie de rueda giratoria, con unos clavillos que cuando tu la haces girar, esos clavillos marcaban un numero, y ese numero era los barquillos que te correspondían. Yo le pregunté por la barquillera y me dijo que aún la conserva en su casa. Lo que si les puedo asegurar, es que el sabor es el mismo de cuando yo era una niña. Don Miguel me comentó, que él los sigue haciendo de forma totalmente artesanal. Yo diría que los sigue haciendo con el mismo amor, por eso son tan buenos. Hay sabores que no se olvidan y este de los barquillos de Don Miguel es uno de esos, que recordaré toda mi vida. No he encontrado otra foto mejor, aquí se le ve de espaldas. En la más antigua está su padre, en esa se ve la barquillera a la que yo le daba vueltas.

Desde aquí yo le mando un abrazo y le deseo mucha salud a la persona que ha endulzado todos mis tantísimos días de playa.

Pepi Núñez 12 de agosto de 2007

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