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Miércoles: grandes claros animarán el día, sobre todo por la tarde. Precaución con el mar
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El fuego no pudo con el paraíso.

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Apagado el fuego abrasador, un fuego de dimensiones políticas, nos cuentan que el paraíso canario -a Dios gracias- ha sobrevivido. El campo de Gran Canaria y Tenerife es ahora ceniza, como el muy turístico de Lanzarote. El fuego no pudo con el paraíso.

Ya se informa de que el bombero pirómano está controlado y sofocado; ya se anuncia que no habrá responsabilidades para irresponsables por tanta paja en los “unefuegos”.

“Entre bomberos no vamos a pisarnos la manguera”, dice una graciosa frase argentina; y eso es lo que, temiendo salir chamuscados, han debido pensar en los partidos. Olvidémonos pues de comisiones parlamentarias de investigación (¡qué bien por otra parte!) y de fuego cruzado entre políticos. Madrid viene rápido a pagar este fuego con un chorro de dinerito fresco.

Pero hay otro fuego más abrasador en nuestros corazones canarios, donde el brazo de mar no consigue ser cortafuego. Un fuego avivado por afiladas lenguas que saltan de una orilla a otra. Un fuego en el papel de periódico.

Este fuego, ¿quién lo apagará?

Mientras tanto ardía la arena sin panza de burro, ardían los coches de la noche gamberra, ardía de frustración el ciudadanito de a pie.

Con todo, ahí siguen las playas, el monte con sus pinos… ¡que rebrotarán!: ¡El fuego no pudo con el paraíso, queridos paisanos y turistas!

Luis del Río García.

En la cumbre, a 5 de agosto de 2007

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