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Proyecto de Miguel Martín Fernández de la Torre para la construcción del Real Club Náutico de Gran Canaria en la Playa Chica

En la década de los años 40 del siglo pasado y debido a las dificultades del sitio donde se encontraba el viejo Club Náutico debido al crecimiento del Puerto surgió la idea de construir un nuevo Club Náutico, y ofrecer el viejo edificio del club al Ministerio de Industria y Comercio para destinarlo a Delegación Marítima, por lo que se iniciaron las gestiones para elegir el sitio más conveniente para el emplazamiento del nuevo edificio.

Estas primeras gestiones se quedaron paralizadas debido a la situación vivida por el país como consecuencia de la guerra civil y los posteriores años difíciles de la posguerra. Con el comienzo de los años 50 se retomo la idea barajándose varios proyectos para el edificio y para su posible ubicación. A continuación les detallamos la idea propuesta para construir el Club Náutico de Gran Canaria en la playa de Las Canteras. Proyecto del gran arquitecto canario Miguel Martín Fernández de la Torre, y que como todos ustedes se imaginan no prospero.

Este texto es un extracto del libro “Real Club Náutico de Gran Canaria 1908-2000″ escrito por Manuel Ramírez y Encarna Galván.

“El primero de los proyectos para la construcción de una nueva sede social para el Real Club Náutico de Gran Canaria aparece incluido en la propuesta de ordenación de la Playa de las Canteras, realizado por Miguel Martín Fernández de la Torre, y en el que intervino el arquitecto alemán Richard von Oppel. El edificio que Martín Fernández concibió para ser construido en el lugar conocido por “Playa Chica” no puede estudiarse aislado, ya que se trata de uno de los dos polos de un proyecto de remodelación del tramo de la Playa de las Canteras que va desde aquel lugar hasta La Puntilla, donde un faro cerraría el arco. La arquitectura del edificio parece diluirse en el conjunto urbano que conecta con el Parque de Santa Catalina, perdiendo su valor funcional por la dificultad de practicar desde allí los deportes náuticos, si se exceptúa la natación, para la cual el arquitecto diseñó una piscina de grandes dimensiones. En el croquis conservado se pueden observar dos cuerpos en forma de “L” abiertos, uno a la playa y otro a la piscina, configurando el conjunto un gran mirador, con unos paseos adosados, por uno de los cuales, el situado en el norte del croquis, se accede a la playa a través de una bellísima escalera semicircular.

Las curvas de la escalinata, armonizando con la severa pureza de las líneas rectas predominantes, facilitan la entrada desde la playa a un conjunto que parece responder más a necesidades de reuniones sociales, de tertulias, o de tranquila contemplación del paisaje marino, que a un Club que tiene su razón de ser en el deporte náutico. Si un club náutico está indisolublemente unido al mar, y es un actor principal de las “cosas del mar”, el edificio que diseñaron Fernández de la Torre y Oppel no es otra-cosa que un simple espectador de la vida marinera.

Pese a todo, se trata de un diseño concebido según la estética racionalista de la que Canarias fue un foro importante, junto con Madrid, El País Vasco y Cataluña, gracias a la conjunción de dos aportaciones fundamentales: la revista Gaceta de Arte y la obra de Miguel Martín Fernández de la Torre. Gaceta de Arte es el “punto de referencia obligado para el conocimiento de una parte de la cultura y arquitectura de la época”, ya que a través de una serie de manifiestos sobre arte, difundió la única base teórica que existe en el campo de la arquitectura racionalista en Canarias y mediante la cual el Archipiélago se integró en los movimientos artísticos europeos, siendo reconocido como un centro de vanguardia. Por otra parte, del estudio del arquitecto Martín Fernández de la Torre, compartido con Richard von Oppel, salieron los edificios racionalistas más significativos y que son expresión de una arquitectura que se desprendió de “vestiduras superfinas para tomar una posición sencilla, automática con el estado económico de la sociedad”.

A simple vista, el Club que Miguel Martín diseñó para la Playa Chica responde a las ideas básicas de la arquitectura racionalista propagadas por Gaceta de Arte: ser la única que facilitaba el desenvolvimiento de la vida moderna, y obedecer a los principios de economía, higiene, comodidad, aire, luz y salud. Si el racionalismo -apunta el profesor Sebastián Hernández- “supuso ante todo un cisma en la forma tradicional de fabricar en nuestras islas” este diseño para el Club Náutico constituye en cierto modo una concepción singular pues se trata de un modelo de arquitectura funcional que nada tiene que ver con lo “castizo, típico, regional”.

En la composición del conjunto destaca un elemento de gran importancia, la torre, que guarda cierta similitud con la del primitivo proyecto del Cabildo Insular de Gran Canaria, el edificio más característico de la arquitectura racionalista canaria. Pero si en éste, la torre es un elemento “carente de función específica”, y su misión, además de equilibrar a todo el conjunto, tiene un carácter representativo, la del Club Náutico no es un elemento distinto a los demás del diseño, sino uno más con una clara funcionalidad de despacho o habitación. Esta característica funcional tal vez pueda relacionarse con las torres o miradores que existen en muchas casas sobre todo del barrio de Triana y Ciudad Jardín, que se utilizaban como observatorio para escudriñar el horizonte marino, y contemplar la llegada de los barcos que se acercaban al muelle de Las Palmas o a la bahía de La Luz, con sus bodegas repletas de mercancía consignadas a las casas comerciales. La torre se convierte, en este sentido, en un símbolo mercantil que se yergue airosa sobre las terrazas de los caserones propiedad de una burguesía dinámica y emprendedora.

La torre se repite en los otros dos bocetos y en el anteproyecto del edificio actual, actuando como faro que señala su situación dentro del Puerto, y como polo de atracción de embarcaciones deportivas, a las que parece dar la bienvenida con la bandera del Club ondeando en el mástil, en el primer boceto, o en la grímpola triangular que aparece dibujada en el plano de Manuel de la Peña.

En el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas se conserva un croquis en papel vegetal, coloreado en rojo y verde, sin fecha ni firma, pero la forma de rotular, la sencillez del dibujo y la forma de encuadrar el tema principal, el edificio, teniendo como telón de fondo al sur, el muelle grande, y al norte, el perfil picudo de la Isleta, parecen atestiguar la mano maestra de Miguel Martín Fernández de la Torre. Desde la calle de León y Castillo, y a través de un extenso jardín formado por ocho parterres trapezoidales, se accede a un conjunto en el que se mezclan elementos arquitectónicos presentes en otros edificios salidos de su estudio, la torre y los cuerpos del naciente nos recuerdan al Cabildo Insular, mientras que los laterales tienen un claro precedente en los que flanquean la entrada del Hospital Psiquiátrico. También la fachada principal es parecida a la que da acceso a la Base Naval, obras, las tres, que salieron del estudio de Miguel Martín Fernández de la Torre. Completa el proyecto un extenso varadero, constituyendo el conjunto una bellísima unidad marinera a cuya actividad se subordinan todos los elementos arquitectónicos del edificio que, de haberse construido, sería un magnífico testigo de la arquitectura racionalista en Canarias. La torre, que equilibra todo el conjunto, la armonía de sus paramentos en los que se conjugan perfectamente líneas curvas y rectas, y el juego sencillo de sus volúmenes, nos hablan con el mismo lenguaje estético de los muchos edificios que hoy podemos contemplar en nuestra ciudad, que buscan “la belleza por la proporción, por el orden, el equilibrio y, en definitiva, la armonía”, y que tiene el sello indeleble del arquitecto grancanario”.

Referencia: “Real Club Náutico de Gran Canaria 1908-2000 “de Manuel Ramírez y Encarna Galván.

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