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Domingo agradable , buen tiempo.  Marea vacía por la mañana

Historias: ” el reloj de la Playa Chica”

Antes del reloj digital de la Playa Chica hubo otro que rara vez funcionaba, al menos hace ya sus buenos años. Pero mucho antes de que pusiesen este último, o sea el reloj antiguo, ya los niños de la Playa Chica teníamos un “reloj” muy particular. Sabíamos la hora de subir a casa al mediodía por la forma en que mi madre, Edith Beningfield “Mrs.Correa”, nos avisaba a sus hijos de que era hora de subir a almorzar. Enemiga de dar voces para llamarnos para que subiésemos a casa “instituyó” este código que pasó de generación en generación. Sí, en los años 40 el “método” de mi madre, que entonces consistía en poner una toalla en la ventana (he de decir que hablo de la casa “antigua” que da a la Playa Chica y que hace esquina con Sargento Llagas, de dos pisos, y en cuyo piso alto vivíamos) a la 1:30 y en bajar la “persiana chica” (las persianas grandes de esa casa tienen unas “persianas chicas” –así las llamábamos en mi casa – que se levantan y se pueden mantener levantadas) donde estaba la toalla a la 1:45, sirvió no sólo a mis hermanos Jimmy y Nino para saber que la toalla en la ventana les avisaba de que era la hora de subir y que había que irse preparando y que la bajada de la “persiana chica” indicaba que YA había que subir, sino que también servía al resto de los niños de la playa. Hoy me contaba Mari Sánchez Naranjo, que ella y los demás niños (los Marrero, Naranjo, Teri Fuentes, Guillermito Sintes …….. ) de la Playa Chica de entonces al ver la toalla se avisaban unos a otros y al ver la persiana baja ya salían pitados para casa. Mis recuerdos de la famosa toalla en la ventana ya son de los años 50 en adelante. El horario debió de retrasarse, o yo era más obediente y no necesitaba un segundo aviso, pues la hora en que mi madre me ponía la toalla era la de la 1:45. Yo estaba pendiente pero si no siempre sabía que alguien me diría “Margarita, la toalla”.

Esta frase – “Margarita, la toalla” – me la dicen vecinos y amigos aún a veces cuando me ven y hace tiempo que no me han visto, pues ha quedado como recuerdo grato de nuestra infancia y juventud. Y es que, como he dicho más arriba, a ellos también les servía la “famosa toalla de Mrs. Correa” en la ventana como “reloj”. Me contaba Lidia Muñoz, que fue la primera de las chicas de nuestro grupo de la Playa Chica en casarse (con Nando Henríquez Blanco), que ella usaba cuando sus niños eran chicos en Escaleritas el “sistema” de la “toalla en la ventana” de mi madre para indicarles que subiesen cuando estaban abajo en la calle jugando. El grupo de niños y “jóvenes” de esa época estaba formado por los Marrero, Naranjo, Roig, Henríquez Blanco, Sánchez Ojeda, Muñoz, Pulido, Alfredo Sánchez Naranjo, José Alberto Díaz Beltrán, …. No quiero dejar de mencionar que en esos tiempos no había relojes de pulsera sumergibles en agua y que el sistema de la toalla en la ventana era visible desde la Barra Grande. Y así a partir de los años 60 ya también empezaron a beneficiarse de este “aviso” los nietos de Mrs. Correa, los Correa Bordes, los hijos de mi hermano Jimmy, que venían a casa a bañarse en la playa, aunque supongo que también les sería de utilidad a los hijos de mi hermano Nino, los Correa Guimerá, (que veraneaban en el piso bajo de la casa de mis padres), como seguía sirviéndome a mí y a los amigos y vecinos de la Playa Chica que crecimos con esta costumbre. Y es que no hace tanto que se dejó de poner la toalla en la ventana y que yo dejé de escuchar lo de “Margarita, la toalla” pues mi madre me la siguió poniendo hasta un año antes de fallecer, es decir, hasta 1995. Sí, los amigos de siempre de la Playa Chica tuvimos nuestro “reloj” particular y único en la segunda ventana de la derecha del piso alto de la Casa de los Correa unos 50 años. El reloj digital le ha sustituido, pero éste no se ve desde la barra ni tiene alma.

Margarita Correa

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