“Hombre libre, siempre querrás al mar”. Charles Baudelaire

Nuestro amigo Julio Maccanti.

(Fotos: Julio el primero por la derecha agachado en los 50, y en la actualidad)

Delante, la pantalla del monitor del PC, mis manos, buscando acomodarse sobre el teclado, y mi mente, tratando de poner un cierto orden en la última conversación que tuve con mi entrañable amigo Julio Maccanti.

No es nada fácil para mí transcribir ese momento, pero creo que he de forzarme para manifestar con que sensibilidad una persona en su estado actual, es capaz de sentir y valorar la playa de Las Canteras.

El encuentro.

Después de tomar un rato el sol, justo enfrente de La Peña la Vieja, me dirijo hacia el “Charcón”, nuestra piscina natural, y en ese trayecto, allí camuflado bajo dos sombrillas, ya que por prescripción facultativa le recomienda evitar la acción directa de los rayos solares, veo una persona, que después de casi dos años no tenía noticias de ella. – ¿Diría que aquel es Julio?- Me fui acercando y antes que yo acabara por disipar la duda, su mano derecha manteniendo apoyado el codo en el brazo de la silla, se mueve lentamente en ademán de saludo.

Cuando estoy ya cerca de él, contemplo una mirada viva, está como loco de alegría y de pronto con un tono de voz claro pero algo apagado ¡Juan Boza ¡ y a continuación… siempre te he tenido mucho aprecio, precisamente, ésta mañana pensaba en ti. –Julio, los amigos también se llaman con el pensamiento. -Hay un pequeño silencio, su mirada se dirige hacia La Peña la Vieja a la vez que comenta en baja voz, ¡Qué bonita¡. –¿Qué es bonita Julio? – Si hombre La Peña la Vieja, responde con gran pasión. Me pareció ver en su expresión cientos de recuerdos aparcados sin poderlos desenlazar para explicarme algunos.

Mira Julio, soy un aficionado a pintar con acuarelas, te pintaré La Peña la Vieja, ¿qué te parece? .- La guardaré en mi corazón, Juan Boza. ¡ Yo te aprecio mucho Juan Boza¡. ¿Dónde vives ahora? Me vuelve a preguntar.

Julio ¿cómo te encuentras? Me mira, pero no hay sufrimiento en su expresión, me contesta con una resignación espectacular, y siento que está asumiendo su enfermedad con gran dignidad. – Mis medicinas, mi comidita y mi playita me mantienen. ¿Lo que no se, es si hoy trabajo?. Juan Boza, ¡que alegría verte¡ ¿dónde vives?.- En Tarragona, respondo.- ¿Y siempre has vivido aquí en el barrio? ¿Donde está esa calle?-. Noto que se cansa al pensar y trato de hacer más fácil el momento.

Sus recuerdos son del pasado, por eso me remonto a sus años cuando estudiábamos Peritaje en La Escuela Industrial, antes de marcharse a Bilbao donde concluiría los estudios .

Tú, dibujabas muy bien. Recuerdo que ayudabas a tú padre dibujando la “rosa de los vientos” para reparar brújulas para los barcos. – Eran difíciles, había que escribir letras y numeritos,-aclara-, pero a mi padre yo le ayudaba mucho. Ahora hace tiempo que no le veo. Debe tener mucho trabajo y no puede venir a verme. Tenemos herramientas muy finas, brocas de hasta tres décimas.

Estoy paso un momento muy difícil, a punto que se me salten las lagrimas. Veo como a Julio se le empieza a humedecer los ojos y mirando a la lejanía dice -¡Mí pobre padre¡-. No se que paso por su pensamiento, pero fue muy triste para mí en ese instante la expresión de su semblante, vibre todo yo. Dudo en seguir el encuentro, estoy a punto de despedirme, pero algo me retiene y alargo un rato de charla. Porque en el fondo él disfruta en que este allí, a su lado.

¡Que te aprecio Juan Boza¡ y continúa. Tenemos que salir una tarde a tomarnos un refresco, su cara volvía a aquella expresión juvenil.

Desde luego Julio ya quedaremos. Aún quiero profundizar un poco más en esos recuerdos juveniles, porqué noto que le gusta y entonces insisto en uno muy bonito que él llevaba la iniciativa.

Nosotros teníamos un juego que tú hacías de capitán.¿recuerdas?. Con el bote de Antoñito Ravelo, salíamos varios amigos, como si fuéramos piratas, a descubrir peñas y ponerles nombres. Soltó una risa y me nombra a los hermanos Isa, – Carlos- pretendo ayudarle en el recuerdo tratando de nombrar a los otros hermanos Isa, pero me corta de forma tajante –y Fernando y Roberto afirmó. Ahora es el quien me recuerda cuando limpiábamos el Charcón de piedras, para hacer la piscina natural entre los Lisos y la peña del Piano, a lo que me añadió haberla medido y dar 30 metros. – Que bien Julio, es un recuerdo precioso, mientras apoyaba una de mis manos en su espalda y le daba ánimos.

No deseo seguir cansándolo y después de un adiós hasta luego, dejo a Julio sentado bajo sus dos sombrillas, una sonrisa alegre y una mano que después de un suave apretón con la mía, se agita suavemente despidiéndome.

Mientras me queda pendiente con Julio Maccanti dos cosas, la acuarela de La Peña la Vieja, cosa que ya empiezo en estos días, – quede enviársela a su esposa – y la salida a tomarnos un refresco, que no podré hasta el próximo año, puesto que mi estancia fue corta y ya estoy en Tarragona.

Nuestro amigo Julio Maccanti un gran amante de nuestra Playa de Las Canteras. Playero desde la cabeza a los pies, luchador en mantener el entorno ideal de las aguas y arenas, disfrutaba donde estuviera hablando de su playa. Hoy tratando de no abandonar, gracias a su esposa, que con su respeto, fortaleza y mucho amor comparte ese trozo de playa “El Charcón” buscando recuerdos de su juventud, ahí vivida.

Julio Maccanti padece la enfermedad de Alhzeimer y su mente lucha día tras día en sus profundidades, para ensamblar el puzzle de su vida.

Un abrazo amigo Julio.

Juan Boza

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