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Memorias playeras con Luis García de Vegueta (VIII)

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– Bueno, cuéntenos alguna anécdota más de aquellos veranos en la playa…

– Ya que antes me preguntaste por los trajes de baño, recuerdo que era muy simpático que aquí, en la familia, nosotros, los mayores, es decir, ya gente de 40 ó 50 años para arriba -que no se solían bañar normalmente en la playa-, era muy habitual que, una noche al menos -el día de San Juan o alguna fiesta determinada-, hicieran una fiesta nocturna en la playa que terminara en baño. Y era de lo más divertido ver los trajes de baño de entonces. Las señoras llevaban unos trajes por lo menos hasta la rodilla, y después, con manga cortita, con ribeteados que, generalmente, eran azules y blancos, pero en los caballeros se veían los trajes de baño más divertidos que se pueden imaginar. Recuerdo que, por aquel tiempo, don Agustín Massieu aparecía -no sólo en estos baños nocturnos que decía, sino en pleno día- con un traje de baño de rayas horizontales amarillas y negras que, desde luego…

– Parecería una avispa…

– Recordaba a la abeja Maya y era muy… muy simpático. Y así, otros. Yo recuerdo, por ejemplo, que mi padre tenía un traje de baño que también tenía una especie de manga corta y, luego, una especie de cuello que colgaba por detrás como los trajes de marinero infantiles. Y, después, entre la gente joven, las chicas también tenían unos trajes muy coquetos, bien elegidos, muy femeninos, pero que, también, se distinguían por llevar manga y la faldita hasta cerca de la rodilla.

– Y, claro, si se bañaban, luego, se quedarían helados… habría que quitarse el bañador… ¿dónde se quitaban el bañador?

– Nooo… eso era en la playa, después, se suponía que aparte de los balnearios, los veraneantes vivían en las cercanías y, por tanto, se vestían en su casa, pero toda esa época que hemos contado de Pildain y compañía era cuando estuvo prohibido el lucir los trajes de baño y había que llevar los albornoces. Entonces, empezaron a aparecer los primeros maillots femeninos sin el faldín correspondiente y, por último, cuando la llegada del turismo nórdico, ya fue el bikini, que fue una sensación en aquella época. Pero eso ya es casi ayer.

Teresa Iturriaga Osa

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