“En el mar no hay pasado, presente o futuro, sólo paz”. Jacques Cousteau

Gran relentada al amanecer

Memorias playeras con Luis García de Vegueta (III)

– ¿Y todos los veranos se reunía la misma gente que venía de Las Palmas en la playa?

– Bueno, sí, éramos todos más o menos conocidos, éramos los veraneantes, porque nosotros teníamos amigos veraneantes y, después, también chicos de aquí de la zona, de La Isleta y todo eso… hijos de cambulloneros que después fueron cambulloneros y grandes amigos. Por ejemplo, había uno que se llamaba Juan Betancor, y el apodo –porque, claro, entre los cambulloneros y toda la gente de La Isleta, todo el mundo tenía su apodo-, a éste le decían “el majapapa”. Bueno, pues… nosotros íbamos todas las tardes a la playa cuando había marea vacía, y hacíamos grandes partidos de fútbol con aquel sistema clásico de capitán de uno, capitán del otro, es decir, éramos 22 chiquillos o 38 o lo que fuera, y entonces, dos se erigían en capitanes. Uno era capitán de uno de los equipos y otro del otro. Iban eligiendo: fulanito, menganito… Se veía que eran hijos de futbolistas del Victoria… que se veía que sabían jugar más que los otros. Y, claro, el capitán de uno era el primero que elegía, que era “el tonono”, por ejemplo, el otro, etc., y entre ellos estaba éste… “el majapapa”. Pero, claro, crecimos con el tiempo, mi hermano se hizo abogado y, entonces, tenían cierto conflicto con lo que fuera y llamaba a mi hermano para resolver los conflictos. Éste era un bonachón terrible, “el majapapa”, y, entonces, llamaba a mi casa –ya nosotros ya mayores, mi hermano ya casado con hijos y todo eso- y yo cogía el teléfono y le decía en voz baja a mi hermano: “el majapapa”… Y, entonces, mi hermano cogía el teléfono y se ponía… dice: “¿Quién es?” Y salía la voz del otro que decía: “Juan Betancoor…” Y mi hermano: “Pero a ver… pero… pero… ¿qué Juan Betancor? Porque yo conozco muchos Juan Betancor…” Y él: “Juaaan Betancooor… el de la playa… Juaaan Betancooor…” Y dice: “Bueno, el de la playa no me digas, si hay cuatro o cinco Juan Betancor… tú me tienes que decir, usted me tiene que decir qué Juan…” Y él, otra vez: “No hombre… Juaaan Betancooor…” Y, entonces, mi hermano, nada, que no había manera… Y, entonces, dice: “El majaaapapa, hooombre…” Ja, ja, ja… ¡El majapapa! Ja, ja, ja, ja… ¡Pero él no se lo decía! Mi hermano le llevaba todos los asuntos, ya se había casado… pero éste, el pobre, ya murió.

– Usted fue siempre victorista…

– Bueno, en Las Palmas, en el colegio, éramos victoristas, ¿comprendes?, como veníamos a veranear aquí…

– Se la echaban…

– Sí, sí, decíamos: “Nosotros somos del Victoria”. Pero, después, aquí al lado, tenía gente que eran victoristas empedernidos, hijos de un señor que se llamaba Juan Marrero, que era carpintero de ribera de esos que hacían barcos… tú sabes que ahí detrás había un pequeño astillero… Lo que llamaban la zona del “Sanapú”. Porque El Refugio nacía más o menos en la calle El Hierro, ¿Te acuerdas? Allí nació, podríamos decir, el cambullón. Bueno, y en esa zona estaban los chicos de Marrero, en la casa de al lado. Y lo primero que hacían todos los días era izar una bandera del Victoria. Entonces, nosotros teníamos una costurera, de antiguo, que se llamaba Mariquita del Carmen, que venía todos los días, era de El Risco, y yo le decía: “Mariquita del Carmen, hágame una bandera azul, digo… eso es, azul, del Marino, eso es…” Hacíamos más o menos el escudo del Marino en la bandera y la poníamos en la azotea, porque como los otros ponían la bandera del Victoria, nosotros poníamos la bandera del Marino, para llevar la contraria. Bueno… boberías, chiquilladas…

Teresa Iturriaga Osa

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