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“Qué inapropiado llamar Tierra a este planeta, cuando es evidente que debería llamarse Océano”. Arthur Clarke

Jueves: preciosas mareas vacías al amanecer y al atardecer. Luna llena 

“Recuerdos de Las Canteras” con Luis García de Vegueta

Conversación con Luis García de Vegueta por Teresa Iturriaga Osa.

– Usted me está hablando de sus ocho o nueve años… Y a esa edad, ¿eran sólo niños los que jugaban o se mezclaban niños y niñas en la playa?

 Claro, eran niños y niñas, sí.

– ¿Las niñas también sabían nadar?

Sí, desde chicas. Por ejemplo, mi hermana, bueno, nosotros éramos tres hermanos… éramos cuatro hermanos, tres varones y una niña, y todos teníamos siempre botes y cosas de ésas… y mi hermana tenía una chalanita que tenía un metro diez o por ahí, nada más -chalanas son botes de fondo plano-, y la chalana era un poquito más que esto… y yo tenía un bote que, luego, lo heredaron mis sobrinos, los García… no sé si tú habrás oído hablar de él –dirigiéndose a Tino Armas-, pregúntale a tu padre por “la baifa” para que veas cómo la conoce… porque ése era un bote que era de mi hermano mayor, que era de vela, pero yo le quité la vela y lo hice para remo y, entonces, íbamos a La Barra. Ya éramos mayorcillos, ya de trece o catorce años, niños y niñas a La Barra, que llegamos a llevar… fíjate tú… llegamos a llevar el chisme aquel que era como –lo que decimos aquí un balde- un cubo de madera para poner hielo, con un aparato en el centro y, dándole a la manivela, a hacer mantecados.

-¿Allí en La Barra?

Sí, lo hacíamos. Íbamos hasta La Barra y allí hacíamos mantecados.

– Y… los primeros amores de adolescencia en la playa… ¿cómo eran?

Mira… para que veas lo ingenuo que era uno a esas edades… te cuento una cosa… Aquí cerca, en la otra calle, vivía una familia que eran de origen peninsular los padres, pero que ya los niños eran canarios. Tendríamos catorce o quince años… y la madre de aquellos chicos peninsulares dijo un día: “Parece mentira que ustedes, ya de trece o catorce años o así, no sepan bailar… entonces, vamos a organizar un baile”. Y se organizó un baile en la casa. Yo bailé con una de las niñas, bueno, intenté, porque era la primera vez que bailaba… y, después, me fui a un rincón y le digo a un amigo: “Mira, ten cuidado…”. Porque yo, al apretar y ver que cedía, dije: “Esta chiquilla está tuberculosa”. No sé, fíjate tú que yo tenía trece o catorce años y cómo asociaba yo la palabra tuberculosis con la relativa dureza del pecho femenino. Una cosa…

– Pero, bueno, pero, entonces… en aquella época…

Ja, ja, ja… esto es la primera vez que lo cuento, ja, ja…

– ¡Inédito! ¡Inédito para nosotros!

Sí, sí… ja, ja, ja… ¡mira si uno era ingenuo en aquel tiempo!

– Sí… y harían meriendas, no sé… ¿a dónde iban?

Sí, ya te digo, llevábamos un gramófono, aquellos que había que estar dándoles cuerda. Había unos gramófonos portátiles en aquel tiempo y nosotros los llevábamos, es decir, no los de bocina, aquella grande, sino unos que ya tenían la bocina incluida por dentro, era como una maleta que se abría y se cerraba. Íbamos con eso, con lo de hacer los helados y organizábamos un tenderete en La Barra.

– ¿Con refrescos de aquella época?

Refrescos y lo que fuera. Refrescos que eran más o menos los de ahora… Bueno, de naranja, de limón…

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