“En el mar no hay pasado, presente o futuro, sólo paz”. Jacques Cousteau

Lunes: continuará la calima

Largos años de decadencia (I) por Alfredo Herrera Piqué

En los años veinte el turismo había decaído casi enteramente en Las Palmas. Los hoteles habían envejecido y la escasez de visitantes no alentaba a la renovación. Las comunicaciones marítimas no eran tan buenas como antes de la guerra. Faltaba propaganda y promoción de la isla en el extranjero. Y cada año había ido disminuyendo la corriente de turistas. A fines de aquella década un periódico local, “El País”, analizaba así la situación: Cuantas veces se ha tratado de encauzar, durante estos últimos años, la industria turística de Canarias, se han registrado rotundos fracasos. Y sin embargo, antes de la primera guerra mundial constituyó para estas islas una positiva fuente de riqueza . Poco después de la guerra, que obligó a descender la categoría de nuestros hoteles, se presentó otro grave conflicto: dejamos de tener buenos buques. Hacía hincapié “El País” en la carencia de grandes hoteles, pues el propio Santa Catalina se encontraba ya inservible .

El esperanzador turismo de antaño había quedado prácticamente reducido a las excursiones al interior que hacían los viajeros en tránsito de los transatlánticos que recalaban por el Puerto de la Luz.

Precisamente a fines de la década de los veinte y comienzo de la siguiente se habían intensificado la valoración del turismo y las inquietudes y proyectos relacionados con éste. A nivel nacional, por esos años había comenzado una labor de regeneración turística por parte del Patronato del Turismo. Se había iniciado el rescate y la restauración de ciudades –Toledo, por ejemplo- y lugares de interés turístico y, mediante el Crédito Hotelero, se trataba de paliar en algunas provincias la carencia de equipamiento de este género, que era general en todo el país.

En Gran Canaria la atención sobre el tema se concretaba, entre otros, en los siguientes aspectos:

– Necesidad de una adecuada propaganda de la isla en el exterior (A Las Palmas –se decía- no se la conoce por esos mundos, entre otras razones porque no damos fe de vida).

– Necesidad de promover el equipamiento hotelero y de contar, sobre todo, con un hotel de lujo capaz de atender al “turismo de altura”. Se señalaba que este hotel podría ser el viejo Santa Catalina, que exigía ser transformado y modernizado.

– Iniciativa de construir un hotel en la Cruz de Tejeda.

– Política turística general encaminada a cuidar los rincones pintorescos de la isla, adecentamiento de pueblos, promoción de fiestas populares, etc. Y apoyo oficial a la promoción turística: El Cabildo Insular y los Ayuntamientos de la Isla deben tratar del turismo como necesidad vital para nuestro desarrollo económico.

– Necesidad de atraer el turismo organizado por navieras o agencias.

– Plan común de propaganda del Archipiélago.

El objetivo de “reconquista” del turismo fue atribuido al Patronato Provincial de Turismo, creado en 1928. Con la puesta en actividad del nuevo organismo se esperaba que el anhelado desenvolvimiento turístico entrara en una nueva y más positiva fase.

El Patronato llevó a cabo, singularmente, una labor propagandística. Así, en el verano de 1929 preparó la asistencia de la provincia de Las Palmas a una exposición de promoción en Sevilla. También publicó una guía turística de Gran Canaria, que tuvo varias ediciones posteriores.

Por otro lado, a comienzos de 1930 había visitado Canarias un técnico del Patronato Nacional del Turismo con el objeto de tomar información del estado de la hostelería en las islas y de las perspectivas que aquella podría entrañar.

Fue la época en la que, según parece, surgió el eslogan “Gran Canaria, continente en miniatura”. El indigenismo, que ya se manifestaba en la creación artística isleña y en la valoración de un peculiar costumbrismo, trascendería al terreno de la promoción turística, sobre todo de la mano sensible y esclarecida del pintor Néstor.

(Alfredo Herrera Piqué. Extracto del cap. VII “Introducción de la Tecnología Moderna en Las Palmas. La Presencia Mercantil Europea”, del libro LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, Segunda Parte. Editorial Rueda, 1984, pp. 320-322)

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