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“El mar no tiene caminos, el mar no tiene explicaciones”. Alessandro Baricco

Lunes de panza de burro, se pueden abrir claros por la tarde

Hildegard Hahn: “El mar me hace sentir que el tiempo pasa”

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Esta dama bohemia vive hace muchos años entre nosotros, pero es una ilusión: está cerca y está lejos. Como el nuevo siglo XXI, su arte descoloca al público, es el fin de las certidumbres. Nada es lo que parece. Por eso, la cuestión de presentar a Hildegard Hahn no me resulta fácil, es una artista de la complejidad, una mujer que lleva un original carcaj para las flechas del tiempo al modo de los físicos modernos en su deseo de comprender la unidad del mundo y lo viviente. Pintura, fotografía, collage… es genuina en todo, aunque parezca algo extraña. En cualquier caso, les diré que no es nada aburrida, le encanta reírse y se ve que es inteligente y sagaz. Le gusta explicar su proceso creativo al público y busca sus espacios para comunicarse. Detallista y sensible, en “Cuentos del Atlántico”, ella misma nos confiesa que “es una obra que elaboré directamente en la playa y dentro del mar. Quería representar el océano de otra manera, dejar que se exprese por sí mismo”. En “Bacchus (Bacco)” explica: “con planchas de hierro conseguí impresiones de óxido sobre lienzos, preparados con cola y pigmentos blancos. Como “medio” utilicé vinos y licores. Se trata de un juego entre manipulación, procesos químicos, el azar y referencias místicas y míticas; lo dionisiaco”. En “La milésima parte y uno” quiso simbolizar la milésima parte y uno mismo de la actual humanidad en una sala con la participación activa de los visitantes. En “Cícer, retrato de un paisaje”, intentó representar un paisaje con el color de 365 recipientes de cristal que contenían trozos de cristal pulidos por el mar, con los signos de otra colección de trozos de baldosas que, en su tiempo, sirvieron de suelos en las casas, y la luz y sombra de 75 fotos en blanco y negro de la misma parte de la playa, tomadas en distintas horas del día, respetando los cambios de la luz. Destacan también otros proyectos de Hildegard Hahn como los colages fotográficos “Venus de Willendorf”; un trabajo sobre gravedad y equilibrio titulado “La Danza de las Piedras”; ”La Torre de Babel”; “Obelisco” y “Habitar-Capital de una Isla”, un trabajo sobre la vida en las grandes urbes que funcionan como imanes para la gente que sueña con una “vida mejor” en la que aparecen graves problemas de despersonalización y el aislamiento.

T.- Bueno, Hildegard, cuéntanos un poco tus impresiones sobre la Playa de Las Canteras, cómo ves tú como artista esta playa, qué tiene de diferente… qué es lo que a ti te llama la atención…

H.- Preguntas muchas cosas a la vez, ¿no?

T.- Contéstame a lo que quieras…

H.- ¿Cómo las veo ahora o cómo la he visto antes?

T.- Tus sensaciones…

H.- Bueno, la actual es que está muy bien cuidada y, de verdad, da gusto estar en esta playa, porque, cuando yo la conocí, había muchas más bolsas de plástico en el aire y cosas… y, durante un tiempo, cuando hice el proyecto “Cícer”, que vine todas las mañanas, más o menos a la misma hora, entonces, yo vi poco a poco, a la gente apareciendo, caminando, y entre toda esta gente, montón de personal, recogiendo basuras de la playa para cuidarla, o barriendo… eso me sorprendió muchísimo, porque esto fue en el año 91-92… yo había hecho el primer trabajo directamente en la playa con las corrientes, en la arena, empezando en el 86… por ahí… entonces, no había absolutamente nada por la mañana, y, desde allí, empezó la gente a aprovechar su playa. Eso para mí fue una sorpresa agradable. Y ahora te voy a contar una anécdota, ¿no?, que es la gente de la playa, que habla con todo el mundo y son muy comunicativos, y creo que eso es un enorme “plus” para la ciudad porque no tienen problemas para comunicarse y descargar. Una mañana, yo estaba recogiendo estos cristales y entonces vino un señor que todavía está siempre allí en una roca, Pepito, y vino acompañado de tres mujeres, me adelantaron, y después, dio la vuelta y dijo: “esta mañana me propuse preguntar a esta mujer qué está haciendo, porque todo el mundo piensa que está loca, una extranjera loca, porque recoge los cristales esos”. Entonces, me reí mucho y le expliqué. Y, desde entonces, han sido gente que hoy siguen todos mis proyectos, fueron a la exposición y todo…

T.- Ya son amigos para siempre…

H.- Sí, son amigos, sí, incluso tengo una foto muy bonita de ellos. Lo que quería decir es que la playa es un lugar de comunicación.

T.- Como una gran plaza donde se reúne la gente, ¿no?

H.- Sí, sí, sí… La gente, ¿sabes?, cuando están en las calles, cuando van al Corte a comprar, uno no conoce al otro, se empujan todos… pero aquí, todo el mundo está dispuesto a pararse y hablar. Y eso, creo que es diferente, por ejemplo, también en Maspalomas, allí viene la gente y camina, ¿no?, y son menos comunicativos. Sí, eso es una cosa muy positiva. Otra cosa que me sigue fascinando es que, desde aquí, uno puede ir en un rato hasta la Barra, ver la ciudad y la gente de lejos y estar más cerca, buceando, además. También me sorprende muchísimo que siga habiendo tantos peces que están entre las rocas, más bien, cerca de la Barra y un poco fuera… pero aún así, en la orilla, a veces hay una manada de cientos de cosas chiquititas…

T.- ¿Y te has bañado al otro lado de la Barra?

H.- Una sola vez me he ido con mi hija a eso que se llama “el ascensor”…

t.- ¿Y qué sensación te da bañarte ahí?

H.- Desde luego, me sentí menos protegida, éste es el resultado de la Barra. Yo pienso que sé bastante nadar, pero también soy una persona que respeto la fuerza del mar. Hace dos años que casi me ahogué en la Cícer…

T.- ¿En las mareas del Pino?

H.- Sí, exacto, y era algo más… yo no sé… esto me explicó Tato después… yo entré en lo que los surfistas llaman las calles… lo llaman camino… estaba bien en las olas y de repente, traté de volver y no pude. Y me cogió por dentro y mi hijo estaba cerca con una tablita de surf y me salvó. Él me gritaba y me decía “mamá, ¿estás bien?” y no me oía, porque yo estaba un poco lejos… Entonces, vio que me puse blanca y vino rápido. Pero no pensaba que esas aguas eran tan fuertes aquí…

T.- Mira, y háblanos un poco de tu pintura o cuando trabajas con fotografía… ¿influye el mar en tu trabajo?

H.- Completamente.

T.- ¿En qué sentido?

H.- En que la luz es otra en la ciudad desde las calles que desde aquí. Además, la luz por la tarde o por la mañana, desde las calles, no deja ver bien los distintos tipos de reflejos, y, a mí, ya lo he dicho varias veces, la pintura me interesa más en los cambios, las luces… El mar me hace sentir que el tiempo pasa y eso es lo que más me importa, que no es nada estéril. Puedes decir que una calle te puede aburrir, pero el mar te da siempre la sensación de que en cada momento es diferente. Entonces, aumenta la sensación del paso del tiempo y eso es en todos mis trabajos lo más importante: demostrar que vivimos en espacios de tiempo. De esto yo podría filosofar, pero no quiero…

T.- Es como una meditación, ¿no?

H.- Es como meditación, pero también, mira, yo estudié arte y filosofía y todo mi trabajo, tal vez, está demasiado cargado de la filosofía de pensamientos. Y eso, supongo, ha sido todo por lo que me quedé tanto tiempo viviendo en un solo lugar.

T.- ¿Y cuál es la estación que más te gusta aquí en el mar de Las Canteras? ¿Qué luz?

H.- Eso tampoco podría decirte… como ya dije antes, que cada… Sí, claro, si hablas a un forastero de estaciones, al principio, se ríe de ti, ¿no? Porque piensa que todo es siempre primavera, pero si vives aquí mucho tiempo, desde luego, sabes que no.

T.- ¿Notas los cambios?

H.- Ay, claro, claramente. Por ejemplo, después, cuando llega el final de verano, la luz es más aplomada, y en invierno, es mucho más clara y más intensa y… hay sus cambios, ¿no? Pero no hay preferencia, porque como observo los pasos del tiempo, tampoco yo tengo preferencias.

T.- ¿Estás a gusto en todos los cambios?

H.- Sí, veo lo específico, bueno, trato de verlo… no quiero ser tan presuntuosa, desde luego que sí. Pero lo intento. Mira, ahora, por ejemplo, allí la gente son prácticamente una silueta, cuando miras a esta hora contra la luz muy fuerte. Y aquí, todavía, frente a nosotros, se ve un grupo de gente que parece cansada, están en las horas no tan calurosas del día… Por la mañana, vienen con más fuerza, caminan. Sobre todo, observo a la gente relacionada con la playa. Y la playa a mí me gusta para caminar y para bañarme.

T.- La playa es como una terapia para la gente de la ciudad, una salida, un escape…

H.- Es una salida que he observado yo enorme, enorme…

T.- Curativa para la ciudad…

H.- Completamente. Es una gran suerte que muchísima gente que suele estar en grandes ciudades aburrida en su casa tiene aquí, primeramente, un espacio libre hasta el horizonte, eso también calma a la gente y, después, tienen un lugar de encuentro libre y eso… Creo que no hay cosa igual.

Teresa Iturriaga Osa

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