“Hombre libre, siempre querrás al mar”. Charles Baudelaire

Cuatro tiempos de la ciudad, por Alfredo Herrera Piqué.

Nuestros recuerdos se avivan y nos trasladan casi sin quererlo al momento mágico de las hogueras de San Juan, cuando apilábamos las hojas caídas de los eucaliptos para encender el fuego ritual del solsticio de verano, el momento aventurero, también, de la aurora fundacional de nuestra ciudad. Entre el fulgor de las hogueras, la noche de San Juan está repleta de augurios; la fiesta de San Juan tiene entre nosotros las más coloridas resonancias. Es la fiesta de la vida, la fiesta de la fecundidad, el ápice del culto al sol.

Celebramos este nuevo aniversario de Las Palmas de Gran Canaria en el contexto de un mundo que vive grandes y aceleradas transformaciones en los órdenes político y económico internacionales, en la tecnología, en el sentido del trabajo y en los valores sociales. Se desarrollan inmensos procesos tecnoeconómicos que no somos capaces de controlar. Nuestra ciudad, la ciudad de hoy, debe de estar atenta y ser partícipe en todos estos fenómenos que en ella tanto influyen, como influyeron los de cada época.

Las Palmas de Gran Canaria ha demostrado poseer una extraordinaria vitalidad en su último siglo. Ante las profundas modificaciones que vive la humanidad, nuestra ciudad debe seguir haciendo gala de esa fuerte vitalidad y enfrentar las nuevas circunstancias que ha de vivir.

Ahora, cuando la isla de Gran Canaria es un ejemplo de la destrucción del legado de las Afortunadas, cuando ya no es posible emprender la reconstrucción del paraíso, acerquémonos a la noche de San Juan con nuestras ilusiones y augurios; nuestro agüero para la ciudad histórica es alcanzar su declaración como Patrimonio Cultural de la Humanidad; para la ciudad actual, el encauzar las soluciones para el problema urbano y social de sus barrios populares, y para la ciudad futura, conseguir una ciudad, plena de zonas verdes para los niños, pensada a la medida del hombre.

Para lograr todo ello, dejémonos conducir por las mismas luces que han alumbrado nuestro guión: el cultivo de la inteligencia de Cairasco de Figueroa, la admiración por la naturaleza de Viera y Clavijo, el patriotismo de Pérez Galdós (“que los más lejanos seamos los más próximos al corazón de la Patria”, es decir, de la libertad y la democracia) y la cultura estética de Néstor.

Encendamos, así, las luces de la utopía, con las hojas secas y las ramas aromáticas de nuestros montes, encendamos el fuego mágico de las hogueras de San Juan, con los mejores augurios de paz y de progreso para nuestra gente y nuestra ciudad tan querida. Que ellos sean el auténtico motivo de alegría y el símbolo constructor de estas fiestas fundacionales de Las Palmas de Gran Canaria.

(Texto de Alfredo Herrera Piqué extraído de “Cuatro tiempos de la ciudad”, Pregón de las Fiestas Fundacionales de Las Palmas de Gran Canaria, Junio 1994. Ediciones Excmo. Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, 1995, pp. 31-32.)

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