“Cuando dos caminos se separan… toma aquel que se dirija a la playa”. Hannah McKinnon

Nuboso, posibilidad de algún garujón por la mañana

Fragmento del capítulo Bahía del Confital por Olivia M. Stone

El istmo a finales del siglo XIX 📷

(Olivia M. Stone viajera inglesa de finales del siglo XIX, visito el archipiélago en 1885 y con su fina pluma logro describir, con cierta ironía y a veces critica, la realidad insular de antaño, he aquí uno de los fragmentos sobre la Bahía del Confital, mas adelante publicaremos otros sobres sus visitas a la zona de la Isleta )

Fuimos en coche una vez más a la Isleta, esta vez a visitar el cementerio de los antiguos canarios que aún no conocía totalmente. La panorámica desde la elevación del cementerio, situado en las laderas de la Isleta y mirando hacia el sur, es muy atractiva. A nuestra derecha un brazo de mar forma una especie de bahía entre la Isleta y la isla principal. Detrás de la bahía de El Confítal las montañas sobre cuyo pecho baldío suelen descansar las laboriosas nubes se amontonan elevándose hacia el interior, cada cerro y cadena mas alto que el anterior, hasta alcanzar un grandioso punto culminante en el solitario, extraño y gigantesco Roque Nublo.

Olivia M. Stone

Al este del istmo hay otra bahía, la de La Luz, que es mayor y no tan cerrada, pero lo que gana en extensión lo pierde en belleza. Está formada por la propia Isleta al norte y por una ligera curva cóncava de la línea de costa que culmina en el promontorio -si se le puede llamar así- sobre el que se encuentra Las Palmas. Estas dos bahías están separadas por una estrecha franja de arena amarilla, en la que sólo crecen arbustos de tarajal, plantados allí en un intentó de fijar la arena. Un fuerte oleaje suele batir el lado occidental del istmo de Guanarteme, contra una barra de rocas y arena que se encuentra a una media milla de la playa, dentro de la cual se forma una tranquila laguna.

Esto hace imposible utilizar esta bahía como fondeadero aunque, a veces, cuando sopla viento fuerte del sureste, algunos barcos rodean la Isleta y se refugian al barlovento de estas rocas. Sin embargo, el mejor sitio para fondear es el lado este, y es allí donde se está construyendo el nuevo muelle o puerto de refugio. Hoy, ambas bahías, con sus playas de arena, invitan al baño.

Esperemos que nunca sean profanadas por las casetas con ruedas de los bañistas. Durante el verano, los residentes de Las Palmas vienen hasta aquí en coche; algunos tienen sus propias casitas, donde viven un tiempo durante la temporada de baño. Los bañistas suelen utilizar tiendas en lugar de esas casetas abominables y antiestéticas que arruinarían incluso el paisaje más vulgar del mundo. ¿Cómo es posible que el diseño de las casetas de baño siga siendo tan pobre artísticamente, después de tanto tiempo? Las Palmas resulta más bonita vista desde aquí que desde ningún otro sitio. Parece una masa blanca en la que sólo destacan las torres oscuras de la catedral. La curva de la bahía, entre este punto y la ciudad, la rompen dos promontorios, formándose así dos bahías más pequeñas, y en una de ellas se alza el fuerte de Santa Catalina, un edificio pequeño, insignificante e inútil. Al otro lado de Las Palmas sobresalen las puntas de la costa este de la isla. Vemos una serie de goletas fondeadas, pero lo que más llama la atención es la ausencia de pequeñas embarcaciones de vela y remo que habría esparcidas por cualquier bahía semejante en Inglaterra. Claro está que estamos en invierno, ya que en verano la gente sí pasea en bote y pesca. A lo lejos, a la derecha, se alza el magnífico Pico de Gáldar, magnífico no por su altura sino por sus bellas proporciones. Tiene una forma parecida a la del montón que se forma en un reloj de arena, a medida que ésta va cayendo.

Fragmento del libro “Tenerife y sus seis satélites”

2ªparte

Olivia M. Stone 1885

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Comentario

  1. Manuel:

    enero 17, 2019

    Interesante visión de la playa y la ciudad durante el siglo XIX. Buscaré el libro.

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