“Hombre libre, siempre querrás al mar”. Charles Baudelaire

1º Pregon de las fiestas de La Naval (1959) por Antonio J. Cabrera Perera

Fue costumbre en los pueblos de la Antigüedad Clásica consagrar los días o meses del año a sus principales héroes o divinidades. La Iglesia Católica, que nunca desdeño las buenas costumbres de estos pueblos, recogió en sus sentimientos de piedad y los hizo propios, después de cristianizar lo que tenían de paganos. Así también ha dedicado a Dios, a la Virgen o a los santos los diferentes días o meses del año.

El mes de octubre, lleno de acontecimientos históricos y literarios, ha sido consagrado a la Virgen María en la más excelsa de sus advocaciones, a Nuestra Señora del Rosario.

Todos los años, al llegar Octubre, el Puerto de Gran Canaria se viste con sus mejores ornatos, para festejar a la Virgen su patrona. Nuestra Señora del Puerto de la Luz. El Puerto se viste de gala, para celebrar las tradicionales fiestas de La Naval.

Perdida en el caos del olvido se encuentra la fecha en que, por vez primera, se reunieron unos pocos vecinos, para honrar a la milagrosa Virgencita que se veneraba en la pequeña ermita de Nuestra Señora de Guía.

Se ha querido hallar su origen en el risueño desenlace de un acontecimiento histórico. Ocupaba el solio pontificio la eximia personalidad de San Pió V. Excelso pontífice no tuvo otro plan político que el de luchar contra la herejía Luterana y el de constituir una Liga Santa contra el islamismo. Felipe II, en nombre de la católica España, accedió a entrar en coalición, a riesgo, de las miras interesadas de algunos, pero teniendo en cuenta el desinterés político del Papa.

Formada la alianza entre, España, los Estados Pontificios y Venecia, se equipo una poderosa escuadra formada por 264 naves-y ochenta mil hombres, cuyo mando se confió a Don Juan de Austria. A la entrada del golfo de Lepanto se encontraba la escuadra turca dirigida por AIí Bajá. El valor de D. Juan de Austria y la pericia de Don Alvaro de Bazan consiguieron el triunfo para la escuadra cristiana. Era el 7 de octubre de 1,571. En acción de gracias ej sumo Pontífice instituyó la festividad del Rosario.

Yo no me atrevería a dudar que las fiestas de La Naval empezaron a celebrarse en el Puerto de las Isletas en conmemoración de esta victoria, si no tuviéramos en nuestras efemérides históricas, otra de gran resonancia en el ámbito isleño y nacional. Fue una fecha memorable. Viernes, seis de octubre de 1.595.

Despuntaba el día.Una escuadra inglesa con 28 navios partió de la raya del horizonte. Manda bala Drake, célebre marino británico. Las Milicias canarias, instituidas por los Reyes Católicos, poco después de nuestra anexión a la Corona de Castilla y dirigidas por Alvarado, obtenían un resonante triunfo. Las naves enemigas se alejaban definitivamente de la isla el día 7, sábado y fiesta del Rosario. Tal fue la impresión de esta hazaña, que el Fénix de los Ingenios, el genial Lope de Vega, no desprecio la ocasión para cantar el heroísmo de estos benjamines de castellanos en unas hermosa octavas reales de su “DRAGONETA”.

Probablemente en la ermita del solitario Puerto se celebraran fiestas en recuerdo de la derrota del Turco pero, con este desastre de Drake, nació sin duda alguna “nuestra” fiesta de La Naval, Octubre nos hará recordar no solo el fin de la talasocracia del infiel sino también la indomable briosidad de los canarios, nobles y valerosos guerreros que alcanzarían mas tarde para su capital el honroso titulo de “Muy Noble y Muy Leal Ciudad del Real de Las Palmas”. Año tras año se han venido celebrando ininterrumpidamente, primero en la antigua ermita, en su grandioso templo, las fiestas de La Naval. La Virgen del Rosario cambió mas tarde de nombre por el de Virgen de la Luz. Domingo José Navarro en sus “Recuerdos de un noventón” pone en boca del Sargento Llagas la razón por la que el Puerto de las Isletas y su Virgen patrona perdieran su nombre: “¿ Dónde ha estado usted metido que no ha llegado a saber que hace unos años aparece todas las noches una luz misteriosa que recorre estas playas?. Esta luz sale a primera noche del castillejo del risco de Guanarteme; baja de allí casa a media altura de un hombre, llega al castillo de Santa Catalina; sigue la orilla del mar hasta la ermita de la Virgen; allí se detiene algunos instantes y tomando la falda de la Isleta llega a la punta del Arrecife y desaparece en el mar. Algunos han intentado acercarse a ella, pero nunca se ha dejado alcanzar”. “La fama de la luz, continua, ha llegado a ser tan notoria y poderosa, que no solo varió el nombre del Puerto sino también el de la Virgen que siendo del Rosario y patrona de La Naval, ya no se conoce con otro nombre que el Virgen de la Luz”.

La ermita necesitaba una imagen que simbolizara plásticamente la grandeza de la devoción. Y la tenemos gracias al capitán D. José de Arboniés y Muñiz, antiguo mayordomo de Nuestra Señora de la Luz. En un curioso documento declara dicho capitán que, a poco de serle conferida la mayordomía, encargo a Lujan Pérez la confección de esta bella efigie. En 1,802, terminaba el imaginero canario esta escultura hermana de Nuestra Señora de las Mercedes que se venera en la ciudad de Guía. Gracia, reposo y gentileza son las notas que distinguen esta obra artística: sus cejas son altas y arqueadas; su boca es pequeña; la belleza, tranquila y su encanto, incomparable. Las manos virginales tienen la delicadeza y perfección que puede soñar la plástica. Pero ¿por qué la Virgen, que, según dicen nuestros historiadores locales, era primeramente llamada Virgen del Rosario, no tiene entre sus manos esta prenda de devoción?. Precisamente por que Lujan Pérez termino esta escultura sin otra noticia histórica que estar su ermita en una playa solitaria al pie de las Isletas del Puerto de la Luz, junto al castillo de”su nombre, rodeada de unas cercas y de la casa que se le daba al santero. Poco a poco fueron llegando a la iglesia los objetos de culto. El domingo 23 de Diciembre de 1,894, el Iltrmo. Y Redmo. Prelado, Fray José Cueto, con toda la solemnidad que prescribe el Pontifical Romano, consagro en la ermita, dos hermosas campanas destinadas a este venerable santuario. Se les puso por nombre Nuestra Señora de la Luz y Fray José Cueto obispo respectivamente. La iglesia; que se hallaba engalanada como en los días de gran fiesta, no podía contener la gente. Muchos señores eclesiásticos tomaron parte en la augusta ceremonia, a la que asistió también en calidad de padrino, el Sr. D. Juan B. Antunez, terminada la consagración subió al pulpito S.S. lima. Y dirigió a la numerosa concurrencia su autorizada palabra, haciendo, en una inspirada y elocuente improvisación, una acabadísima explicación del acto que acababa de realizar.

El 1° de Octubre del año 1,900, la iglesia de la Virgen empezó a funcionar como parroquia. El 30 de julio de dicho año, el Ministerio de Gracia y Justicia, comunicaba la Real Orden al Obispo de Canarias. La parroquia surgió bajo el patrocinio del Nuestra Señora del Puerto de la Luz, con lo que las fiestas de La Naval vinieron a revestir un carácter oñcial y una mayor resonancia. El arenoso desierto del Puerto se convertiría el sábado de La Naval en una población de ventorrillos y tiendas de campaña para alojar y dar de comer a casi toda la Isla que en romería se agolpaba en aquellas playas en cumplimiento de sus promesas. El concurso era inmenso la víspera por la noche. El resplandor de la iglesia profusamente iluminada, las hogueras de la plaza, los faroles de los ventorrillos y de las tiendas, los numerosos hachos encendidos, los cohetes y las ruedas de fuegos artificiales, los infinitos sonidos de timples y guitarras, los cantares de folias, malagueñas y seguidillas formaban un conjunto fantástico casi indescriptible. El sábado iban y venían las lanchas empavesadas llenas de romeros que consideraban como obligación darse un paseo por las aguas de la bahía. Las fiestas religiosas se celebraban, y se siguen celebrando con grandes expresiones de fe. Sin embargo, no faltan quienes hablan con cierta añoranza de unas entretenidas y animadas diversiones callejeras. No debemos ignorar que la Ciudad de Las Palmas se halla hoy a una inmensa distancia de lo que fue. Apareció como naciente oruga que había de crecer con precaria lentitud, para dormir después dilatados años convertida en inactiva crisálida. Hoy es una espléndida mariposa que, llena de vida, se eleva luciendo sus brillantes galas y su exuberante energía.

Al tétrico silencio de sus solitarias calles ha sucedido el alegre bullicio de los transeúntes que aguijoneados por sus negocios corren y se empujan. Al tardo paso de los bueyes, sucedió el vertiginoso rodar de los automóviles, camiones y autocares. A los baches y fangales de tortuosas callejuelas, sucedieron nuevas calles asfaltadas y bien adoquinadas. A la pavorosa oscuridad, siguió un alumbrado completo. Al desierto de arena, una bella ciudad recostada en el mar. A la carencia inhospitalaria de posadas, siguieron magníficos hoteles, fondas y restaurantes las únicas y pobres escuelas, solo para varones, continuaron numerosas escuelas publicas y privadas y afamados centros de segunda enseñanza. Así pues, en el corazón de una ciudad, como la nuestra, no tienen cabida ya cierta clase de festejos populares. Nuestra historia y nuestro folklore recordaran, con simpatía aquellas fiestas que no nos tocaron vivir. Hoy no son sino caprichos que implacablemente hemos de sacrificar en holocausto al arrollador progreso. Pero que no se diga qué ha desaparecido la fe de ayer. Riadas de fíeles llenan durante estos días las naves del primer templo parroquial del Puerto y la Octava de La Naval (la “Naval chica” como la llama nuestro pueblo) sigue siendo una manifestación apoteósica de la devoción de nuestra ciudad y de nuestra Isla entera hacia la Virgencita del Puerto. Aquella fe bulliciosa y un tanto cascabelera se ha convertido en una fe tranquila y reposada. En los nidos de hogaño siguen los pajarillos de antaño. En estos días que, con tanta solemnidad, continúan celebrándose en el Puerto los cultos en honor de la Virgen, Nuestra Señora te aguarda. Las gracias que prodigaba a nuestros abuelos las sigue derramando con gran esplendidez sobre nosotros. La Virgen de la Luz, que iluminaba, sigue iluminando, con su patrocinio, la historia de nuestra patria chica. No dejes pasar estas fechas tan notorias sin rendirle una visita en su Santuario.

Antonio J. Cabrera Perera

Las Palmas de Gran Canaria 1959

Ayúdanos a seguir informando día a día sobre nuestra playa: dona

He visto un error 🚨

Comparte

Comenta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: Este contenido está protegido con derechos de autor