Patrocinador
“El mar no tiene caminos, el mar no tiene explicaciones”. Alessandro Baricco

Viernes: el verano astronómico llega con brisa del norte y panza de burro. Precaución con el mar a marea llena.

Las Canteras: plató cinematográfico por José Barrera Artiles

Comparte

A lo largo de su historia, la Playa de Las Canteras ha servido como plato de cine para la filmación de muchos anuncios televisivos o para revistas especializadas de moda y similares. Ha sido carátula de muchos programas y su nombre ha trascendido más allá de La Barra. Cuentan, quizás dentro de una de las muchas leyendas de la Playa, que el propio comandante Jacques Yves Costeau, en sus inicios, llegó a grabar una cinta con los fondos de la dársena que aún conserva alguna familia de playeros, y ha sido demostrada la presencia de actores y actrices que han trabajado sobre esta arena. Como dato anecdótico, David Hasselhoff, el popular vigilante de la playa, realizó varias tomas en Las Canteras para un anuncio emitido fuera del territorio nacional.

Pero si hay que destacar un rodaje en torno a Las Canteras, donde colaboraron decenas de canarios de una manera o de otra, fue el de la película Moby Dick, la popular ballena blanca que bajo la dirección de John Huston se movió por las aguas canarias como si hubiera nacido en ellas. De hecho, nació. El director de la película aprovechó la floreciente industria del Puerto para encargar que le hicieran la ballena que solicitaba que en realidad era un cachalote y que se realizó con un enorme esqueleto de madera cubierto de una goma especial que el director se trajo de Estados Unidos con la que daba el pego para lo que la quería Huston. Fue la Compañía Carbonera de Las Palmas, perteneciente a la Casa Miller, la que se encargó de hacer la ballena. El taller estaba dirigido por James Stuart Jolly, conocido como Mister Jolly. La estructura de la ballena se montó sobre varias gabarras de las que se usaban para cargar y suministrar de carbón a los barcos. En una de ellas iba la grúa manual que algunos marineros accionaban y gracias al cual la ballena movía la cola. Igualmente con el mismo material impermeable, el taller hizo un muñeco que hacía las veces de doble del capitán Achab, cuya pierna había sido arrancada por la ballena, en las escenas más arriesgadas. Sin embargo, Gregory Peck se sometió a cada una de las partes del rodaje, por lo que no hizo falta el muñeco, que se conservaba hasta hace unos años en que, por empeño de los miembros de un barco inglés, los empleados herederos de Jolly se lo regalaron.

Los carpinteros de ribera también tuvieron excesivo trabajo en el tiempo que duró el rodaje. Se trataba de construir una serie de barcas que la ballena despedazaba a coletazos, así como las cubiertas del navio. Aquel pudo ser el primer impacto turístico de Las Canteras, por donde era fácil ver pasear a Gregory Peck con Richard Baselart, León Genn y todos los actores que componían el reparto. Aunque técnicos, actores, el director, Gregory Peck y todos los que venían para la película se alojaban en los hoteles Santa Catalina y Parque, las comidas se hacían en el popular Juan Pérez, donde aún hoy cuelgan las fotos que así lo atestiguan rubricadas por el propio actor. Algunos de los pescadores de La Puntilla también participaron en el rodaje. Eran los que caían al agua con los coletazos de la ballena, los extras, pero lo recuerdan como si hubieran sido actores principales. Recabando datos para estas líneas, un pescador aseguraba que había trabajado con Gregory Peck. “¿Usted se acuerda de cuando la ballena baja la cola y rompe la barca? Pues el primero que cae al agua soy yo”, decía animado.

En el tiempo que los actores estuvieron en torno a la playa, aunque también se rodaron varias escenas en Las Alcaravaneras, todos tuvieron la ocasión de ver cómo se las gastaban el director y el protagonista. Cuenta Martín Moreno que Gregory Peck era un hombre de mucho carácter, aunque asegura que John Huston “no andaba descalzo”.

Comentada fue la bronca que el director le echó al actor por llegar tarde. “Se quedó temblando”, dice Martín Moreno. Pero si bien se creó una pequeña industria en torno a Moby Dick, no todos estaban tan contentos. El gobernador civil llegó a llamar la atención a los carniceros por el precio que había alcanzado la carne en la ciudad. Todos quisieron hacer su agosto y los trabajadores de la carne aumentaron de forma considerable los precios del producto dadas las enormes cantidades que se compraban para atraer a las gaviotas y que se quedaran revoloteando sobre el barco durante el rodaje. Hasta las aves echaron de menos que se acabara Moby Dick tan pronto. Probablemente nunca habían estado tan bien alimentadas como entonces.

José Barrera Artiles (Extracto del libro Canteras 1900-2000)

Ayúdanos a seguir informando día a día sobre nuestra playa: dona

He visto un error 🚨

Comenta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: Este contenido está protegido con derechos de autor