En los años setenta, las suecas llegaron primero con el bikini y, más tarde, con el topless, trayendo consigo una forma de libertad que, para muchos, resultaba escandalosa y, para otros, reveladora.
Mientras tanto, las féminas locales seguían aferradas a los bañadores enterizos, fieles a una tradición impuesta por las normas heredadas del franquismo y de la religión.

En aquellos años 60 y 70, la llegada masiva de turismo escandinavo a Las Canteras y su entorno urbano hizo temblar a la sociedad capitalina en muchos aspectos: culturales, sexuales, morales, etc.
Hoy, en esta tercera década del siglo XXI, nuevas voces y cuerpos caminan por la misma orilla que recorrieron aquellas suecas transgresoras en los años del despertar turístico.
Son mujeres mauritanas, marroquíes, saharauis… que traen consigo otras normas y modos para disfrutar de la playa. Visten túnicas, hiyabs o burkinis que cubren del cabello a los tobillos, en contraste con los cuerpos libres y casi desnudos del resto de los bañistas.
La tolerancia—nuestra tolerancia y respeto—en este contexto ‘ensalitrado’ no debe ser una emoción obligada, sino una forma profunda de sabiduría. Es comprender que cada ser humano encierra una historia, una forma de vida y una tradición cultural, y que todas esas historias tienen derecho a convivir en la misma arena.
Porque la playa no exige pertenecer a ninguna religión, ni usar una uniformidad determinada: simplemente acoge a quien la cuida y la disfruta.
TA
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2 comentarios
Daniel
18 de agosto de 2025Pues bien que el ayuntamiento socialista decidió prohibir (aunque no tenga potestad) el nudismo en esta playa. Y eso que ni siquiera suponía un problema social ni algo que ocurriera de forma problemática ni frecuente.
Antonio Castellano
17 de agosto de 2025Es muy discutible el éxito de las denominadas sociedades «multiculturales». De entrada, ninguna tradición «cultural» puede estar por encima de la ley y de la racionalidad, sea tirar cabras desde un campanario o que la mujer vaya tapada de arriba abajo mientras el hombre viste como quiere.
No, no tiene nada de «progresista» la defensa de ciertas tradiciones «culturales». Precisamente, en muchos casos, el progreso es la superación de ciertas «tradiciones».