La Poesía salva el Mar (II)

(II)

En el Taller de Escritura Poética titulado <<Poesía: sentido y profundidad>>, impartido por la escritora Teresa Iturriaga Osa -durante los meses de marzo y abril de 2019- en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Las Palmas de Gran Canaria, se realizó un ejercicio de análisis interpretativo de varias imágenes fotográficas relacionadas con la contaminación del medio marino a causa de los vertidos de plástico.

Una música de olas acompañó la creación poética. Como resultado de las asociaciones emocionales de cada uno de los miembros del taller, nacieron unos textos poéticos que iremos publicando en esta web paulatinamente hasta el día 21 de junio (20.00 h.), fecha en que serán leídos por sus autores en la playa de Las Canteras (zona La Puntilla) para concienciar a la sociedad de la urgencia de proteger la Naturaleza en grave peligro de destrucción.

 

Libertad y ahogo del mar de María del Rosario Betancor Betancor

Abrazo al mar en su expansiva libertad,

aún siento su frescura recorrer mi cuerpo,

su gracia me aúna con el todo al que pertenezco.

Soy una con el mar.

En otro lugar comienzo a escuchar el ahogo del mar

en su pérdida de libertad,

presionado por el imparable libre mercado

que hace y hace sin parar carente de alma para reciclar.

El lúgubre mercado lucha por ganar la partida

a qué, a quién.

Al pasado del mar que nos trajo aquí,

a ti, a mí,

al presente que nos permite sentir

la poesía de nuestro existir

La libertad y la presión aniquiladora no casan.

Se escucha el grito de los dioses;

¡paren ya!

¡están acortando el tiempo de felicidad!

¡Están estrangulando la libertad!

Se escucha el grito de los habitantes del mar

retorcidos en un intento de desprenderse

del plástico que aprisiona sus cuerpos.

Se escucha el sufrimiento de nuestros hermanos,

claman por el espacio que les están arrebatando.

El mar ya no es regalo para los humanos.

Ahogo, tristeza, dolor… Siente el mar y siento yo.

Hemos dado todo por sentado,

estamos perdiendo el regalo que nos fue otorgado

por falta de conciencia, respeto y cuidado.

Ahora los dioses están cabreados

porque el corazón del mar está desgarrado,

aplastado, robado y ninguneado.

El mar está siendo ahogado

y sus habitantes aniquilados.

Ahora, abrazo al mar

en su expansiva libertad.

 


 

Salvación de Fernando Lajusticia Villabona

El mar se muere

y su dolor me conmueve.

El mar se hunde

y su angustia me confunde.

De qué sirve la culpa

si yo no me culpo.

De qué sirve saber

si yo lo ignoro.

De qué sirve un propósito

si yo no lo cumplo.

De qué sirve mirar

si yo me hago el ciego.

Quiero acabar con esta pesadilla

y por eso me convierto en avanzadilla.

Participaré en el ejército de reciclaje

y no será inútil este viaje.

El mar de nuevo vivirá

y con su azul intenso brillará.

dando al mundo su amor inmenso

con su reflejo azul intenso

 


 

¡¡OH, PLAYA DE LAS CANTERAS, DENTRO DE LA CAPITAL!! de Agustina Díaz Rodríguez

Desde el taller de escritura, traductores y poetas, nos mandan esta misiva con su pizca de exigencia:

―¡Alumnos, a trabajar!, hoy toca hacer un poema de este colosal regalo: 

¡La playa de Las Canteras!… más bien, para ser exactos, los mares en general.

―Pues que quieres que te diga, a mí me viene genial; que sí, que el reto yo acepto:

¡Océanos, sean loados! ¡Delante, mi mea culpa por flojos en preocuparnos! 

Empecemos por lo bueno:

¿Una playa en su ciudad? ¡No la va a tener cualquiera! ¿Es mucho lo que exagero

si me atrevo a asegurar que la envidia el mundo entero?

Cuando tropiece a un canario, observe, le cae la baba, hablándole de su playa.

¿O se acerque un extranjero porque no sepa ubicarla? Aún sin saber su lengua,

con solo su chapurreo, mi boquita se me llena, y exuberante, le lanzo:

¡De Canteras presumimos! ¡A dos pasos la tenemos!

Pateadla sin calzado remojándose los pies; sus pequeños, de la mano, que el perro venga también…

Perdón, el chucho en volandas; enséñele cuanto antes, que sus cositas… ¡en casa!

Y este otro consejito, seguro que les daría: 

Para respirar profundo contemplando nuestra playa, no esperes a Navidad 

solo por el Nacimiento. ¡Cualquier día es estupendo…!

Ya sé lo que estás pensando: que nos dejan patitiesos cuando con magia, unas manos, 

solo con dorada arena, a gran altura levantan 

¡asombrosos monumentos!

Perdón, sin darme cuenta me extiendo; por mí que no se retrase 

lo del SHOW de cada tarde, donde esperan los turistas peleando por las vallas: 

¡que nadie estorbe delante! 

También se cuelan los niños quedando en primeros puestos; tampoco se lo prohíban,

¿de artistas…? ¡Los principales! ¡Dejadlos soñar despiertos!

Terminados los elogios, paremos a hablar en serio: ¡el drama pasa a mayores!

Da comienzo el espectáculo; mejor, estemos atentos.

Los peques portan su bolsa repleta de panecillos: unos los van troceando, y otros, al agua lanzando.

Así comienzan los valses de los juguetones peces, que entretienen a mayores

y a los menores, divierte.

Los saciados pececillos, cuando ya no queda pan, exhibiendo coletazos

avisan parsimoniosos: ¡los valses han terminado! Y en sus guaridas se esconden.

Se retiran los cansados, los curiosos, allegados… ¡pero se quedan los niños 

diciendo adiós a los peces…!

¿Ahora qué es lo que ocurre que lloran todos los nenes…? Preguntamos: 

―Qué les pasa, mis enanos, si poco ha, tan felices … 

Un peque decide hablar:

¿No están viendo lo que yo? Los peces se dan la vuelta, algo quieren de nosotros.

¿Nos escuchan, pececitos…? Si ya no nos queda pan, ¿por qué vuelven a la orilla 

nadando tan despacito…?

Parece que el pez más grande es el que lo va a explicar:

A ver si puedo contar lo mío y de mis hermanos, que están peores que yo: 

Una bolsa nos llegó, oliendo a buena comida, como aves de rapiña, por la bolsa peleamos:

cacho a cacho la comimos para encontrar lo sabroso…

¡Muy tarde nos dimos cuenta que solo comimos plástico…!

¡Ayúdennos, por favor, no nos vuelvan a engañar! El plástico en la garganta no dejó pasar el pan;

nos aprietan, nos ahogan… ¡¡No podemos respirar…!!

Dicho esto, se calló… ¡Fue un silencio sepulcral…!

A los niños abrazamos para llorar todos juntos, porque aquellos pececillos, 

al cabo de unos segundos,

como si hicieran el Cristo, pero todos boca abajo, indefensos van quedando…

Fieles testigos, las olas… –difícil de descifrar, pero con qué pena lloran– uno a uno van besando y agasajando en su seno. El resto…  ¡nos lo guardamos!

Los infantes sacan fuerzas, y entre ellos secretean. ¿Qué será que están tramando?

Con mirada interrogante, se aferran a cada mano del niño que tiene al lado… 

lo mejor será escucharles:

Gritemos fuerte, amiguitos, que se entere el mundo entero…

¡Claro que sí, que lo haremos! ¡Mejor, todos a la vez!

¡Pues, adelante! ¡Empecemos:

¡¡Los niños decimos que no, a la guerra del plástico!!

¡Los niños pedimos!: ¡¡no más peces muertos!!

Ahora, amiguitos, guardemos silencio acompañando a los peces que lloran 

por los pececitos muertos…

¡¡Que vuelva la paz a la mar!!

 

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