Benito, Corujo, Manolo “el guardia”, Ángel, Rafael, Sergío, Antonio, Castellanos, Ricardo y Javi (disculpas a aquellos que no mencionamos) fueron policías locales destinados a la playa de Las Canteras entre los años setenta y noventa. Algunos eran más cercanos que otros, pero todos se sentían parte de nuestra familia playera: amigos, sencillos, amables y bromistas.
“¡Ahí viene el guindilla!”, gritábamos cuando lo veíamos a lo lejos, y nosotros, los jugadores ilegales de fútbol, corríamos a enterrar el balón o nos lanzábamos al agua, esperando que nuestro amigo policía pasara de largo.
Más de una vez acabamos en el “cuartelillo del Reina”, de tertulia con los mismos policías que nos habían “detenido”. Eran buenos tiempos en Las Canteras: casi todos nos conocíamos y se sabía quiénes eran los buenos y quiénes los malos.
Incluso teníamos serenos, policías locales que, camuflados en un coche panda, pasaban toda la noche pendientes de lo que ocurría en el paseo de Las Canteras.
Desde aquí, enviamos un afectuoso abrazo a todos aquellos policías locales de nuestra juventud.

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