“Surfear es bailar con las olas”. Gerry López

Una historia del colegio Viera y Clavijo

La labor que el “Viera y Clavijo” realizó en Las Palmas de Gran Canaria en la primera mitad del pasado siglo XX no se lo agradecerá la sociedad canaria…NUNCA.

Y que yo sepa tampoco nunca se le ha hecho un acto público de reconocimiento, a sus fundadores, a sus ilustres profesores, a sus componentes ( Don José Francés, Don Prudencio, etc,) y al “Viera” como institución, que lo fue por la labor que realizó. De donde salieron ingente pléyade de cerebros preparados, que dirigieron la reconstrucción, el desarrollo y el auge de nuestra sociedad, nuestra ciudad, nuestra isla y nuestra Patria. Los años, antes, durante y después de la guerra fraticida, que enfrentó a las dos Españas, los mejores catedráticos de Institutos, profesiones liberales, etc, fueron expedientados y separados de sus puestos de trabajo y condenados casi a la indigencia. Don Pedro Cullen y Don Juan Melián directores, fundadores y propietarios del Colegio “Viera y Clavijo” le dieron cabida en el a catedráticos y profesionales de toda índole que expedientados no podían ejercer sus profesiones.

De ésta acogida que dio el “Viera” salimos beneficiados las generaciones que nos formamos en él y posteriormente la sociedad, la cultura y la ciudad, al incorporarse ésta juventud intelectualmente bien formada en esa institución liberal y progresista a la vida social, económica y política. Este “Viera” era anacrónico con la época en vivíamos, a pesar de que la mayoría de profesores eran de izquierdas (no necesariamente comunistas) estaban todos muy vigilados por el régimen y que yo recuerde ningún profesor nos habló nunca de política directamente, si acaso, de una forma subliminal y muy sutil, solo alguno dejaba caer algún comentario del régimen.

Al terminar el bachillerato en este bendito colegio marchamos unos a la universidad, otros a intentar trabajar (era muy difícil, pues había poco trabajo), muchos emigraron, eran años muy duros, que me hablen de “crisis” ahora….

Mi cultura, mi formación humana y todo lo que pude ser y hacer en mi vida se lo debo a ellos….a todos. desde los inspectores, profesores, Don Pedro, Don Juan…y una mención muy especial para Don Prudencio.

Don Prudencio era el alma del “Viera” del Puerto en la sección masculina, y centro……de nuestras “mataperrerías” que él soportaba con estoicismo, desde que tocaba la campana a las nueve menos cuarto. A pesar de todas las “inocentes cabronadas” que día a día le hacíamos o intentábamos hacerle, su expresión impertérrita no variaba, su cara larga, de palo estilo Harold Lloyd (se parecía mucho), sus gafas sobre la frente y el eterno lápiz, con el que revolvía el café con leche, sobre su oreja.



Nombraré algunos de los profesores más recordados, que me perdonen los que dejo en el tintero….

Don Pedro Cullen, el artífice de nuestra cultura literaria, en su clase de literatura nos leía o nos obligaba a leer pasajes de las más importantes obras de la literatura española y universal. Como su clase la teníamos a primera hora de la tarde, sobre las cuatro, muchos “sesteábamos” con el peligro que interrumpiese la lectura, para preguntarle, al que veía medio o del todo dormido algo sobre lo que estaba leyendo.

Don Ernesto Cantero, se paso los cinco últimos años del bachiller intentando enseñarnos latín, recuerdo su expresión favorita ”Mon Dieu de la France”. Éste chico es un “ ceporro” nos decia cuando nos equivocábamos en algo o no sabíamos traducir adecuadamente el misterioso ut final.

Don Agustín Martinón, nuestro bonachón profesor de Historia, a quién debo la afición y adoración que por ella siento (un día que le dije que quería estudiar historia, me dijo que no lo hiciera porque me moriría de hambre). Era un enamorado y ferviente admirador de Inglaterra, de su monarquía, de su “Carta Magna” y todo lo inglés. Cuando no habíamos preparado el tema del día bastaba hacerle una pregunta sobre Inglaterra y entusiasmado comenzaba su plática sobre su sistema político, su Imperio, etc, con lo cual se soslayaba la clase del día.

Don Guillermo Camacho y Pérez Galdós, fue nuestro profesor de literatura en un curso, era ameno y cariñoso, hacía concursos de redacción entre nosotros y el premio era un libro (en uno de ellos me gané “Tradiciones Peruanas”) con lo cual fomentaba la afición por la lectura. Un día caluroso, al salir al recreo (que hacíamos en la playa de Las Canteras) nos asombró a todos al verlo en la orilla, en bañador, se había quitado su “pata de palo”, que descansaba a su lado en la arena, mientras el se arrastraba hacia el mar para bañarse.

Don Ángel, no recuerdo su apellido, profesor de dibujo artístico, con su aspecto de artista del romanticismo (“un poco” desaliñado). Era un caballero, un bonachón del que abusamos un poco, en exceso. Nombrábamos a uno de la clase, uno de los gamberros (todos lo éramos..), de aquel curso lleno de amistad y camaradería, le decíamos “hoy te toca a ti”, tenía que llevar su dibujo a la mesa de Don Ángel y hacerle cualquier pregunta y que le corrigiera su dibujo, se ponía delante de Don Ángel mientras que uno a uno iba saliendo a la terraza a charlar o a fumar un cigarrillo, alguna vez se quedó solito con el “terrorista” de turno.

Doña Caridad Jorge, Carita, profesora de griego en dos cursos, en uno de ellos fue sustituida casi al final porque se quedó preñada, no recuerdo quién la sustituyó. Carita iba siempre de “punta en blanco” dispuesta siempre a desfilar en aquella “pasarela de moda” con un público entregado y respetuoso, que nunca la hizo objeto de bromas pesadas.

La señorita Padrón, no recuerdo su nombre de pila, siempre la llamábamos Srta. Padrón. Señorita seguramente porque se estimaba que era solterona y por descontado “virgen”, que me perdone. Magnífica profesora de Química en nuestro último curso de bachillerato. Un “hueso” superduro de roer. Había que aplicarse mucho para poder aprobar.

Don José Palomino, nos dio matemáticas los tres últimos años. El mayor de los huesos, pero magnífico profesor de su materia, con él aprendí a “amar” las matemáticas.

Faltan muchos más, a los que en el “más allá” les pido me perdonen si no les nombro, Todos, en mayor o menor medida, pusieron su granito de arena para formar a nuestra generación..¡¡Gracias!!

Entre las tantas y tantas anécdotas compartidas durante los siete años largos que duró nuestro bachillerato en el cual siempre fuimos “los mismos” muy pocos quedaron en el camino, por dejar de estudiar o por cambiar de colegio. Voy a recordar una anécdota de Don Joaquín Belón.

A Francisco Jiménez le llamábamos Paquito “el gago” por su tartamudez que él exageraba cuando lo sacaban a la pizarra y no se sabía el tema del día. Un día lo llamó Don Joaquín a la pizarra y le hizo una pregunta acerca de lo que estábamos tratando, Paquito, como siempre, empezó su traqueteante…que…que…que…así un rato, como no arrancaba Don Joaquín con su gran vozarrón que tenía interrumpe los ..que..que y le pregunta: a ver ¿Sr. Jiménez, es usted aficionado al fútbol? Paquito rápidamente le contesta ¡sí!,,¡sí! Don Joaquín, entonces ¿me puede usted decir quien ganó ayer en el partido de los eternos rivales? Paquito sin casi dejarle terminar la pregunta, raudo contesta ¡¡¡el Victoria, por uno a cero!!! Ahhh, ahora no gaguéa, pues por mentiroso le pongo yo un CERO ¡sientese!. Paquito se fue a su sitio, colorado y coreado por las carcajadas de sus compañeros.

Un día, al principio del quinto curso, nos reunió Don Prudencio y solemne, sabiendo como éramos, nos advirtió “Va a venir a impartirles la clase de química un profesor nuevo, es ingeniero y todo un caballero, deben respetarlo y obedecerlo”. Al rato, aparece el profesor “nuevo”, en bicicleta (había restricción de gasolina). La clase de física era a última hora de la tarde, después del recreo en la playa. El nuevo profe dejó su bicicleta aparcada contra la baranda del pasillo, al jardín, donde estaban los retretes del Cole. Entró en nuestra aula, era su primer día de clase y el hombre seguramente quiso impresionarnos desde el primer día (no sé si asesorado por Don Prudencio). Era joven, pedante y….GODO perdido, empezó amenazante, explicándonos como iba a ser el curso, lo que iba a exigir, etc, entonces para comenzar a explicar el primer tema se volvió para escribir en la pizarra y una lluvia de “cayaditos pequeños”, recogidos momentos antes en la playa, tableteó, como una ametralladora sobre la pizarra. Se volvió y con voz firme y un acento exageradamente “peninsular”, sentenció: MIENTRAZ NO ZEAN BALAZ…NO ME AZUZTAN. Se volvió dignamente para la pizarra coreado por otra ametralladora de .”cayaditos”. Cuando terminó la clase cogió su bicicleta que estaba apoyada frente al aula, en la baranda del jardín y …..tuvo que llevársela de la mano. Un “gamberrito”, que durante la clase había ido al baño, le desinfló las dos ruedas.

Juan Navarro Ramírez, otro de los componentes de nuestro curso, el día de la onomástica de Don Prudencio (como todos los años) le hacíamos un regalo todos los cursos. El nuestro, pagado a “escote”, era una camisa lisa y blanquita que colocamos sobre la mesa de Don Prudencio junto a los regalos de los demás. Pero Juan Navarro dijo que el no tenía “perras” y trajo una gallina que colocó con las patas amarradas entre nuestra camisa y los demás regalos, más camisas, calzoncillos, etc. La pobre gallina, que se adivinaba que había sido blanca cuando joven y que seguramente .estaba descompuesta del estómago (Navarro después aclaró que tenía “cagalera amarilla”) defecó sobre todos los regalos una sustancia rala de un color amarillo-verdoso, siendo la más afectada la inmaculada y preciosa camisa blanca que nuestro curso le había regalado, no dejando en ella ni un pequeño espacio para poder bordar en ella la -P- de Prudencio. Don Prudencio perdió la prudencia y si coge a Juanito Navarro lo mata. No cuento la “coña” que hubo el resto del curso con la gallina de Juanito.

En la esquina del Cole, frente al balneario, colgaba de la pared una campana de la que pendía una larga cuerda con la que Don Prudencio tañía la campana todos los días, cuatro veces, dos entradas y dos salidas. Hasta que sonaba la campana de entrada, pululábamos por los alrededores hasta oírla sonar. Un día el “quinto” que siempre estaba disperso por los alrededores se concentró en el jardín al lado de la “campana”, esperando que Don Prudencio viniese como siempre corriendo para que no se le pasara la hora. Como siempre a las nueve menos cuarto y un minuto llego Don Prudencio corriendo, agarró con fuerza la cuerda de la campana, hubo un momento de indecisión, pero tiró de ella con más fuerza de la habitual, la cara de asco de Don Prudencio era un poema, soltó la cuerda como si le quemara, se miró la mano pringada de una pasta rojiza, miró de nuevo la cuerda que se balanceaba ya lentamente y de la que pendían unas cáscaras de “chorizo de Teror” y adivinó que era el “pringue” de su mano. En vez de aplausos, su actuación fue coronada por unas sonoras carcajadas de los espectadores de “quinto” que recibieron como premio permanecer “retenidos” hasta la hora ”nona”. Todavía recuerdo con nostalgia la figura legendaria de Don Prudencio, el tañida sonoro y estridente de su campana, la algarabía que todos formábamos a la entrada, más fuerte aún a la salida.

El colegio Viera y Clavijo

Gracias “VIERA”, gracias para todos con mi recuerdo emocionado y cariñoso de la mejor época de mi vida.

El Viera y Clavijo, una institución privada pero pública por todo lo que influyó en la generación que formó, en la evolución y en el desarrollo de ésta nuestra hermosa y cosmopolita GRAN CIUDAD de Las Palmas de Gran Canaria.

La sociedad canaria y sus instituciones, como hicimos cuando pedimos la UNIVERSIDAD, todos juntos sin distinciones, debe reconocer públicamente, inmortalizándolo de alguna manera, a aquel colegio LIBERAL Y PROGRESISTA que vivió en condiciones adversas y educó a una generación que hizo posible con su aportación que tengamos hoy ésta hermosa Ciudad, ésta gran capital, que hoy disfrutamos, motivo de orgullo para unos y de ….envidia para otros.

Manuel Fabre

Primavera-2009

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Comentario

  1. Wilmer Rafael Hernández Díaz:

    junio 17, 2023

    Buenas noches. Qué grato me ha resultado encontrar algunos datos acerca de Viera y Clavijo. ¿Será que alguien me podrá ayudar a conocer si esa institución educativa guardaba relación alguna con el Colegio Viera y Clavijo, establecido en la ciudad de Maracay, estado Aragua, Venezuela? Recuerdo que allí estudie tres años de educación primaria, entre 1960 y 63.
    La directora era la profesora Margarita de Suárez. Altamente agradecido. Wilmer Rafael Hernández Díaz. Periodista y locutor venezolano.

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