“En el mar no hay pasado, presente o futuro, sólo paz”. Jacques Cousteau

Lunes: continuará la calima

El mecánico de Garnier

Venia de vuelta de Las Palmas a Barcelona a bordo de un avión reactor del modelo Caravelle, Aviones de fabricación francesa. Era la primera vez que me movía en avión. Siempre utilizaba el barco en mis desplazamientos a Canarias. Pero desde entonces es el medio que prefiero.

El Caravelle fue sinónimo de desarrollo; fue el avión que introdujo la propulsión a reacción en Iberia, y la colocó al alcance del ciudadano medio español. Con su incorporación los Convair Metropolitan quedaron para realizar las rutas nacionales. Ir en este tipo de avión después de los de hélices que tardaban ocho horas en cubrir Las Palmas Madrid, era toda una novedad. Al poco tiempo de la fecha de este vuelo, coincidió con la renovación de nuevos modelos y fabricantes.

Aquel día venía apoyado en el asiento a la vez que miraba por la ventanilla el paisaje que se me brindaba. Empezábamos a dejar el estrecho de Gibraltar y a divisar la línea de la costa al entrar en la Península. Desde la altura que navegábamos, me dije ¡fantástico!. Pensé en esos grandes pájaros que planean a gran altura siendo sus movimientos placidos el ritmo que inspira el compás de una música placentera.

De súbito me vino el recordar aquellos pioneros del vuelo, que con raros artilugios y mucha imaginación trataban de ganarle terreno a los pájaros. El caso es que me detuve en el año 1913. Era un año que los pilotos gustaban de ser reconocidos por sus hazañas y personalidad. Parece que existía una pugna por sumar horas de vuelos y cielos diferentes.

De esta forma llegó a Las Palmas procedente de Cádiz, en el barco Reina Victoria, un piloto Leoncio Garnier, afamado por volar en cielos canarios. Traía como parte de su equipaje un aeroplano del tipo Blériot Xl. En aquellos tiempos llevar un aeroplano como equipaje no dejaba de tener cierto empaque. Además supongo, que la noticia a tal efeméride prevista de ver un aeroplano de cerca y volar, ocuparía espacios en columnas de diarios y muchos comentarios populares.

En ese momento cuando más abstraído estaba pensando en este afanado piloto, una sonrisa alegro mi semblante. Sin querer, lentamente, yo estaba desenredando en mi cerebro un recuerdo familiar formidable.

Después que mi abuelo regresaba del trabajo y yo estaba por casa, aprovechaba muchas veces para preguntarle de los trabajos que tenían en el varadero. Era jefe de los varaderos Blandys. Se hacían trabajos de una gran diversidad. Igual se fundía una hélice para un barco con diámetro superior a dos metros, como un cigüeñal para una fragata. Incluso se fundieron sino recuerdo mal, las campanas para la iglesia de Galdar. Trabajo que fui testigo. Mi abuelo cuando había cosas de envergadura siempre me insistía que fuera a verlo. Yo estudiaba entonces en la Escuela de Formación Profesional de la calle Malteses nº 12, en Las Palmas, tenia entonces unos 14 años. Reconozco que mi abuelo era un profesional del momento.

Pues bien una de aquellas tardes me comento que tenía que hacer un timón nuevo para un barco de pasaje que había perdido parte del suyo en alta mar y tuvo que ser remolcado hasta el Puerto de La Luz (Gran Canaria).

Le salí al paso preguntándole ¿cómo se guiaría para hacerlo igual? No hay problema tenemos planos originales. Y hablando de timones llegamos hablar del timón de un aeroplano.

Fue aquí cuando me dijo: yo tambien he montado timones a estos aparatos, y sus hélices y revisado el motor y el montaje del fuselaje. Mi interés por saber más, me empujo a pedirle que me contara.

Sabes, me dijo, he trabajado en varias empresas por Sudamérica y Centroamérica, donde he cogido mucha experiencia.

Resulta que a Las Palmas, en el año 1913 vino un piloto francés con su aeroplano para hacer una demostración de vuelo el día 29 de abril.

A este piloto le acompañaba su mecánico para el montaje y revisiones que debía hacer al aeroplano. El día de la fiesta así que comienza el montaje de la máquina el mecánico al hacer la acción de apretar con una llave inglesa alguna tuerca, hizo un mal gesto y se disloco una de sus muñecas, de tal forma que el hombre se veía incapaz de seguir con el trabajo.

-¿Qué paso?- Pregunté.

-Según me entere más tarde, se suspendió la exhibición. Mientras buscaban a alguien para suplirle. Sobre el medio día del día 29. vinieron a verme unos señores y me contaron el problema. Me pidieron si yo era capaz de suplir al mecánico para poder llevar adelante el vuelo. Les conteste que me enseñaran el aeroplano y entonces decidiría. ¡Mira por donde me vi participando de lleno en aquella fiesta!

El vuelo se celebro el día siguiente ya que yo no podía ir tan ligero como el mecánico y tenía que comprobar muchas cosas junto con el piloto. Les ayude en todo lo que hizo falta.

La pista estaba por donde está la CICER y allí había un gentío tremendo. El aeroplano despego se elevo unos 300 metros, dio unas vueltas por la playa y aterrizo perfectamente.

Después marcharon a Tenerife. Encontraron supongo algunos mecánicos que ayudaron bajo la vigilancia del mecánico del piloto para seguir su camino.

Asi Juan que me convertí sin pensarlo en el mecánico del piloto francés. Se llama si aún vive, Garnier.

Juan Boza Chirino

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