“Surfear es bailar con las olas”. Gerry López

Una foto histórica: el aviador Leoncio Garnier con su avión “Bleriot” en el campo de tierra de Guanarteme

En el año de 1913, unos días antes de la efeméride del 29 de abril en que se conmemoraba en Las Palmas de Gran Canaria la incorporación de esta isla a la Corona de Castilla, hecho memorable acaecido en tal memorables fecha y mes del año 1483, llegó a esta ciudad y en el barco de la Transmediterránea “Reina Victoria” el aviador francés Leoncio Garnier con su joven esposa Sara Somach, que, pese a la oposición del marido, se estaba preparando para también ella obtener el título de piloto. Les acompañaba en la ocasión el mecánico español Agustín Mañero y en el mismo barco, convenientemente desmontado y embalado viajaba el aeroplano “Blériot XI” equipado con un motor “Anzani” de 25 c.v. de potencia.

El conjunto del motor, hélice y estructura de madera de fresno, bambú y tubos de acero revestida de tela engomada, se montó en una especie de improvisado aeródromo situado justamente entre el entonces existente torreón de la Cícer y las pesquerías y fábricas de salazones de El Rincón, poco más o menos por donde mucho más tarde se alzó el colegio público Fernando Guanarteme.

 

 

 

Un día más tarde de lo previsto, o sea el 30, Leoncio Garnier, sobre horas de después del mediodía efectuó su primer vuelo de pruebas en tierras y cielo canarios, elevándose el aeroplano de manera grácil y efectuando dos o tres amplias vueltas en circulo sobre la playa de Las Canteras, el improvisado campo de aviación cuya pista fue el trillado camino que recorría la incipiente barriada de Guanarteme y contorneando los extensos arenales que cerraban el entorno por el sur . Todo ello ante la expectación y asombro del numeroso público que coronaba las azoteas de las escasas casas terreras del barrio y las lometas de La Minilla.

A pesar de en determinado momento fracturarse una mano el mecánico Mañero, el aviador francés efectuó en aquellas fechas varios vuelos más sobre las tierras del norte de la isla, hasta que se despidió del admirado público palmense para continuar con sus exhibiciones aéreas en la isla de Tenerife.

Tal ha sido el motivo de que hace unos años se rotulase con el nombre de Garnier a la plazuela de la Cícer situada poco más o menos por donde maniobró por primera vez un avión en Canarias.

 

Texto: Carlos Platero

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