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Recuerdos y vivencias de la 3ª Travesía a nado Lanzarote-La Graciosa. 23/09/1995

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Ahí más allá, rebuscando en mi viejo baúl tratando de encontrar ya ni me acuerdo que cosa, encontré unas arrugadas cuartillas que tenían apuntes que había escrito hacía algún tiempo. Me picó la curiosidad, comencé a leerlos y olvidé del todo lo que había ido a buscar. Comoquiera que pasé un ratillo bueno y aprovechando la cercanía de la decimocuarta travesía de Lanzarote a La Graciosa, quisiera si a bien lo tienen, compartirlo con ustedes. Al mirar las fechas, me di cuenta que habían pasado algunos años, que más da cuantos pues los recuerdos y vivencias no tienen fecha de caducidad. He comprobado que una fría, insensible y amarillenta cuartilla puede ser portadora de un tesoro de añoranzas, risas y emociones. Me senté en mi asiento favorito, y me dispuse a leerlos. Bien, decían así:” III TRAVESÍA A NADO LANZAROTE- LA GRACIOSA. Serían aproximadamente las 12.30 horas del día 23.09.95 cuando la embarcación de Líneas Marítimas Romero, soltaba amarras de la Caleta del Sebo, en la 8ª Isla de las Canarias, La Graciosa, y partía hacia la Playa Bajo Risco en Lanzarote. Éramos unos setenta nadadores los que intentábamos cruzar a nado un brazo de mar entre las dos islas, conocido como el Río, siguiendo una idea original de Wiso. La mar en días anteriores había estado “ echada”- como decimos los playeros- pero yo creo por lo que nos pasó después, que lo que estaba era agazapada, que no es lo mismo. Como iba diciendo, el buque se dirigía airoso, cortando el agua rumbo a Lanzarote lleno de entusiastas y alegres deportistas. A unos doscientos metros de la orilla se detuvo y en un ordenado rebumbio nos lanzamos al agua para llegar a la playa en Lanzarote, desde donde partiríamos nadando hasta La Graciosa. Mientras estábamos en la orilla esperando la señal de salida, contemplábamos admirados el colorido espectáculo que nos ofrecían las embarcaciones de cobertura: la nave de los Romero buque insignia de la flotilla, zodiacs de socorrismo, barquillos de pescadores y de particulares, motos acuáticas como abejones marinos, yolas y el helicóptero como vigilante aéreo. A todas estas eran la una de la tarde, hora aconsejada de partir por cuestión de la corriente. Nos habían indicado que sería bueno que en el cambio de marea estuviésemos cerca de la boca del puerto para aprovechar el repunte, en el que la corriente se toma un respiro. De repente suena la señal de salida- un pitido del barco- y se lanzaron al agua todos los participantes menosiendo cinco que decidimos esperar a que se aclarara el barullo de la salida. El grupo nuestro de los cinco sumaba como mínimo 350 años; Julio Reyes, Paco Reyes Mario Viera, Felipe Baeza y el que esto cuenta Vicente García. Comenzamos a nadar y al principio las olas nos acogieron afectuosamente entre sus senos y parecía que nos arrullaban. Si hombre, que te crees tu eso. A medida que avanzábamos nos iban zangoloteando y tan pronto nos reviraban dejándonos mirando al cielo como nos daban la vuelta para ir viendo el cable submarino que va de Lanzarote a La Graciosa. A posteriori analizando la cuestión pensé ¿ será que no estamos valorando lo que nos ofrece esta travesía? ¿ quizás no estamos teniendo en cuenta la exultante y viva belleza que nos rodea?…las olas granditas y bravas con sus tonalidades verdes y azules, la espuma brillante y saltarina, la transparencia, limpia transparencia que nos permitía ver el fondo del Río y alguna que otra manta, elegante y silenciosa, navegando por debajo nuestro…que se yo…algo hicimos mal que nuestras queridas olas comenzaron a encochinarse y es más, creo que se pusieron de acuerdo con la corriente y con el viento que al fin y al cabo son parientes entre ellos mismos. Cuando alguna nube ocultaba al sol todo se ponía color gris tiburón. Al principio nos veíamos unos a otros pues íbamos nadando al resguardo de una lengua de tierra- Punta Wiso- pero cuando llegamos a Río abierto, mi amigo, eso fue otro cantar, más bien otro nadar diría yo, pues las olas se encrespaban cada vez más y no veíamos sino mar y cielo. ¡ Ay mi madre! ¿ quien me mandaría a meterme en estos manejos?.Estábamos controlados por el helicóptero, las embarcaciones, pero había una buena marejada y hay momentos en que te ves solo en medio de la mar océana y con complejo de naufrago. Nuestro grupo se dispersó. De vez en cuando de entre los mares vecinos salía una voz que gritaba: Vicente, ¿ que hora es?. Al cabo de algunos minutos la misma voz- de Julio Reyes- con igual pregunta y yo le contestaba después del buche de agua. Aclarado después el tema, quería saber la hora donde nos trincaría el cambio de la corriente. La última vez que le contesté se oyó la voz de Julio, más apagada y triste “ ya nos cogió el cambio de la corriente”. Todo esto sucedía a unos 200 metros de la boca del puerto y como no era cuestión de luchar contra aquella masa de agua decidimos tumbar hacia la Playa del Salado. Cuando ya nadábamos con cierta comodidad- es un decir- se nos acercó una lancha de cobertura y un socorrista, alongándose sobre la banda de estribor, va y me dice: “ oiga señor, tenemos que recogerle pues lleva mucho tiempo en el agua”. Yo miré a mi alrededor para buscar apoyo en mis colegas pero ellos, con gran espíritu de solidaridad y compañerismo, se habían dispersado y me dejaron solo ante la zodiac. Para mi gusto el socorrista llevaba un bichero en la mano dispuesto a sacarme del mar. Oye, le dije ¿ tu sabes el trabajo que me ha costado llegar hasta aquí? no esperé respuesta y seguí nadando con cierta energía para que vieran que aún me quedaban fuerzas. Por suerte me dejaron seguir, encontré un jacio y llegué a la orilla sin novedad. Cuando hice pié vi que mis solidarios compañeros también estaban en tierra firme. En fin, creo que ha sido una lección bien aprendida. Hay mucha naturaleza viva en este evento que se nos ofrece para disfrutarla, pero hay que respetarla y tener cuidado de no pasarnos para poder seguir gozando de ella. Por cierto las pequeñas yolas, al menos a mi, daban una gran sensación de seguridad, pues se acercaban hasta un par de metros y el tripulante con el dedo pulgar levantado- tipo romano- hacía la muda pregunta¿ va todo bien? y al ver igual respuesta se iban al vecino. Tardamos una hora y veinte más o menos. Más tarde comenté con mis colegas que yo había pasado un poco de” chirgo” al verme solo en aquellos mares, pero ellos de manera un poco arrogante me dijeron que habían dominado la situación en todo momento. Yo me sentí avergonzado hasta que observé un curioso detalle: no miraban de frente cuando me lo decían, así que no les llamé mentirosos por respeto a sus años. Como resumen yo diría que aunque contemos con una gran cobertura, el mar es siempre temiblemente imprevisible. Está quietito y echado, pero de buenas a primeras se encrespa y te puede dar un disgusto. Es aconsejable nadar en grupo y tener conciencia de que los mejores socorristas debemos ser nosotros mismos y no participar en travesías sin estar debidamente preparados” Fin del relato. Espero haberles entretenido un ratillo.

Vicente García Rodríguez

15 de Septiembre de 2006

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