“En el mar no hay pasado, presente o futuro, sólo paz”. Jacques Cousteau

Refresca la tarde, nubosa

En el faro de La Isleta con Nicolás Vega

Ser farero del faro de La Isleta es un privilegio. Subir a lo más alto de La Isleta solo está al alcance de un par de hombres pertenecientes al departamento de señales de la Autoridad Portuaria de Las Palmas de Gran Canaria.

El teldense Nicolás Vega es uno de ellos, varias veces al mes atraviesa la zona militar y el espacio protegido de La Isleta conduciendo entre volcanes para llegar al faro.

Allí solo, y con la ciudad a sus pies es consciente de su verdadera responsabilidad. El sabe que del buen funcionamiento de este faro dependen muchos barcos que recalan en el Puerto de Las Palmas, a pesar de los grandes avances técnicos en la ayuda a la navegación; capitanes, pescadores, pilotos, navegantes a vela y todos aquellos que se encuentren navegando respiran más tranquilos cuando ven las luces de los faros brillar en la oscuridad de una noche de temporal.

El faro de La Isleta es muy familiar para todos los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria ya que su frecuencia lumínica nos acompaña cada noche y es visible desde muchos puntos de la ciudad y de la isla.

El faro tiene un alcance de 25 millas náuticas (aproximadamente 45 kilómetros) y es punto de referencia para todas las embarcaciones que arriban a la isla entre el Noroeste y el Noreste.

“Es una gozada venir al faro, ves la ciudad a tus pies, por un lado y la inmensidad del mar por otro, solo oyendo el susurro de las gaviotas y rumor de los grandes lagartos corretear entre las rocas” comenta Nicolás mientras inspecciona y limpia con gran esmero la gran lámpara en la torreta del faro.

Junto al farero de la Autoridad Portuaria recorremos las habitaciones interiores del faro, una autentica casa, antaño ocupadas constantemente por el farero y su familia. Actualmente con la automatización ya nos es necesario la permanencia del farero bajo la luz del faro. A pesar de su abandono humano en el interior del inmueble todavía se respira ese ambiente familiar, marinero y de soledad que los fareros y sus familias vivieron durante muchísimos años en muchos puntos alejados y solitarios del Archipiélago Canario.

www.miplayadelascanteras.com

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