Parque de Santa Catalina (Reseña histórica)

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Es el más cosmopolita de los de la ciudad, el “Catalina Park” por el que preguntaban hasta hace no muchos años y con interés los extranjeros nada más poner pié en la isla por el Puerto de La Luz. Y que lo sigue centrando en los isleños, en los habitantes de la ciudad puesto que los mejores festejos populares multitudinarios arrancan de el o por el necesariamente pasan cuales la Cabalgata de Reyes que anualmente organiza la veterana Casa de Galicia de Las Palmas, la del Carnaval multicolor y musical y en el se organizan fastuosos espectáculos musicales, infantiles, etc.

Entre mis muchas notas de curioso impenitente conservo unas referentes a los orígenes y desarrollo de este entrañable rincón y escaparate ciudadano y que transcribo a continuación tal como los tomé de informaciones a viva voz o de algún artículo periodístico hace ya bastantes años.

Lo que es hoy el Parque fue antiguamente un depósito de agua hasta que por tener sus alrededores de alguna forma ajardinados y al compás y del auge que iba tomando la zona fue convirtiéndose en un rincón selecto de expansión para solaz y recreo, sobre todo de los niños. El nombre le vino dado, como a todo el sector, por el recuerdo de la primitiva ermita dedicada a Santa Catalina que por tres ‘veces se reedificó sobre ruinas anteriores, posiblemente por donde ahora están las instalaciones comerciales de el Corte Inglés y la iglesia de Santa María del Pino. La cuarta reedificación ya se hizo donde ahora se encuentra incluida en las instalaciones varias de el Pueblo Canario, en plena Ciudad Jardín.

A finales del siglo XIX y principios del XX los alrededores del parque de Santa Catalina con el muelle homónimo enfrente fueron el marco de estación de transito o terminal de las primeras unidades móviles que circulaban más o menos regularmente desde la ciudad al puerto y viceversa trasladando a los viajeros, pasajeros de los distintos barcos. Y era el eje del movimiento comercial ya que en los alrededores se habían levantado las grandes edificaciones e instalaciones de las primeras casas consignatarias, carboneras y de otros servicios de la activa zona portuaria.

En consecuencia el recién creado parque más portuario que municipal se constituyó en el lugar propio de sedante o relax de los trabajadores en horas de comida o descanso laboral, y que por las noches se animaba el ambiente con la presencia de rondallas insulares y bandas de música, donde no faltó en alguna ocasión el concierto de las agrupaciones extranjeras procedentes de los buques escuela que recalasen en la bahía. Algunas personas de las más mayores recordaban aún con nostalgia un extraordinario recital de música de la banda de los caballeros cadetes del Plata en una visita que nos hiciera la dotación marinera del navío “La Argentina”.

El crecimiento de la población y la modernización subsiguiente que iba adquiriendo la ciudad liberó al Parque del famoso cordón de las gruesas cadenas de hierro que lo circundaron durante mucho tiempo, autorizando la Junta de Obras del Puerto, de la que dependía el recinto la instalación de los primeros kioscos que luego le dieron carácter propio. Fueron de los primeros solicitantes Cayetano Álvarez, Francisco Padrón y Estanislao Baute que se dedicaron casi en exclusiva a la venta de cigarrillos, caramelos, chocolatinas y llamativas postales de la isla. Posteriormente, ya en la etapa del Ingeniero Picó al frente de la Junta, se amplió el número de kioscos con otros servicios complementarios cuales una pastelería y bares con autorización de instalar veladores y sillas en sus inmediaciones, efectuándose al mismo tiempo mejoras de la jardinería, la instalación en uno de sus .extremos de la Casa de Turismo inaugurada en 1945 y de un concurrido campo de mini-golf. En los kioscos de Santa Catalina ya se encontraban además de todo en tabacos y golosinas, los más variados artículos de la artesanía local y nacional, marroquinería, etc.

Por los años cincuenta poco más o menos, la Junta de Obras del Puerto cedió su dominio del Parque de Santa Catalina al patrimonio estatal que, a su vez, dos años más tarde lo transfirió al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria presidido entonces por Ramírez Bethencourt. Los comerciantes que se habían ido estableciendo en sus inmediaciones costearon el nuevo alumbrado y el Ayuntamiento acometió la tarea de unos servicios higiénicos al público y el pavimentado y reorganización del ajardinado. Desde entonces, en este emblemático parque se han sucedido cambios |importantes, se le ha dotado de diversas estatuas y monumentos, se ha peatonizado el sector, etc., pero eso ya es historia actuál, que se esta viviendo día a día.

Carlos Platero

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Comentario

  1. Eduardo Hernández:

    febrero 23, 2023

    Parece ser que el solar dinde hoy se situa el parque pertenecía a la familia Apolinario que en agradecimiento a la familia Miller por facilitarles carbón para el hoy hospital de San José les cede ese espacio que los Miller utilizan para plantar algunas especies que traen en algunos casos de las colonias

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