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Barranco de Ballena (Reseña histórica)

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PLAZA BARRANCO DE LA BALLENA

Realmente, más que plaza, esta vía urbana situada por la barriada de Guanarteme es el cauce del tramo final del Barranco así denominado que desemboca por una especie de túnel o alcantarilla en uno de los extremos, el de poniente, de la dilatada Playa de Las Canteras. El barranco de la Ballena no ha sido nunca de mucho recorrido aunque sí sumamente sinuoso. Arranca en la zona de la actual Urbanización de la Feria, en una hondonada que ya ha desaparecido con las recientes obras de la autovía de circunvalación de la ciudad, que se conoció antaño como “Los estanques de barro”, por donde confluían la calle de Don Pedro Infinito de Schamann y la Avenida de Escaleritas, junto al depósito de aguas para el servicio público que aún existe en lo alto de la “Loma del Polvo”. Y hago a propósito tan detallada descripción, porque ya se está olvidando su primera configuración y hay quien supone que era un enlace con Cueva Torres y Las Rehoyas Altas, cuando con una separación de menos de cien metros, formaron dos vertientes completamente opuestas. Bajaba el barranco bordeando lo que fue el Cortijo de Escaleritas, origen de la actual barriada, pasaba por un extremo del adyacente montículo de La Minilla y ya en la Barriada de Guanarteme se deslizaba casi en línea recta hasta desaguar en el extremo occidental de la Playa de Las Canteras. En 1840, al Barranco de la Ballena, en un mapa topográfico se le llamaba “Barranco de Borrás”. En el plano de Francisco Coello con textos de Pascual Madoz, grabado en Madrid en 1849, aparecen, en el sector correspondiente, el Barranco de San Lorenzo, es decir, de Guanarteme, el Barranco de Borrás, luego de La Ballena y el Barranco de La Gamboesilla, luego conocido como de Las Alcaravaneras y más tarde de Las Escaleritas. Al respecto, hace años un jovial anciano de la barriada de Guanarteme me contó cosas del Barranco de La Ballena y del fielato o caseta de consumos que hubo en el pasado entre los municipios de San Lorenzo y Las Palmas por aquella zona, concretamente en la esquina de la calle de Fernando Guanarteme con la calle Gravina. También que al barranco le llamaban desde hace mucho tiempo “de la ballena”, porque cuando los funcionarios de consumos detenían a quienes procediendo del municipio limítrofe eran revisados antes de entrar en el de Las Palmas por el único camino posible que era la carretera de Tamaraceite en su último tramo, la Carretera de Chile, que seguía por lo que hoy es la arteria principal de la barriada la calle de Fernando Guanarteme y entroncaba con el ya trazado Paseo de Chil, los avispados viajeros que portaban alguna cuarterola de ron de caña o de vino y otros productos del campo, gritaban: “¡Una ballena, una ballena!” por lo que los funcionarios, al igual que cualquier otra persona que estuviese por los alrededores, corrían al cercano litoral. Lo que aprovechaban aquellos modestos contra-bandistas para pasar su mercancía impunemente, sin pagar impuesto alguno. Para mí era gracioso el lance, pero poco probable. Lo cierto, según la prensa de la época fue que a finales del verano de 1855 apareció “en la playa del Arrecife” un cachalote, con varios arpones clavados en su enorme cuerpo grasiento, el primero que se veía por la zona, según los viejos del lugar.

La caseta del fielato estuvo en donde ahora se alza el hotel Astoria, poco más o menos y que dista más de medio kilómetro del cauce del indicado barranco que corría hacia el mar, más hacia el oeste. Si pude, siguiendo las indicaciones de aquel amable informante, reconocer y recorrer en parte el cauce ya en su último tramo, disimulado entre calles, casas antiguas y paredones, pero no desaparecido, desde la Plaza de América en donde y no por casualidad, haciendo esquina con la calle de El Salvador hay un modesto bar que se llama precisamente “El Puente”, en recuerdo del pequeño, de piedra, cal y barro y de un solo ojo que allí mismo hubo sobre el cauce. También de allí arranca una especie de corralón o antigua “ciudadela” de casas en la margen izquierda del barranco, que hasta hace poco figuraba en los planos callejeros de la ciudad con el topónimo de Barranco de la Ballena y que actualmente, por lo que yo he observado, a pesar de estar numeradas las humildes viviendas, no tienen nombre que las rotule. El Barranco de La Ballena continua hasta desembocar en la playa de Las Canteras por medio de un puentecito o especie de pequeño viaducto o túnel de cemento armado.

Carlos Platero

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